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OPINIÓN - VIERNES, 5 DE JULIO DE 2013

 
OPINIÓN / EL 7' DE MICHIGAN

Las piedras también votan

Por Fidel Raso


Durante la primera semana del mes de diciembre de 2011 Ceuta vivió con preocupación la sucesión de varios hechos graves que crearon una auténtica alarma social entre los ciudadanos. En la madrugada del viernes al sábado día 3, cerca de trescientos vecinos de Parques de Ceuta tuvieron que abandonar apresuradamente sus viviendas por un incendio intencionado en sus garajes. Allí quedaban calcinados tres vehículos, uno de ellos el de un agente de la UDYCO y otro, seriamente afectado, de un agente de la Guardia Civil. Dos días después miembros del Cuerpo Nacional de Policía eran recibidos a pedradas en la barriada del Príncipe cuando se encontraban tratando de identificar a los causantes de una agresión anterior. Los alborotadores respondían a la policía con gritos de “Alá es grande” mientras sometían a pedradas a los agentes. Al día siguiente ardía una furgoneta en Huerta Téllez. Un día después, se vivía el asesinato de la joven Laura Gutierrez, estudiante de Enfermería. También 24 horas después, otro incendio provocado en el garaje del Edificio Galera destruía un coche, una moto y una bicicleta de un joven. Horas más tarde, dos coches ardían en Huerta Téllez y, cerrando la semana, la policía se desplegaba en el Príncipe nuevamente para llevarse un vehículo que, según los propios agentes, había tratado de atropellar a uno de ellos unas horas antes.

La respuesta política a tales hechos fue variopinta. Por un lado el presidente Vivas se limitaba a transmitir el consabido mensaje de “confianza” en el Estado de Derecho y las Fuerzas de Seguridad del Estado, mientras que la oposición, que lideraba Caballas, hacía llegar su mensaje por boca de Mohamed Alí, que no era otro que el de la petición de “reforzar” la tipificación del ‘delito del odio’ en el Código Penal. Justo es señalar que de todos los hechos descritos anteriormente, el diputado ceutí y portavoz de la coalición democrática se circunscribía principalmente a las actuaciones policiales en el Príncipe. De todo ello escribí una opinión que titulé ‘Dilapidar la democracia’, y que ustedes pueden ver representada en imagen junto a estas líneas.

Todo aquello desembocó, entre otras cosas, en que un grupo de vecinos del Príncipe se reunieran en una asamblea “abierta” que “moderaba” el presidente de la misma y simpatizante del PP, Abdelkamil Mohamed (Kamal). Allí, en el Zoco Chico, además de amenazar a los periodistas de esta casa decidieron que el delegado del Gobierno debía “abrir una investigación” por la actuación policial y anunciaron que si no, habría movilizaciones. Kamal, el de la pegatina del PP en elecciones, reconoció que le “intimidaba” la actuación de la policía.

Varios meses después, y sin haber entrado en el Congreso de los Diputados lo de “reforzar la tipificación del delito del odio” y sin atender a la intimidacion que le causa la policía a determinadas personas que llevan la pegatina del PP, volvió a pasar algo parecido. Un día de julio del año pasado, la comisaría de Los Rosales recibía el aviso de que en la calle Claudio Vázquez había una reyerta “con agresiones y corte de tráfico”. Varias Unidades de la Policía Nacional se desplazaron al lugar de los hechos y una vez allí los agentes intentaron calmar los ánimos. Lejos de conseguirlo, los policías fueron insultados e increpados, procediéndose a la detención de uno de ellos, “lo que recrudeció la hostilidad de los presentes, quienes intentaron evitar la detención del individuo” según informó la propia Jefatura de Policía el día posterior.

Así, no es de extrañar que los hechos se reproduzcan en cuanto se den las condiciones para ello,aunque sea algo tan simple como un robo. A mí me robaron la cámara de fotos cuando realizaba mi trabajo de periodista en la barriada de Príncipe Felipe. A los ladrones les seguí hasta que unos testigos empezaron a cortarme el paso tirándome piedras.

Lo que pasó el martes en la playa del Tarajal, con un grupo de personas que arrojó piedras a la policía durante la detención de un presunto delincuente, es más de lo mismo. Es producto de una dejación política alarmante en materia de seguridad que se proyecta a lo largo del tiempo. Una seguridad en manos de políticos incompetentes obsesionados con el voto, políticos incompetentes que también pegan demasiadas palmadas en la espalda a quienes les insultan mediáticamente, temerosos quizás de que les insulten más. Unos políticos incapaces de meterse la seguridad del Estado en la cabeza, quizás obsesionados por meterse en el bolsillo otras cosas. Sus discursos, no piensen mal.
 

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