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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 26 DE FEBRERO DE 2014

 
OPINIÓN / EDITORIAL

La inmigración como cuestión de Estado

La presión migratoria es una cuestión de Estado. El propio presidente del Gobierno ha abordado este fenómeno proclive a la demagogia pero con profunda exigencia de responsabilidad. No caben políticas de escaparate en un tema en el que hay en juego, ni más ni menos, que vidas humanas. Tampoco es razonable poner en marcha la técnica del ventilador para distribuir imputaciones en todas las direcciones. Los comportamientos extremos no conducen al entendimiento ni a aportar un clima de equilibrio, como tampoco es comprensible que pasemos de la utilización de balas de goma contra inmigrantes exhaustos en el mar a dar instrucciones de disuadir a los ilegales que pretendan acceder a nuestras frontera con cartuchos de fogueo como si se tratara de un juego de niños.

Si en el término medio está la virtud, no es de recibo que pasemos de un extremo a otro en cuestión de pocos días. Conviniendo que es bueno rectificar, no parece tan acertado cambiar diametralmente de posicionamiento a las primeras de cambio y, menos, dejar a los agentes de la Guardia Civil con materiales obsoletos como elementos de disuasión cuando no de ridículo, ante las posibles avalanchas de ilegales.

Nuestras fronteras no pueden ser un coladero para quienes pretendan buscar un mundo mejor. No hay capacidad para asumir ese gran contingente que busca el asalto como forma de cambiar de vida. Si los límites a nuestra capacidad de absorción son un hecho, no puede obviarse tampoco que se requiere poner cortapisas a esas oleadas de inmigrantes que nos llegan a las puertas de nuestra ciudad. Ceuta ha mostrado con creces su solidaridad, pero bien distinto es sentirnos desbordados por una invasión ilimitada.
 

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