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OPINIÓN - LUNES, 24 DE FEBRERO DE 2014

 

OPINIÓN / EL ESQUINAZO

La carne clandestina
 


Jesús Carretero
opinion
@elpueblodeceuta.com
 

Aquí no salimos de una y estamos metidos en otra, pero en pocas ocasiones con algo agradable que ponga el nombre de la Ciudad como el lugar idóneo para ser el punto turístico “obligado”. Y no es que en otras partes y cuanto más turísticas más, no se den casos desagradables, que se darán, pero es que aquí, también, hay quien trata de ser original, incluso en aquello que puede ser nefasto para la salud y si no ya me dirán qué razón de ser tiene que, en un restaurante “de los buenos” aparezca la no despreciable cantidad de 600 kilos de carne de jabalí que no había pasado los correspondientes controles sanitarios.

Una vez más, pero con la Guardia Civil no se juega, aunque alguien lo pretenda y de ahí esa visita-inspección por parte del equipo de SEPRONA de la Comandancia de la Guardia Civil de Ceuta, y no solos, afortunadamente, sino en colaboración con el Servicio Veterinario y de Seguridad Alimentaria de la Consejería de Sanidad y Consumo de la Ciudad Autónoma de Ceuta.

La visita no fue baladí y tampoco frenó la misma el hecho de que se tratara de un bar restaurante de los de nombre de la Ciudad.

El “nido” que encontraron no estaba nada mal, con una cámara frigorífica en la que no faltaba de nada y con 32 bultos, 10 arcones, en los que había lomos y carnes de jabalí, 600 kilos, que no está nada mal y que cualquiera, si su religión se lo permite, hubiera podido preparar un buen bocadillo, claro que ese podía ser peligroso, al no haber pasado dicha carne el control riguroso de sanidad.

Lo que a los profanos en la materia nos parece algo peligroso, porque lo es, a los “cazadores” profesionales no les parecerá tanto, por estar acostumbrados muchos a llevar su “caza” y no haber acudido nunca al veterinario correspondiente. En estos casos aislados, que cada uno, a escondidas, haga lo que quiera con su salud y la de sus hijos o sus padres, pero en este caso que nos ocupamos, parece que la carne procedía de la actividad cinegética de la caza y esa carne, con el tiempo, hoy, mañana o ayer podría haber ido desde la cámara frigorífica a la mesa de unos clientes que iban a pagar, y bien, su comida.

El peligro, en este caso, se liquidó sin más, puesto que los agentes levantaron su acta, intervinieron el género que no cumplía con la normativa de seguridad sanitaria de la alimentación y a otra cosa.

Una buena labor, no nos cabe la menor duda, el hecho de controlar, día y noche, exhaustivamente los productos alimenticios, porque hay un rumor, excesivamente frecuente, de que no todo lo que sale desde ciertas cocinas a los platos se sabe con certeza de donde procede, y no es desde ese establecimiento, o desde aquel otro, más bien está la sospecha o hay sospechas, muy especialmente cuando de alimentos importados se puede tratar.

Y el hecho de que se haya tratado, en este caso, de un restaurante de los que llaman de “clase” nos da la seguridad, mayor seguridad, de que eso de los privilegios ha pasado a mejor vida.

Si se hizo esa inspección ahí, no me cabe la menor duda de que sería por algo ya bien marcado desde otras perspectivas y, ojalá, cada semana hubiera la suerte de que alguien más, por no cumplir como es debido, fuera sorprendido, de la misma manera, que estos lo han sido.

Afortunadamente, aquí se cumplió con eso de que “con la salud no se juega”.
 

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