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OPINIÓN - DOMINGO, 17 DE NOVIEMBRE DE 2013

 

OPINIÓN / EL OASIS

Pobres de solemnidad
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

A nadie se le escapa que los españoles estamos viviendo un tiempo especialmente difícil por mor de los obstáculos que nos está generando una crisis económica que no cesa y que sigue golpeando duramente a la clase media. Estrato social sometido a sacrificios tan grandes cuyos resultados están a la vista: cada día se van produciendo más bajas entre sus militantes a la par que va aumentando el número de pobres de solemnidad. Axioma.

Los pobres de solemnidad son tantos que las calles de muchas ciudades españolas están ya atiborradas de pedigüeños. Sin contar los que siendo vergonzantes son hasta capaces de irse muriendo de hambre en un rincón si no hay un alma caritativa que acuda en auxilio de ellos.

Lo que nos recuerda, cambiando lo que haya que cambiar, a aquellos hidalgos de los que nos hablan los libros que describen la vida en tiempos comprendidos entre la baja Edad Media y principios de la Moderna. De lectura imprescindible para que sepamos que España ha tenido siempre tres problemas: escasez de dinero, mala administración y ningún reconocimiento de cuando se está produciendo un período de nuestra decadencia.

Nuestra decadencia, en estos momentos, es tan palmaria como sangrante. Y para corroborarlo no hace falta más que ver las imágenes que nos ofrecen las televisiones sobre lo que está sucediendo en Madrid: la basura se acumula en sus calles y la capital del reino es ya lo más parecido a un muladar.

Debido a una huelga de empleados de la basura que se niegan a ser despedidos. Porque saben, más que bien, que en pocos meses muchos de ellos podrían formar parte de esa legión de pedigüeños a los que la alcaldesa de la Villa y Corte quiere desterrar de la vía pública. Con el fin de que los visitantes no saquen conclusiones nefastas acerca del comportamiento de unos políticos que están dando el cante en todos los aspectos.

Los políticos son unos privilegiados. El privilegio: “¡Ya está ahí la odiosa palabra, contra la que se alzaron los hombres de la Revolución francesa! La palabra que separa, que divide, que hace distingos entre hombre y hombre”. Pues mientras unos desean trabajar en lo que sea para sacar adelante a los suyos, otros se lo llevan calentito interviniendo en negociaciones cuyo destino es desembocar en desencuentros siempre contrarios a los intereses de los currelantes.

Desencuentros que, a estas alturas de la vida, todos conocemos sobradamente: se trata de que hay políticos que ponen la mano a ver cuánto les cae por parte de la empresa que ha ganado la concesión de lo que sea, y la empresa, a su vez, tiene ya en mente recuperar los dineros perdidos por la mordida acordada.

La mejor manera es anunciar en el momento oportuno medidas restrictivas contra los trabajadores. A fin de que éstos se revuelvan iracundos ante lo que no deja de ser una injusticia. Y, tras la falta de entendimiento entre partes, que ya había sido dada por hecho, surge la suspensión de la tarea para que autoridades y empresarios puedan, mediante presión, seguir beneficiándose de un desaguisado del que eran conscientes en toda regla.

La huelga de la basura en Madrid, a punto de ser desconvocada, ha ocurrido ya muchas veces y seguirá ocurriendo en diferentes sitios. Con los mismos resultados de siempre. Esperamos, por nuestro bien, que aquí no se produzca semejante desatino. Es lo que nos faltaba para completar el cúmulo de despropósitos habidos ya.
 

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