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OPINIÓN - LUNES, 11 DE NOVIEMBRE DE 2013

 
OPINIÓN

La limitación de mandatos

Por Luis María Anson


Estuvo redactado el artículo preciso en la Constitución de 1978. Decía así: «Una misma persona no puede ser presidente del Gobierno o de una Comunidad Autónoma más de ocho años». Se completaba de esta forma lo dispuesto para el gobernador del Banco de España, para el presidente del Tribunal de Cuentas, para el presidente del Tribunal Constitucional...

Adolfo Suárez montó en cólera. No quería que se limitaran sus mandatos. Estábamos en 1977 y él pensaba ser presidente del Gobierno de Su Majestad al menos hasta el año 2010. Así es que se desmoronó aquel artículo que nos hubiera evitado el crepúsculo de Felipe González, la longevidad en el poder de Pujol o Fraga, el desbocamiento de la corrupción que se enlaza casi inevitablemente con un Gobierno excesivamente prolongado.

Roosevelt ganó su cuarta elección en noviembre de 1944. A muchos estadounidenses les pareció que se bordeaba ya la dictadura. El presidente falleció el 12 de abril de 1945 y los constitucionalistas de Estados Unidos enmendaron la Carta Magna para fijar un máximo de dos periodos de cuatro años en la presidencia de la nación. Charles De Gaulle limitó su megalomanía a dos mandatos de siete años, que él no cumplió pero Miterrand, sí. Los constitucionalistas franceses, con muy buen sentido, redujeron a diez los catorce años de la ambición gaullista. En todo caso, desde la limitación presidencial en Estados Unidos la inmensa mayoría de las Constituciones establecieron fórmulas precisas para que nadie pudiera eternizarse en el poder. En España, por obra y gracia de Adolfo Suárez, ni la presidencia del Gobierno ni la de las Comunidades Autónomas tiene límites.

Recuerdo ahora el día en que acudí al Palacio de la Moncloa para hacer una extensa entrevista a José María Aznar. Presidía yo La Razón, el diario por mí fundado, y mi propósito, aparte de otras muchas cuestiones, consistía en extraer del presidente el compromiso público de que no permanecería en Moncloa más de ocho años. Lo conseguí. Sin demasiado esfuerzo. Aznar tenía conciencia clara del daño que sufrió González en sus dos últimos mandatos, sobre todo en el cuarto.

Ahora, José Antonio Monago ha anunciado que someterá al Parlamento extremeño un proyecto de ley para limitar a ocho años los mandatos en la presidencia de la Junta. «Es necesario renovar -ha dicho-. La época de la política como un medio de vida pertenece al pasado».

Bien por Monago. En la reforma constitucional que el sector más equilibrado de la opinión pública exige cada día con más fuerza, habrá que incluir la limitación de mandatos para la presidencia del Gobierno y de las Comunidades Autónomas. Y aunque la simpática, la encantadora Soraya Sáenz de Santamaría no encuentra razones para la reforma constitucional, al Título VIII, que trata de las Comunidades Autónomas, hay que darle la vuelta de arriba abajo. Y lo que es más importante: las nuevas generaciones quieren contribuir a la construcción del sistema en el que viven. Se han divorciado del actual. El régimen está agotado. El 70% por cierto de la juventud permanece indiferente ante él; el 30% está indignado; el 100%, asqueado. Lo he reiterado muchas veces: la reforma constitucional es imprescindible. O la hacemos ordenadamente desde dentro del sistema o nos la harán revolucionariamente desde fuera.
 

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