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OPINIÓN - MARTES, 30 DE SEPTIEMBRE DE 2014

 

OPINIÓN / LAS NOTAS DEL QUIM

La consulta
 


Quim Sarriá
opinion
@elpueblodeceuta.com
 

Buenos días, Ceuta.

Fin de semana pasado por agua, con una monumental descarga que ha inundado en parte mi garaje al reventar una cañería que corría por el techo del mismo.

Hablemos ahora del ‘problema’ catalán, que no lo es, con los papeles en la mano y pensando fríamente en el contexto de la convocatoria.

Como he repetido cientos de veces, se trata de una consulta democrática para saber la opinión de la gente catalana sobre si quiere que Catalunya sea un Estado y en caso de ser afirmativo, si se quiere la independencia. Ojo a esto: “Sí se quiere”, no significa que se solicite la independencia. Estando condicionada esta segunda pregunta a la primera, porque en caso de decidir no, sobra.

El Decreto 129/2014, de 27 de septiembre, firmado el sábado por Artur Mas, explicita muy claramente que es una convocatoria de la consulta popular NO REFRENDARIA sobre el futuro político de Catalunya.

Además, el estatuto de Autonomía catalán, legalmente vigente a todas luces, establece en su artículo 122 que el Gobierno catalán tiene atribuida la competencia exclusiva en materia de consultas populares, apoyado por el artículo 29 de la misma norma estatutaria que dispone el derecho subjetivo de los ciudadanos de Catalunya a participar en asuntos públicos.

En consecuencia los catalanes pueden ser consultados en una convocatoria en todo el territorio de Catalunya cuando tiene especial relevancia para el país y la Generalitat, el Gobierno catalán, tiene la potestad de ejercer esa iniciativa formal ante las instituciones del Estado, tal como se indican en los artículos 87 y 166 de la Constitución y el artículo 61 del Estatuto.

Por tanto, el objeto de la consulta es conocer la opinión de las personas llamadas a participar sobre el futuro político de Catalunya, con la finalidad de que la Generalitat pueda ejercer con pleno conocimiento de causa la iniciativa legal, política e institucional que le corresponda.

Esto quiere decir que en un futuro, cercano o lejano, se pueda intentar la independencia y ello confiere que se trata de otro concepto muy diferente y al que pueden responder adecuadamente las instituciones estatales. No ahora.

Decir otra cosa respecto a esto es faltar rotundamente a la verdad, es dorar la zanahoria para que los lerdos sigan insistiendo en un referéndum inexistente por la independencia.

Yo soy caballa, ceutí de nacimiento y con raíces más que profundas, catalán de adopción y demócrata empedernido. No estoy a favor de ninguna segregación, pero sí estoy a favor de que la gente opine libremente y lo mejor para opinar es expresarlo en votos, cosa tangible porque hablando las palabras vuelan.

Estoy realmente desilusionado con la actuación del PSOE, del PP lo estoy siempre, con esas manifestaciones políticamente irracionales. Los imaginaba más inteligentes y creí también que con el cambio en la dirección estatal del partido socialista se abría un nuevo marco en la democracia. Craso error por mi parte, al pintarme tan iluso creyendo en ellos.

Resulta que es un partido más o menos conservador y totalitario, como el PP, y su líder ha caído, para mí, en una desgraciada cuesta abajo.

El auténtico miedo que tienen los del PP y del PSOE, al tratar por todos los medios de impedir esa consulta, no es la intención independentista de los catalanes, es la que dispongan de una herramienta política a la que no se le podrá negar derechos generales en los aspectos económicos, educacionales, políticos y sociales por la singularidad de la región.

Ceuta tiene una condición coherente con su singularidad ¿no?, ¿por qué no podría tenerla Catalunya? Este es el verdadero quid de la cuestión. No es realmente el temor a la independencia porque se sabe que esta resultaría tremendamente difícil, pero no imposible.

En cuanto a la manifestación del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, de que tienen que decidir TODOS LOS ESPAÑOLES, proclamo rotundamente no estar de acuerdo.

En mi casa, para cualquier cosa concerniente, decide mi familia y de ninguna manera voy a permitir que se metan mis vecinos.

En fin, la vida sigue y yo también aunque meditando sobre la verdadera transición democrática.
 

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