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OPINIÓN - DOMINGO, 25 DE AGOSTO DE 2013

 

OPINIÓN / EL OASIS

Rajoy no es rencoroso
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Hace un año, por estas fechas, escribía yo lo que sigue. Yo tenía un amigo, que pasó por la escuela como un rayo, cuyas numerosas lecturas le habían dado un importante bagaje intelectual. Hablando con él uno se percataba muy pronto de cómo estaba nutrido de saberes. Y además contaba con un don muy especial: divisaba a un tonto a una distancia que era imposible que no lo hiciera mediante el olfato.

Mi amigo era cinéfilo: de modo que frecuentaba todos los cines de Madrid y se sabía de memoria los títulos de un sinfín de películas; sus argumentos y los nombres de actores y actrices. De haber conocido a Carlos Boyero, en su tiempo, no tengo la menor duda de que habrían polemizado hasta la saciedad. De la misma manera que lo hacía, en cuanto se le presentaba la ocasión, con Luis Aragonés. Pues mi amigo era del ‘Atleti’ de toda la vida y le gustaba acusar a Luis de ser más madridista que Santiago Bernabéu. Y Luis soportaba sus pullas con resignación; cosa rara en él, puesto que Aragonés había ganado fama de no permitir que se le posara ni siquiera una mosca en el hombro.

Mi amigo era feo. Pero lo llevaba a gala. Quizá porque su historial mujeriego era tan extenso y tan bien celebrado por las féminas, que tuvieron a bien acogerlo en su seno, que causaba admiración y respeto entre quienes lo conocían. Muy dados, por cierto, a murmurar continuamente acerca de qué habilidades serían las que hacía posible que mi amigo disfrutara de semejante fama entre damas de distinta naturaleza y condición.

De mi amigo se contaba una anécdota ocurrida en una fiesta pagada por Ava Gadner, en la cual formaba parte del cuadro flamenco contratado por la diva –ya que era palmero consagrado, amén de cantiñearse y darse la vueltecita con mucho arte-. Resulta que la Gadner se dirigió a él llamándole feo. Y mi amigo le contestó así:

-Mira, Ava, en vista de la desilusión que me ha proporcionado tu comportamiento, esta noche, me veo obligado a decirte lo siguiente: Verás, he pensado que tú, Marlon Brando, Sofía Loren, Frank Sinatra y otras estrellas, producís al día aproximadamente un cuarto de kilo de heces fecales, un litro de bilis, otro de jugo gástrico, litro y medio de orina, medio de sudor y unos centímetros cúbicos de esputos. Y repito, dado que estoy desilusionado por tu falta de educación, te voy a mandar allá donde el viento da la vuelta. Porque yo, por más que el espejo, al afeitarme, cada mañana, me retrate tal y como soy, no permito que nadie me diga que soy feo. El resto de la respuesta mejor no contarlo.

He sacado a colación esta historia, porque me han dicho que Mariano Rajoy anda que se sube por las paredes tras haberse enterado de que a un ministro suyo, estando muy a gustito en una noche marbellí, se le ocurrió decir en una reunión que el presidente es más feo que Picio. Los políticos vapuleados son como los boxeadores golpeados: el doble de peligroso. El ministro puede darse ya por… jodido.

Pues bien, cuando se ha cumplido exactamente un año de aquella metedura de pata de Luis de Guindos, ministro de Economía, Rajoy ha demostrado que es capaz de retorcerle el cuello al rencor: sentimiento de hostilidad contra una persona, de menos intensidad que el odio, motivado por alguna ofensa, humillación o daño recibido de ella o por su causa. De no ser así, De Guindos llevaría ya muchos meses fuera del Gobierno de España.
 

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