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OPINIÓN - LUNES, 24 DE FEBRERO DE 2014

 

OPINIÓN / EL OASIS

Correr y jugar bien son compatibles
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Hace muchos años, cuando yo dirigía equipos de fútbol, adquirí fama de darles oportunidades a jóvenes procedentes de categorías inferiores, tras haberlos seguidos por campos de la provincia y región donde ejercía como entrenador. Habiéndose corrido la voz de mi atrevimiento muchos padres o familiares de futbolistas con la edad en la boca, me visitaban para recomendarme al hijo, nieto, sobrino o ahijado.

Ni que decir tiene que siempre los atendí muy bien y les presté toda atención de la que eran merecedores. Y, en no pocos casos, fue verdad que los chavales gozaban de cualidades más que suficientes para aconsejar su contratación.

Ahora bien, los había que se acercaban a mí y me contaban lo siguiente: “Mire usted, De la Torre, tengo a un chaval que da gusto verlo jugar. Maneja ambas piernas, técnicamente es perfecto, y sabe en todo momento dónde están situados sus compañeros para pasarles el balón en las mejores condiciones. Si bien debo advertirle de que correr no va con él. Y creo que no le hace ninguna falta”.

En cuanto oía que el chaval no corría porque, además, no le hacía ninguna falta, me exaltaba al máximo, hasta el punto de tener que morderme la lengua para no responder con acritud ante tamaña majadería. Y es que durante los sesenta, setenta y hasta bien avanzado los ochenta del siglo pasado, estaba de moda airear lo de que correr y jugar bien era misión casi imposible. Una mentira como una catedral que les venía muy bien a ciertas figuras (!) y cuyo propalación perjudicó ostensiblemente al fútbol.

Así que surgió, para más INRI, la figura del medio centro organizador al que solamente se le exigía pasar bien el balón y actuar con el mínimo esfuerzo. A los organizadores se les atribuía todo lo bueno que mostraba el equipo y, sin embargo, se les perdonaba los petardos que daban cuando eran marcados por adversarios dispuestos a no permitirles el menor arabesco.

Makelele, quien fuera extraordinario futbolista, capaz de hacerse el dueño de la parcela vital del medio terreno, fue uno de los grandes jugadores que hicieron posible que otros muchos actuaran casi siempre a medio gas. Los Makelele de turno pusieron de manifiesto que en el terreno de juego todos los participantes debían correr. Y el fútbol empezó a cambiar. Por una razón muy clara, y sírvame el ejemplo: ¿se imaginan ustedes que, de los doce o catorce costaleros que van debajo de un paso, cuatro de ellos decidan no arrimar el hombro?

Días atrás, tanto Fabio Capello como Carlo Ancelotti nos dijeron algo que Mourinho ha defendido siempre: los jugadores que no corren no juegan. En el fútbol actual está prohibido hacerlo con el mínimo esfuerzo. Y no basta alumbrar a la concurrencia con un regate esplendoroso, un control sublime o un cambio de orientación con el balón volando majestuosamente por las alturas.

La exquisitez técnica, sin esfuerzo, ha sido siempre defendida por periodistas que se han servido de ella para hacer literatura en vez de críticas eficaces. Como la que hizo un italiano en su momento: me da usted un buen medio campo y ganaré todo lo que se juegue.

Los componentes de un buen medio campo han de manejar el balón tan bien como saber jugar. Con estilos diferentes. Como no podía ser de otra manera. Pero todos deben correr. Corriendo se reparte el esfuerzo y el paso, en este caso, el andamiaje del equipo, ni se resiente ni se ladea. Pues los hay que siguen sin enterarse.
 

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