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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 19 DE MARZO DE 2014

 
OPINIÓN / CARTAS AL DIRECTOR

Vivas y Al Capone

Por Ramiro T.


Los españoles ven la corrupción como uno de los grandes problemas del país. En las últimas encuentas, un 39,3% de los encuestados citó la corrupción como uno de los grandes problemas del país. Y un 29,4% también señaló como problema a los políticos en general. La preocupación de los españoles por la corrupción y por la deriva de la política ha ido creciendo durante la crisis, y ahora ya está cerca de los máximos que marcó a mediados de los noventa, en pleno boom de escándalos en el último gobierno de Felipe González

En Ceuta, tras trece años en la presidencia, Vivas se encuentra con la mierda que intentan ocultar bajo la alfombra trepando ya por las paredes. Está tan acostumbrado a mentir que ya se cree sus propias mentiras. Vive en un síndrome de Pinocho elevado al cubo. La historia siempre es la misma: una trola que sale a la luz, otra trola que sale a rodar, otra trola que desvía la atención. Desde hace casi tres años vivimos en una máquina de pinball política, esquivando una trola detrás de otra.

El principio de Pinocho en el que Vivas ha basado la presente legislatura (una patraña detrás de otra y miento porque me toca) está alcanzando cotas verdaderamente cómicas. Son rehenes de su propia mendacidad, como Jim Carrey en aquella película.

Pero lo peor en su caso es que parece haber dejado de avergonzarse porque su imágen personal sufra un gran desprestigio público. Y actúa así porque pese a que la corrupción se considera un comportamiento reprobable y vergonzante, Vivas confía en que mantienen intacta (o casi) su popularidad y que las investigaciones e incluso las imputaciones no se pagarán en las urnas con la dureza esperable.

Y quizá no esté equivocado. En las elecciones municipales de 2007 casi un 70% de los candidatos implicados en casos de corrupción consiguió la reelección. En los comicios locales de 2011 el panorama no cambió demasiado: en el 59,5% de los municipios con un alcalde ‘tocado’ por la corrupción volvió a ganar el mismo partido (en 60 de 106 localidades) y en el 58% de los casos fue reelegido el propio candidato implicado (40 de un total de 69 candidaturas), según datos de la Fundación Alternativas. Unos resultados electorales que confirman la relativa tolerancia con que se relacionan los españoles con los problemas de corrupción.

Además, Vivas cuenta con que aquello que es normal, lo que forma parte del mundo diario, se acaba haciendo invisible, pasa desapercibido. Que la repetición de un hecho puede acabar teniendo un efecto normalizador o invisibilizador. Sin embargo, olvida que no porque muchos hayan asumido esta realidad, su forma de actuar deja de ser una falta moral y una forma de degradación de la acción social, política y personal. Ese intento de Vivas de querer normalizar dichas situaciones es el que hace que no se enrojezca y se avergüence cuando se le señala públicamente como corrupto.

En este sentido, el presidente Vivas cuenta con una gran habilidad para movilizar recursos y apoyos cuando se le acusa de estar involucrado en casos de corrupción. En algunas ocasiones son apoyos tácitos, pero en otras son apoyos explícitos de partes significativas de la ciudadanía, como, por ejemplo, la Federación Provincial de Asociaciones de Vecinos. La amplia discrecionalidad con que Vivas ha realizado nombramientos y desplegado redes clientelares durante sus trece años de gobierno fomentan la aparición de apoyos directos y personales.

El presidente Vivas, como todos los políticos corruptos exitosos electoralmente, cuando llegó al poder, fue capáz de colonizar la administración pública con los miembros de una red clientelar, gracias a la ausencia de unos grupos de funcionarios reclutados meritocráticamente y que actúen de contrapesos a los cargos electos.En este sentido, son muchos los estudios que proponen como mejor forma para combatir/prevenir la corrupción el establecimiento de controles horizontales y sistema de alerta temprana a través de funcionarios. De hecho, en nuestra ciudad, solo gracias a varios funcionarios ajenos al poder partidista (cada día son más), se destapó el ‘caso Urbaser’ o se ha evitado que un proceso ilegal ideado por Vivas, como era la reestructuración del sector público empresarial, viera la luz.

A pesar de ello, Vivas confía que en estos casos y en otros que han sido y serán destapados, será capaz de generar el ruido mediático suficiente (con sus medios comprados con dinero público) para desactivar la función de censura de la labor informativa, consiguiendo como resultado que las denuncias de corrupción pierdan credibilidad entre sus votantes y se perciban como el resultado de una campaña orquestada con intereses políticos encubiertos.

Pero quizá, solo quizá, esta vez se equivoque y su comportamiento no le salga gratis. Ya existió un Al Capone dedicado a los asesinatos, la explotación de la prostitución, el juego ilegal y el tráfico de alcohol, y que tras años de persecución policial infructuosa y la falta de pruebas, fue detenido finalmente por evasión de impuestos. Ya ven que paradoja.
 

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