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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 16 DE ABRIL DE 2014

 

OPINIÓN / EL OASIS

El silencio del miedo
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

La Semana Santa me ha cogido con una rodilla inflamada y sometido a tratamiento. Sé, desde hace tiempo, que tengo averiado un menisco. Pero sigo resistiéndome a pasar por el quirófano. Lo peor es que me he visto obligado a suprimir mis caminatas a prima mañana. De manera que malhumor y aprensión se han percatado de que era el momento de salir a escena. Máxime cuando están tan escasos de oportunidades conmigo.

Así que anoche tardé mucho en dormirme, y cuando esta mañana me he despertado, estaba muy quebrantado. Los días que estoy bajo de tono, y débil físicamente, me preocupo más y me pueden las dificultades. Hoy es uno de esos días en los que los temores infundados no cesan de ponerme a prueba.

En tan pésimas condiciones, creo que resultaría contraproducente que me pusiera a escribir sobre nuestro alcalde. Aunque sea a costa de llevarles la contraria a los lectores que desean que lo haga cuantas más veces mejor. Y, a ser posible, sin solución de continuidad.

Me explico: cuando yo escribo de nuestro alcalde lo hago siempre al dictado de la simpatía, con una cierta sonrisa. Como se suele aprender en los cursos de redacción. Revestido de simpatía, uno está en disposición de revivir y reproducir, a pesar del transcurrir de los años, los recuerdos pasados sin acrimonia ni resentimiento; sin tintes recargados, sin acentos chirriantes. Así, viendo las cosas con simpatía, con una cierta sonrisa, y, por qué no, sin ambages, se sabe emplear lo más difícil; es decir, parafraseando a Flaubert, “se sabe lo que no se debe decir”.

En las circunstancias actuales, por mor de mi decaimiento físico y psíquico, como consecuencia de los achaques descritos, estoy en la disposición ideal para pasarme los consejos del escritor francés por la entrepiernas. Algo que no me perdonaría nunca. Ya que hasta ahora he conseguido opinar de nuestro alcalde con el alma en reposo –aun a sabiendas de que podrían tacharme de cursi-, relajado, así como desembarazado del agobio de las pasiones y de todo resentimiento.

No obstante, escribiendo así, sin ensañarme con los yerros de nuestro alcalde –que han sido muchos, porque muchos son los años que lleva haciendo de su capa un sayo-, éste cometió el error de creer que no era suficiente. Y optó, como ha hecho siempre, por aliarse con quienes no dudaron nunca que poniéndolo a parir conseguirían logros y fines deseados.

Y ahí está -desde hace ya mucho tiempo- nuestro alcalde convencido de que el poder está en los hechos. Y de entre los hechos, el más destacado para él, según estamos viendo, es que la gente sepa que está dotado en todos los aspectos para castigar severamente a quienes no le rindan pleitesía. Y tener como amigos a quienes lo adulan por delante, aunque luego entre bastidores hagan mofa de su persona. Que la hacen. Y de qué manera…

Aun así, y por más que el cuerpo me pida en estos momentos que diga lo que no debo decir, voy a contenerme. Por cierto, para contenciones las de Pedro Gordillo. A quien le he oído hablar por la radio acerca de la trampa que le tendieron en el despacho de nuestro alcalde para que pusiera pies en polvorosa. Pero de ahí no pasa. Lo que le hicieron a Gordillo es prueba evidente de que quienes no le bailen el agua al hombre que maneja apabullantes resortes de poder -en esta ciudad- pueden en cualquier momento sufrir cualquier tarascada del poderoso. De ahí el silencio de PG.
 

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