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OPINIÓN - JUEVES, 10 DE OCTUBRE DE 2013

 
OPINIÓN / ANALISIS

Vivas se niega a reconocer
“descontrol” en el ‘Caso Urbaser’

Por Alejandro S.


No hay peor entendedor que quien no quiere escuchar o, peor ciego que quien no quiere ver. O en este caso de Urbaser, quien como Juan Vivas se hace el tonto. Así hay que entenderlo cuando en su comparecencia de prensa y a preguntas de los periodistas sobre las conclusiones de la coalición Caballas acerca de la Comisión de Investigación parlamentaria, ni reconoció negligencias ni asumió mala gestión de su Ejecutivo y, mucho menos, dijo estar dispuesto a “flagelarse”.

Es evidente que la mortificación aunque sea política, no va con nuestro Presidente de la Ciudad y, mucho menos, asume comportamientos incorrectos ni conductas que provoquen rechazo o indignación pública. El desfase de al menos 4,8 millones de más abonados a Urbaser y reconocidos por los técnicos, no parecen ser para él nada más que una menudencia o algo anecdótico o en sus propias palabras, “un asunto administrativo”. ¡Menuda burocracia millonaria, presidente!

Juan Vivas ha negado ante los periodistas que hubiera “descontrol” o “incapacidad” para gestionar bien el contrato de Urbaser, en un ejercicio de abstracción mental mezclado con amnesia, pese a que se ha venido hablando (y demostrando), enriquecimiento injusto de la adjudicataria del servicio de limpieza viaria, de un contrato a la medida de la misma y contrario a los intereses generales, que se amortizaba aceleradamente la maquinaria sin que la gestión pública se hubiera percatado de ello, (el Ayuntamiento pagó durante 10 años maquinaria en buen uso cuando desde hacía tiempo no estaba en buen estado), pese a que salta a la vista la negligencia en la fiscalización del contrato y pese a que la Fiscalía ha visto un presunto ilícito penal que motivó que diera traslado al Juzgado nº 5 de este asunto que para Juan Vivas es “administrativo” y obvia que se encuentra en sede judicial por vía penal.

No hay peor ciego que quien no quiere ver. O como decía Ramón de Campoamor, “todo es según el color del cristal con que se mira”. En este caso, los cristales de la percepción de Juan Vivas son de una opacidad equivalente a la gestión desarrollada, cuya tolerancia y laxitud para con Urbaser, ha sido descomunal.

Niega la mayor y, encima, descarta el calificativo de “escándalo político” en este asunto que para él es de simple carácter administrativo, cuando terminológicamente, un escándalo encaja perfectamente en este caso por tratarse de “acusaciones de proceder incorrecto” que provoca rechazo e indignación pública. En la concepción de “escándalo” se alude a cualquier “situación o comentario por su amoralidad o inconveniencia”. En el tema Urbaser, ni Vivas ni los suyos, pueden estar satisfechos de los desmanes causados, de que hayan al menos 4,8 millones de euros por ahí “bailando”, como si el dinero público fuera un juego de cromos.

Vivas no reconoce responsabilidades y, aún más, señala que se les pide de manera injustificada. ¿Cabe mayor desfachatez para tanto descaro? Y encima, manifiesta que “se ha pagado lo previsto en el contrato, ni un euro de más del precio auditado externamente”. ¿No quedamos que en el informe del técnico contable, que él calificó de brillante, se apuntaba todo lo contrario, con un desfase importante? ¿No reconoció un segundo informe el desfase de 4,8 millones de euros? ¿No se está hablando de enriquecimiento injusto de Urbaser y no se habla de reclamarle en el Juzgado el exceso?

En un galimatías perverso, este episodio parece sacado de un diálogo de los Hermanos Marx: “Ni sí ni no, sino todo lo contrario.” Una dinámica del absurdo que suena más a tomadura de pelo descarada que a una verdadera conciencia de sentimiento exculpatorio.

Vivas habla de que “se han hecho reuniones periódicas y habituales de seguimiento del cumplimiento de las obligaciones de la empresa”. A la vista de lo visto, en esas reuniones se hablaría de fútbol y de cualquier cosa menos de fiscalizar a la empresa adjudicataria, por las consecuencias tan lamentables y negativas para el erario público. Y acerca de la sobreamortización de la maquinaria, Vivas declara que “sigue habiendo distintos criterios técnicos y no se debe a la falta de control gubernativo”. Entonces, ¿qué pensaba reclamar, como dijo, en el Juzgado a Urbaser? Si hablamos de “criterios técnicos” no hay nada que reclamar y si el asunto es “técnico” no es económico, ¿de dónde salen esos 4,8 millones de euros de desfase?

O esto es un diálogo de besugos o aquí hay alguien que tiene una cara de hormigón y una mente tan perversa y calenturienta que nos quiere hacer tontos. Y el más idiota de todos habrá de ser el fiscal que ha enviado al Juzgado el “caso Urbaser”.¡Qué torpeza, señor Vivas, por una simple cuestión “administrativa” el tiempo que están perdiendo policías, investigadores y el propio juez!

El “caso Urbaser”, desde la perspectiva Vivas, parece una “serpiente de verano” o el sueño calenturiento de cualquiera que haya sufrido una pesadilla pasajera. Lo peor es que la pesadilla, puede convertirse en un sobresalto o seguir mandando a más de uno a su casa “por razones familiares”.

El caso Urbaser huele muy mal: a cinismo, a hipocresía, a indiferencia, a mentira. Se quiere convertir en una gran farsa la negligencia y el descontrol en la gestión política. De película…
 

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