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OPINIÓN - DOMINGO, 4 DE AGOSTO DE 2013

 

OPINIÓN / EL ESQUINAZO

Tormenta de verano
 


Jesús Carretero
opinion
@elpueblodeceuta.com
 

Con mucho aparato, pero con poco más al final de la comparecencia del presidente del Gobierno, en esta ocasión, en el edificio del Senado.

Todo empezó con mucho “aparato eléctrico” y terminó mejor que había empezado para el propio Rajoy que supo “templar”, “mandar” y “ejecutar la suerte suprema con maestría”. Y he utilizado los términos taurinos porque creo que es lo que mejor iba a esta circunstancia en la que su oponente principal, Rubalcaba, hizo una “faena de aliño” y casi se encuentra con que le mandan el burel, de nuevo, a los corrales.

El momento central de todo el debate y ahí es donde ganó Rajoy la partida y el prestigio, estuvo en el hecho de que, por primera vez, en todos los años que llevamos de democracia, un presidente del Gobierno tuvo la dignidad de reconocer que se había equivocado, al haber confiado en ese “tunante” que es Bárcenas.

Y tras esta postura del presidente del Gobierno, la situación se le había complicado tanto a Rubalcaba que no le quedaba otro camino más que seguir la estela del propio Bárcenas y tomar las declaraciones de ese tunante como la vía a seguir.

Se equivocó de ruta Rubalcaba, eso que nadie lo dude. La sesión, a ratos, fue tensa, como no podía haberse desarrollado de otra forma, pero aportó mucha claridad con un dibujo magistral del papel del presidente del Gobierno y del líder de la oposición, en la escena política de nuestros días.

Y el dibujo más claro que se mostró en el Senado, a todos los que lo quisieron ver, es que la oposición, hoy por hoy, carece de líder que arrastre a los descontentos de las actuaciones del Gobierno.

La situación es como es, y ni en los momentos más bajos del PP, con este asunto o con otros, el PSOE no ha sido capaz de superar su bajo papel y su poco tirón, desde hace muchos meses ya.

Porque, en circunstancias complicadas, y esta podía serlo, que Rubalcaba tenga como meta presentar una moción de censura, sabiendo que no puede prosperar, nos da idea de la incapacidad manifiesta que tiene el veterano político, al que fuera de acusar por acusar, o mentir descaradamente, no se le ocurre nada que sea más positivo.

Y puede que con esos argumentos, en otras circunstancias, le hubiera ido bien, o muy bien a Rubalcaba, cuya biografía ha demostrado que es un experto en los miles y miles de mecanismos que se pueden dar del fraude y de la corrupción, desde hace muchos años.

Cuando frente a esas actitudes aparece quien, a cuerpo limpio, sin requiebros de ningún tipo, dice:”Cometí el error de creer a un falso inocente”, ya con esa sola frase deja desarmado al adversario que tiene que recurrir a maniobras que no debemos aceptar si queremos hacer uso del juego limpio.

A partir de aquí, borrón y cuenta nueva, Bárcenas, es de suponer, seguirá en la cárcel, Rubalcaba tendrá que poner orden en su partido, que buenos problemas tiene y el Gobierno tendrá que gobernar, primero para salir de la recesión y luego para seguir corrigiendo lo mucho que falta por hacer.

Con todo, y esto debe quedar muy claro, el presidente del Gobierno, según él mismo dijo:”He aceptado comparecer para evitar que los despropósitos sigan creciendo”.

A partir de aquí, volvería a decir Rajoy:”El juez determinará lo que proceda sobre cada una de las insinuaciones”.

Un primero de agosto, no era la fecha más idónea para este tipo de comparecencias, pero si ha servido para algo, mejor que mejor.

Y en lo único que no estoy de acuerdo con Rajoy es en la defensa que hace de los políticos, cuando todos sabemos, él también, que estos representan “la peste” que corrompe, en nuestros días, a la sociedad.
 

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