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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 2 DE OCTUBRE DE 2013

 

OPINIÓN / EL OASIS

Barómetro municipal
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Nuestro alcalde no está pasando por su mejor momento. Aunque que sus palmeros se empeñen en decir a través de las ondas que lo ven rebosante de entusiasmo y dispuesto a comerse el mundo. Nuestro alcalde está viviendo el peor momento de su carrera política. A nuestro alcalde se le nota en las mejillas, que las tiene descolgadas, que es consciente de que su declive se está produciendo con más celeridad de la que esperaban sus partidarios acérrimos.

El problema de nuestra primera autoridad no es achacable a los muchos años que lleva ostentando el cargo. Puesto que doce años dirigiendo los destinos de esta ciudad no son nada cuando ha venido compitiendo con adversarios desprovistos de medios suficientes para ponerle al borde de la ladera conducente a la sima del desencanto.

Juan Vivas se ha dormido en los laureles. Y, sobre todo, ha cometido un disparate uniéndose a quienes no debía para combatir a enemigos inexistentes. Molinos de viento. Dando la impresión de querer ser más temido que respetado. Craso error el suyo.

Su error más grande fue, en su momento, echarse en brazos de Juan Luis Aróstegui. Someterse confiadamente y sin reservas a su arbitrio. Al arbitrio de quien manda en la coalición Caballas. Semejante desatino de nuestro alcalde, una insensatez que no venía a cuento, tuvo en este espacio su respuesta. Pero nuestra primera autoridad se hizo el sueco.

¿A son de qué Vivas necesitaba aliarse con alguien que, además de estar muy mal visto como político en esta tierra, es capaz de gritar a voz en cuello que entre los populares abundan los fachas? Y si no que le pregunten a Francisco Márquez qué piensa acerca de que su compañero de partido, y alcalde de esta ciudad, se lleve a partir un piñón con Aróstegui: nacido y criado entre requetés.

La alianza de nuestro alcalde con un carlista embozado, que es peor que serlo a cara descubierta, ha sido un fiasco absoluto. Un yerro mayúsculo. Un fracaso estrepitoso. Una metedura de pata que ha empezado a causarle daño al gobierno y al Partido Popular de Ceuta. Como no podía ser de otra manera. Máxime cuando es de dominio público, desde hace la tira de tiempo, que nuestro alcalde y el requeté se reúnen un día a la semana para decidir lo que conviene hacer. Algo que ha causado malestar indefinido en la ciudad y, desde luego, en la derecha.

Así, mucho ha tardado que se nos diga, por medio de un barómetro de opinión pública para la ciudad de Ceuta, que el PP está al borde de perder su mayoría. Que ganan enteros los socialistas, UPyD y hasta los Verdes tienen posibilidades de obtener un escaño. Incluso nos indica la encuesta el posible hundimiento de Caballas.

El hundimiento de Caballas, si se produjera, no dejaría de ser un castigo que se ha ganado a pulso Mohamed Alí. Quien, teniéndolo todo, no dudó en ponerse a disposición de un sindicalista que necesitaba a toda costa un acta de concejal para convertirse en socio de nuestro alcalde. Y no crean que esa sociedad se hizo en su día con fines altruista. No. Se hizo a fin de gobernar Ceuta por medio de un tándem dispuesto a hacer de su capa un sayo.

El compuesto por dos personas que están convencidas de que son las más listas del lugar. Las que más saben. Las más inteligentes. Dos tipos que llevan años y años fingiendo enemistad a los cuatro vientos. Y que en la intimidad se dicen cosas agradables y acuerdan pactos que a ambos les interesa. Ay, si uno pudiera…
 

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