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OPINIÓN - MARTES, 7 DE ENERO DE 2014

 

OPINIÓN / EL OASIS

Preferido por las mujeres
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Hay una señora, con la que a veces coincido en cualquiera de los bares situados en la calle Jáudenes, tomando el aperitivo, que se declara lectora de este espacio y, por tanto, tiene todo el derecho del mundo a decirme lo que le repatea de mis escritos, mientras yo le presto tanta atención como agradecimiento por no dejar de leerme, aunque me confiese sin tapujos lo que le desagrada profundamente de mis pareceres. Lo cual no deja de ser un ejercicio de voluntad digno de encomio. Que no me cansaré de atribuirle.

La señora a la que aludo, y cuyo nombre no diré, alega cada vez más ponerse de los nervios cuando nuestro alcalde recibe muestras de desagrado por parte de servidor. De tal manera -dice-, y pone la expresión adecuada, que si me tuviera cerca, en esos momentos, era hasta capaz de tirarme de los pelos. Y a mí me da por reírme a la par que ella se hace la ofendida la mar de bien.

En ocasiones, le recuerdo que también opino de Juan Luis Aróstegui, a quien durante cierto tiempo estuve zurrándole la badana sin solución de continuidad, con la consiguiente satisfacción por parte de ella y muestras de deseos irrefrenables de que no desistiera en el empeño.

Cuando ello ocurre, la señora se pone a punto de caerse del taburete, motivado por las ansias que tiene de decirme que Aróstegui, en conocimientos y capacidad, no le llega a Vivas ni a la suela del zapato. “Más quisiera ese individuo parecerse a Juan…”.

Mi lectora, que poco a poco se va irritando, manifiesta, con las pulsaciones ya subidas de tono, qué iba a ser de nosotros si acaso Caballas consiguiera gobernar. No me hago a la idea. Pues de ocurrir algo así, Dios no lo quiera, yo sería la primera en salir de naja. Vamos, que cojo el barco más a mano y me planto en Algeciras a fregar suelos si me es necesario.

No ha mucho, que fue cuando mantuve la últimas conversación con la señora que me lee todos los días, intenté que comprendiera que su admirado Vivas, tras tantos años gobernando, se ha convertido en una autoridad que labora ya rutinariamente. Sin pizca de ilusión y convencido de que, como no hay nadie que esté a su altura, puede hacer y deshacer a su libre albedrío. Y decidí preguntarle, con cierta sorna: ¿qué tal vería ella como alcalde a José Antonio Carracao?

Y el resultado fue que mi apreciada lectora se lo tomó en serio. Y puso el grito en el cielo: “¿Carracao, has dicho Carracao? Vaya, hombre, lo único que te falta ya es decirme que lo mejor para esta ciudad es que nuestro próximo alcalde sea Mohamed Alí. Bueno, tratándose de ti, no me extrañaría nada; porque está demostrado que tú no puedes ver a Vivas ni en pintura”.

Como opina esta señora, con la que suelo tomar el aperitivo en cualquiera de los bares de la calle Jáudenes, cuando coincidimos, opinan muchas más en esta ciudad. Muchísimas. Créanme que es verdad. Señoras que dicen no ser del PP, pero sí de Juan Vivas. A quien siguen teniendo idealizado.

Es como una especie de instinto maternal el que les hace pensar que nuestro alcalde es un ser desvalido, necesitado de protección. Merecedor de los votos por ser cercano, amable, sencillo, respetuoso. Un ser único. Especial. Y hasta suelen decir que tardará muchos años en nacer alguien como él en Ceuta. Si las mujeres piensan así, y a fe que lo piensan muchísimas, nuestro alcalde se puede seguir equivocando. Y aquí no pasa nada.
 

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