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OPINIÓN - SÁBADO, 13 DE JULIO DE 2013

 

OPINIÓN / EL OASIS

Anécdotas de un jueves
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Los jueves no son, precisamente, días en los que yo muestre el menor deseo de darme mi vuelta por el centro de la ciudad y hasta tomarme mis copichuelas, como diría cualquier pijo dispuesto a no pasar inadvertido en los tiempos que corren. Tiempos duros. De una dureza capaz de agriar el carácter de personas que siempre se distinguieron por ser afables, atentas, simpáticas…

Anteayer, en cambio, me vi precisado a romper mi norma y allá que aproveché la ocasión, una vez más, para pasear por las calles céntricas de una Ceuta que a mí me sigue teniendo sorbida la sesera. Lo cual no deja de ser una señal evidente, tras más de treinta años residiéndola, de que elegí bien el sitio en el cual vivir, porque me dio la gana y sin que en la apuesta hubiera de por medio intereses superiores a los que tenía más que asegurados en otros sitios de la Península.

Viene a cuento el asunto, debido a que fue tema de conversación con alguien que me aprecia y a quien llevo tratando la friolera de tres décadas. Eso sí, ese alguien al cual me refiero sigue sin comprender que uno que está ganando muy buenos dineros, en un momento determinado, acepte ganar nada y menos por quedarse a vivir en una ciudad en la que todo se infla, todo termina por hincharse hasta extremos insospechados. Hipertrofia, sin duda, que exige gran vitalidad para seguirle el paso.

Me despedí de Alfonso Conejo, a quien llevaba la tira de tiempo sin verle, así que ya mereció la pena salir a la calle en jueves. Un AC a quien el ser abuelo lo tiene convencido de que es uno de los mejores pasajes de la existencia de cuantos tienen la suerte de vivirlo.

Poco después, al revolver de la esquina, me topé con Alberto Gallardo. El cual me dio las gracias por la columna que le dediqué a la cena benéfica, celebrada el viernes pasado, en el Club de Tenis de Ceuta, para una obra magnífica. La que hará posible que los enfermos de Alzheimer tengan un lugar para pasar el día.

Llegado el momento de tomar el aperitivo, encaminé mis pasos hacia ‘El Mentidero’, donde siempre me espera el saludo afectuoso de Jesús Álvarez. Y además coincidí con Moisés Wahnon. Quien, más conocido por el sobrenombre de Mochi, me dijo, tras preguntarle yo, que está muy agradecido a la plantilla de trabajadores que tiene a su cargo en la empresa de la basura. Mochi, que es poco dado a hacer manifestaciones de este tipo, se mostró encantado de expresarse así.

Nada más comenzar la tarde me dirigí al Hotel Parador La Muralla, establecimiento que nunca se me cae de la boca, para bien, y hube de ausentarme, tras una espera más que paciente, porque el comedor era un desastre. El comedor de verano estaba tan mal servido como desgana exhibían quienes habían sido designados para atenderlo. Conviene, pues, cuanto antes que Alberto G. San Sebastián Vázquez, director, tome las medidas oportunas. Y es que donde caben los halagos también deben caber los reproches.

Decidí cruzar la plaza de África y me adentré en el Hotel Tryp. En el cual estaba José Francisco Ríos Claro. Quien no se cortó lo más mínimo en decirme que sigue siendo un lector empedernido de este periódico. Y, por tanto, de quien escribe. Sería, pues, absurdo omitirlo.

Al final, cuando parte del jueves había transcurrido más que bien, a punto estuve de mandar a un Fulano donde el viento da la vuelta. Por ser maleducado y desagradecido. Tiempo habrá de bendecirlo.
 

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