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OPINIÓN - DOMINGO, 4 DE AGOSTO DE 2013

 
OPINIÓN

Miscelánea semanal

Por Manuel de la Torre


LUNES 29.

Javier Arenas dijo no ha mucho que Luis Bárcenas era su amigo y que éste había prestado grandes servicios al Partido Popular. A medida que el ex tesorero fue largando y poniendo en un brete a los principales dirigentes del partido, mediante acusaciones de cobrar sobresueldos, quien fuera secretario general de los populares principió a dar marcha atrás. Hasta el punto de acabar maldiciendo el momento en el cual María Dolores de Cospedal provocó la ira del alpinista onubense. Javier Arenas, andaluz que va de simpático por la vida y que es conocido por su campechanía calculada y por sus abrazos chillados, ha sido citado como testigo en el ‘caso Bárcenas por el juez Ruz. De Javier Arenas suelo yo recordar una escena correspondiente al día en el cual Juan Vivas, tras un voto de censura, fuel investido alcalde de esta ciudad. Aquel día, en la Cafetería Real, siendo testigos Francisco Antonio González, Francisco Olivencia y Enrique Gímenez-Reyna, secretario de Estado, Arenas puso en duda que Juan Vivas tuviera cualidades suficientes para gobernar esta ciudad. Y se quedó tan pancho. Pasado los años, uno principia a creer que el actual vicesecretario general de los populares podía llevar razón.

Martes. 30

Un miembro de la familia de Serafín Becerra me dice que a ver cuándo el gobierno decide rotular una calle con el nombre de éste. Y me pide que lo escriba. Y mi respuesta es la siguiente: a mí me parece que nuestro alcalde no cederá jamás a esa petición. Y mucho menos si quien hace de intermediario soy yo. Aun así, ningún inconveniente tengo yo en propalar tu deseo. En cuanto a si Serafín Becerra merece ese reconocimiento, no tengo la menor duda. De modo que ni siquiera hace falta recordar sus méritos. Que fueron muchos. Cierto es, como tú dices, que otras personas obtuvieron esa distinción con menos hechos destacables a favor de la ciudad; pero, a tu edad, deberías saber que no todos somos iguales a la hora de recibir consideraciones. Los galardones, casi nunca recaen en los mejores, sino en quienes han tenido actitudes lacayunas hacia los gobernantes. En una palabra: en los que, incluso sin necesidad, decidieron ponerse, incondicionalmente, a las órdenes del monterilla de turno.

Miércoles. 31

Se me presenta la oportunidad de conversar con Felipe Escane. Y a fe que la aprovecho. Tras unos minutos de tanteo, acerca de la finitud a la cual estamos todos abocados, ya que durante la semana se nos han ido dos amigos, pasamos a hablar de fútbol. Deporte que a ambos nos chifla. Y, claro, nos adentramos por vericuetos tácticos, técnicos y estratégicos que suelen pasar inadvertidos para los aficionados. Pero más que contarles a ustedes esas cuestiones futbolísticas de las que nos pasamos un rato largo repasándolas, lo que deseo es reconocer, una vez más, el buen talante con que se muestra quien fuera presidente de la Asociación Deportiva Ceuta. FE, como dirigente principal del primer equipo de la ciudad que fue, recibió pocas críticas gratificantes por mi parte sobre algunas actuaciones, lo cual no le impide, cada vez que nos hallamos en cualquier sitio, atender mis saludos y ponerse a pegar la hebra conmigo. Un amigo mío, a quien hace ya mucho tiempo que no veo, diría que FE sabe maneras.

Jueves. 1

Me entero de que Pepe Silleros ha fallecido. Y allá que acudo presto a su velatorio. Y me encuentro con su hijo Quique y con compañeros de Caja Madrid, donde tantos años prestó sus servicios. Y les cuento que a Pepe lo conocí yo nada más llegar a Ceuta, verano de 1982, cuando él era un fan de la Agrupación Deportiva Ceuta y me miraba como si yo fuera un cualquiera en cuestiones futbolísticas. Hasta que se convenció de que estaba ante un entrenador que conocía el oficio. A partir de ahí nuestras relaciones fueron mejorando y acabó en una amistad sincera. Anécdotas hay que avalan lo que digo. Una de ellas sucedió en el Murube en un partido frente al Sevilla Atlético. Ganaban los locales por un tanto a cero en el descanso. Y Pepe, siempre tan apasionado, me preguntó que podía ocurrir en la segunda parte, y le dije que los sevillanos podían conseguir cinco o más goles. El filial sevillista terminó ganando por cinco a uno. Y yo me gané la enemistad de Goicoechea: entrenador de la ADC. Pepe era un vitalista que tardó cierto tiempo en darse cuenta de que practicar deporte es un bien incuestionable. La última vez que nos vimos, cerca de su domicilio, me percaté de que estaba perdiendo la costumbre de vivir. Echaré de menos sus charlas conmigo. Y, desde luego, le tendré siempre en la libreta de la memoria donde están inscritos mis amigos.

Viernes. 2

Alberto San Sebastián, director del Hotel Parador La Muralla. está a punto ya de cumplir seis meses de estancia en esta ciudad. Pues, si la memoria no me falla, creo que arribó a principios de marzo. Alberto llegó a su destino con enormes deseos de agradar y sobre todo confiado en que sus muchos conocimientos profesionales, y su entusiasmo, harían posible que el establecimiento hostelero principiara a subsanar los problemas que venía arrastrando y que se fueron agravando con la crisis económica. Ayer, jueves, nos vimos por casualidad y lo primero que se nos ocurrió es charlar de manera distendida acerca de varios asuntos. Y volvió a demostrarme que sigue teniendo las ideas muy claras en relación con la labor que le fue encomendada. Como siempre que hemos tenido la oportunidad de pegar la hebra, Alberto y yo hemos echado también la vista hacia atrás para recordar cosas de su pueblo: Ponferrada. Donde siempre que estuve me lo pasé más que bien.

Sábado. 3

Raúl Del Pozo llegó a Madrid en los sesenta a luchar en el reporterismo y las esquinas. Él venía de Cuenca a los madriles y yo lo hacía de la capital de España a la tierra de un periodista del cual ya se decía que era capricho de muchas mujeres, a jugar al fútbol cada dos semanas. Un día, en la Cafetería Bar Recoletos, me lo presentó Luis Elices Cuevas, antes de que Emilio Romero lo enviara de corresponsal a Londres, Buenos Aires, Moscú y por ahí. Cuando regresó a España, su columnismo fue tachado de tener más imágenes que ideas, así que me llevó al huerto. Ayer tuve la oportunidad de ver a Raúl del Pozo en el programa ‘Te vas a enterar’, de Cuatro, y vino a decir que Bárcenas no ha dicho su última palabra sobre Rajoy y demás gentes del PP. Lo que más me agradó de tan extraordinario reportero, como él quiere ser reconocido, es su forma de hablar, en cuanto las circunstancias se lo exigen: ya que tanto su escritura como su charla está molturada de noches, argots, ninfas, fuegos, póquer, flamenco, calles, toreros, putas, chaperos, chulerías madrileña, gracia en bruto, whisky, madrugada y caló, como bien lo describiera Francisco Umbral en su Diccionario de Literatura. De modo que, en un momento determinado de la entrevista, dijo: “A mí Bárcenas me la suda”. Y de María Dolores de Cospedal no tuvo el menor empacho en propalar que le habían contado que no era más torpe porque era imposible serlo más. Con otras palabras… En fin, que es lo mismo que en 2009 yo manifesté acerca de la secretaria general de los populares.
 

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