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OPINIÓN - SÁBADO, 28 DE DICIEMBRE DE 2013

 

OPINIÓN / EL OASIS

Año horrible
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Durante el año 2013, horrible donde los haya, hemos leído, oído y comprobado cómo millones de ciudadanos se han ido empobreciendo a pasos agigantados. En esta etapa, dramática para innumerables familias que están sufriendo el paro de algunos de sus miembros, cuando no de todos, son los padres quienes tratan de evitar el hambre de los suyos aportando sus escasos recursos económicos.

Los mismos padres que no cesan de aconsejar a sus hijos que guarden la calma. Que no se metan en líos. Que no se gana nada con airear en la calle la tremenda desazón que tienen, la angustia que los agobia y que les impide conciliar el sueño.

Consejos que a nuestros gobernantes les vienen, sin duda alguna, la mar de bien. Y, claro, tardan nada y menos en mostrar su generosidad con los mayores, durante estas fiestas, tan dadas a la lágrima fácil, a la ternura desbocada y a la emoción incontrolada, invitándolos a cenar en justa correspondencia a sus desvelos y, sobre todo, al mantenimiento del orden social.

En algunos pueblos, según sé de buena tinta, el gobierno ha tirado la casa por la ventana: en uno de ellos, nada más y nada menos que fueron agasajados, con una cena de aquí te espero, setecientos progenitores. Merecedores todos de tal invitación navideña, por supuesto que sí; pero nunca a cambio de que el alcalde de turno aprovechara la ocasión para comerles el coco. Para alentar a los mayores a que sigan siendo ejemplos de convivencia en momentos de austeridad generalizada.

Una mentira como una catedral. Aquí la austeridad, impuesta a golpe de ordeno y mando, solamente la padecen los de siempre: el pueblo llano. Mientras la clase política sigue disfrutando de una vida similar a la que llevaban muchos marqueses de antaño. Que ya es llevar una vida buena…

Alcalde hubo, hace días, que aprovechó la cena de los mayores para pedir ya el voto de las próximas elecciones. Con la astucia que le caracteriza. Poniendo en el empeño cara de pastorcito de Belén y discurseando de modo y manera que su tan acreditado buenismo recorriera el amplio comedor del hotel de turno. Vaya manera de trajinarse a los mayores. ¡Qué habilidad!

Entretanto, nada importa que los parados sean incontables. Que la corrupción siga creciendo sin cesar. Hasta el punto de que la gente está convencida de que es así porque quienes pueden no quieren erradicarla. Y que en muchos hogares el llanto del hambre siga siendo un sollozo constante y lánguido que deja desvastado a quien lo oiga.

Eso sí, los políticos intentan evitar a todo trance que la gente salga a la calle a clamar contra el destino que ellos, entregados al poder de las finanzas, han creado. Un destino miserable donde los haya y merecedor de que la gente se rebele, que nada tiene que ver con la revolución. Se impone, pues, reclamar la libertad que los ciudadanos vamos perdiendo a pasos agigantados. Y no caer en la trampa que los políticos nos tienden. Propicia, sobre todo, para que las personas mayores accedan a ella como las ranas sometidas a baños de agua templada. Donde hallan el sopor y lo irremediable.

Y, menos mal, que todavía no han comenzado a sermonearnos con ese conformismo de párroco añejo, tan indicado en estas fechas: sufrir en este mundo nos viene bien para ser felices en el de más allá. Aunque no descarto que, más pronto que tarde, haya algún alcalde que aleccione así a los mayores. Si no lo ha hecho ya.
 

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