PortadaCorreoForoChatMultimediaServiciosBuscarCeuta



PORTADA DE HOY

Actualidad
Política
Sucesos
Economia
Sociedad
Cultura
Melilla

Opinión
Archivo
  

 

 

OPINIÓN - LUNES, 16 DE DICIEMBRE DE 2013

 

OPINIÓN / LA ZARPA

De zorros y escorpiones
 


DICIEMBRE Basurco Díaz
opinion
@elpueblodeceuta.com
 

Sería coherente que violadores múltiples vigilasen una cárcel de mujeres? ¿tendría sentido que la directiva del Real Madrid se encargase de la política de fichajes del Barcelona? ¿alguien en su sano juicio pondría al zorro a cuidar de las gallinas? Dando por sentado que la respuesta a estas tres preguntas será, por lo común, un ‘no’ rotundo, diré que bajo el mismo razonamiento es absolutamente contraproducente y perjudicial que un partido como el PP sea el encargado de velar por los intereses de los ciudadanos de un país. ¿Por qué? Enseguida lo explico.

El Partido Popular es, en el terreno económico, un partido de corte liberal. Se enorgullecen de ello y no pierden ocasión de proclamarlo a los cuatro vientos. ¿En qué consiste el liberalismo económico? En el dogma jamás demostrado de que la gestión privada es mejor que la pública. Los liberales consideran que el papel del Estado debe ser mínimo, cediendo todo el terreno posible a los mercados y las empresas privadas. Es decir, los liberales persiguen privatizar lo máximo posible porque piensan que de esa forma la economía crecerá y que el propio mecanismo del mercado autorregulado solucionará problemas como el paro o la pobreza. A mí me parece muy bien que haya gente que comparta esta visión, pero si partimos de la base de que el papel del Gobierno es, precisamente, gestionar los recursos públicos del Estado, ¿tiene sentido poner al frente de dicha gestión a aquellos que no tienen problemas en admitir su enemistad y desconfianza hacia lo público? Es absurdo y afirmaciones como las del señor Montoro no dejan lugar a dudas. “El PP volverá a ganar las elecciones porque los mercados no son gilipollas” ha dicho nuestro ministro de Hacienda. Su polémica frase deja claro quien manda y a quien sirven. No disimulan. Los narcos ya se visten de narcos.

Cuando aquellos que defienden a capa y espada la gestión privada llegan al poder siempre ocurre lo mismo: destrozan los servicios que se supone que deben hacer funcionar y achacan el consecuente mal funcionamiento a “la poca eficiencia de lo público”. Son buitres que revientan lo que es de todos para, posteriormente, venderlo a precio de risa a sus amigos. Lo más curioso es que hasta ven sus acciones recompensadas, como en el caso de la Comunidad Valenciana y su televisión autonómica. El Partido Popular ha usado Canal nou como un órgano de propaganda, lo ha sumido en la ruina, ha provocado su cierre y, en lugar de pagar políticamente su ineptitud, vemos como su ideología privatizadora sale reforzada entre la multitud: ahora lo malo son las televisiones públicas y no los chupópteros que las pervierten. Lo malo, al parecer, no es que pongamos lo público, lo de todos, en manos de sus enemigos (nuestros enemigos), sino lo público en sí.

Este “mundo al revés” normalizado produce aberraciones como que un ex mandamás de un banco sea nuestro ministro de Eduación, que la cartera de Economía esté bajo la dirección de un “tiburón” de Lehman Brothers o que sea un antiguo consejero de una empresa privada de armamento quien ocupe el primer sillón del Ministerio de Defensa. No defienden los intereses de los ciudadanos, sino los de las empresas a las que se deben y que salen beneficiadas con cada “externalización” producida en el sector público. Lo dicho, zorros cuidando del gallinero.

Su afán por privatizarlo todo no tiene límites. Tras la Educación, la Sanidad o las pensiones, ahora le ha tocado a nuestra seguridad. La nueva ley de seguridad privada parece que va a permitir una ampliación de las competencias de los vigilantes de seguridad, los “seguratas” de toda la vida. Tanto el Sindicato Unificado de Policía (SUP), como la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) se han pronunciado en contra, argumentando que esta medida busca contrarrestar los efectos de los recortes en las Fuerzas de Seguridad empoderando a la empresa privada, es decir, privatizando la seguridad. Los ceutíes deberíamos sentir vergüenza de que haya sido nuestro diputado, el señor Francisco Márquez, el encargado de defender en comisión parlamentaria este nuevo ataque a los derechos y libertades de los españoles. Tampoco sorprende. Francisco Antonio González, nuestro actual -y autoritario- Delegado del Gobierno, ocupaba un escaño el día que todo el Partido Popular votó por unanimidad a favor de apoyar a EEUU en la masacre de Irak. Hoy es Márquez quien continúa dando validez desde el Congreso a las políticas de los mil hijos de Fraga. Hacen lo que les ordena su partido. No son inútiles, sino todo lo contrario: hacen lo que tienen que hacer a la perfección. Es la sociedad en la que creen. Como en el cuento de la rana y el escorpión, “está en su naturaleza”.
 

Imprimir noticia 

Volver
 

 

Portada | Mapa del web | Redacción | Publicidad | Contacto