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OPINIÓN - DOMINGO, 23 DE JUNIO DE 2013

 
OPINIÓN / CARTAS AL DIRECTOR

La amenaza del terror islamista se instala en Ceuta y Melilla

Por J.M. Zuloaga


El terrorismo islamista es, sin duda, uno de los grandes peligros de futuro para la sociedad occidental, a la que pretende someter con el fin de imponer un «Califato Mundial», gobernado por la «sharía», la interpretación más radical del islamismo. A fuerza de repetir esta afirmación, algunos, a los que no les gusta oirla, quieren hacer creer que tiene más de teoría que de realidad. Son, y algunos ejemplos recientes hemos tenido en nuestro país, los abonados al «buenismo», «alianzas de civilizaciones», reparto indiscriminado de documentos de identidad y otras decisiones, sin duda bien intencionadas, pero que los fanáticos interpretan siempre como debilidad del enemigo.

Ceuta y Melilla, nuestras queridas ciudades autónomas, son dos enclaves importantes para el islamismo radical, cuya presencia en sendos barrios, el de El Príncipe y el de La Cañada, respectivamente, es muy relevante. Los ocho detenidos de Ceuta, españoles de origen marroquí, con documentación en regla como ciudadanos de nuestro país, vivían en la barriada del Príncipe, donde se dedicaban, unos a captar a futuros «yihadistas» y, los otros, a ser captados. En este caso, frente a otras operaciones, se ha producido un salto cualitativo: tenían armas y municiones.

Los abonados a no creer en la amenaza islamista tienen hoy una respuesta clara, que no admite discusión y que sitúa el problema en su exacta dimensión. Las soluciones antes citadas han demostrado su ineficacia y los gobernantes occidentales, según se ha puesto de manifiesto en las últimas reuniones, están convencidos de que el freno a esta amenaza sólo puede venir por la aplicación de las leyes tras la acción de las Fuerzas de Seguridad. Y, por supuesto, con la transmisión del mensaje de que el que quiera vivir en paises democráticos como España tiene que aceptar nuestras reglas del juego y abandonar toda tentación de imponer fundamentalismos que, incluso cuando surgieron, hace siglos, eran implícitamente malos. Ceuta y Melilla, como territorios para huir del régimen marroquí, que también les combate; como paso previo a Europa, siempre con siniestras intenciones; o como lugar de asentamieto para acabar, como pide el jefe de Al Qaeda, con la usurpación de los «cruzados» (cristianos), son enclaves que interesan al terrorismo islamista, tanto desde un punto de vista táctico como estratégico.

Ayer fue un buen día, pero la lucha continúa. Los atentados del 11-M en Madrid, los que se habían producido con anterioridad o o se cometieron con posterioridad, en otras partes del mundo, son muestras de hasta dónde son capaces de llegar los islamistas. Desde los «lobos solitarios», que actúan de acuerdo a unas pautas, a las células más estructuradas, constituyen el gran peligro de futuro de una guerra subversiva que Occidente no puede perder.
 

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