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OPINIÓN - DOMINGO, 20 DE ABRIL DE 2014

 
OPINIÓN

Miscelánea semanal

Por Manuel de la Torre


LUNES 14.

Pedro Sainz Rodríguez, monárquico y consejero de don Juan de Borbón, tuvo siempre claro que la República iba a ser la apertura de un período revolucionario, y quizá causa de una posible guerra civil. Compañero de viaje de muchos intelectuales y hombres públicos que terminaron su camino haciéndose republicanos, nunca los acompañó en esta última fase, por tener la certeza de que se cometía un gravísimo error con la Monarquía de Alfonso XIII. Pedro Sainz Rodríguez atentó contra la República desde el primer momento. En cambio, María Zambrano, escritora comprometida, escribió así de Aquel 14 de abril: “Fue tan hermoso como inesperado: salió el día en estado naciente; es decir, nació. Solamente por eso, aunque hubiera nacido otra cosa –hermosa se entiende-, también ella tendría un inmenso valor. Pasaban guardias civiles llevados a hombros por el pueblo, por las gentes del pueblo de Madrid, y ellos eran felices. Los rateros se declararon en huelga; no hubo un solo hurto, por pequeño que fuera. Creo yo que era la caridad del día. Pero si esa caridad del día se dio precisamente el 14 de abril, y si lo que nació de ese día naciente fue la República, no puede ser por azar. Fue, pues, un nacimiento y no una proclamación”. Y siguió festejando Aquel 14 de abril. Pedro Sainz Rodríguez formaba parte ya de una España que se oponía rotundamente a esa otra de María Zambrano. Nos valen ambos como ejemplo del porqué la República nació desgraciada. Y así lo recordamos una vez más.

Martes. 15

Hacía un mundo que no íbamos al cine. Y hoy, a Gloria -mi mujer- y a mí nos ha dado por ir a ver la película que está formando colas en las taquillas y cosechando críticas extraordinarias. “Ocho apellidos vascos” está consiguiendo hacer reír, que no deja de ser un artículo de lujo en los tiempos que corren, a los espectadores. No hace falta ser ni cinéfilo ni muy entendido en cuestiones sobre el Séptimo Arte para poder decir que los diálogos contribuyen al conocimiento de los personajes. El tipo de diálogo y su contenido está ligado con las características generales de la película. Por eso, es de manual decir que, en determinados casos, el diálogo contribuye enormemente al buen funcionamiento del ritmo. Que es lo que sucede con “Ocho apellidos vascos”. Comedia que está prácticamente basada en los diálogos y cuyos actores bordan lo que les acontecen, mediante tópicos exagerados, de distintas maneras de entender la vida, y, por supuesto, tratando el terrorismo con la cercanía que permite la actualidad. Es un canto a la atracción… y a su capacidad para derribar barreras casi imposibles, llevado a cabo por dos especímenes castizos. Un andaluz, llamado Rafa (Dani Rovira), y Amaia (Clara Lago). Él, con su gomina, su vino fino y su más que acreditado arte de ligar, y ella, vasca por la gracia de Dios y dispuesta a renegar de los andaluces y de todo lo que ocurra fuera del País Vasco. Los personajes secundarios bordan su representación. Hacer reír es más difícil que hacer llorar. Por eso la novela de humor, género contradictorio y casi imposible, no le sale a nadie. El final feliz de esta comedia, “Ocho apellidos vascos”, tiene más enjundia que todos los discursos políticos. La sala cinematográfica estuvo tomada todo el tiempo por una carcajada tranquilizadora.

Miércoles. 16

Todos tenemos derecho en esta vida a expresar nuestras tonterías. Pero quienes forman parte de la 1 de televisión española deberían decir las menos posibles cuando están currelando en directo para millones de telespectadores. Que son los que concitan ante la pequeña pantalla un Madrid-Barcelona y además jugándose la Final de la Copa del Rey de fútbol. Pero está comprobado que Juan Carlos Rivero y Roberto Gómez pierden la olla en cuanto ven vestido de corto a Iker Casillas. Hecho el introito, que a mí me parece el más adecuado, no tengo el menor inconveniente en gritar a voz en cuello que el 4-4-2 empleado por Carlo Ancelotti fue el sistema táctico ideal para abrumar al conjunto azulgrana. Sistema bien concebido por los jugadores y que hicieron del contragolpe arma indispensable para derrotar al conjunto azulgrana. Cabía pensar que en cuanto el gran quehacer de Di María padeciera de falta de segundo aliento todo podría venirse abajo en la zona vital del medio terreno. Tampoco se apreciaba que Isco pudiera seguir mucho tiempo contribuyendo a correr detrás de un contrario para arrebatarle el balón o incomodarle, pero el muchacho demostró que querer es poder y estuvo hecho un tío más tiempo del previsto. Buena noticia para él y para su equipo. Benzema, con sus desmarques continuos, causó estropicios en una defensa donde Alves y Mascherano siguen evidenciando que ahora mismo no están para muchos trotes. De Messi sólo cabe decir que sigue con arcadas. Neymar, religioso a tope por ser brasileño, estará enfadado porque su Dios lo abandonó debido a que Éste, según los tontos de la 1 de TVE, nada más que tiene ojos para Casillas. Menos mal que, de vez en cuando, Dios hace lo que le da la gana. Y si no que se lo pregunten a Gareth Bale: su gol está ya inscrito en los anales como el más espectacular habido hasta el momento. El galés, según dijeron en su día los susodichos tontos de la 1 de TVE, tenía grandes problemas de cadera y de no sé qué más cosas. Juan Carlos Rivero y Roberto Gómez siguen sin invocar a Santa Lucía.

Jueves. 17

Guillermo Romero estuvo conmigo en junio de 1982 para decirme que Arjandas Bhagwandas Lalwani quería que yo fuera el entrenador de la Agrupación Deportiva Ceuta. La primera impresión que saqué de él, en el poco tiempo que estuvimos charlando, fue que estaba ante una persona sencilla, amante del fútbol, y rebosante de felicidad por haber sido elegido como secretario técnico del club. Repasamos una lista de jugadores y convenimos que la plantilla sería formada acorde con el presupuesto económico que había designado el presidente. Que no daba para mucho. La verdad sea dicha. El ambiente futbolístico en la ciudad no estaba en su mejor momento, debido a que el equipo había descendido de categoría, hacía nada y menos. Guillermo estuvo a partir de ese momento en permanente contacto conmigo. El 18 de julio arribé a la ciudad y allí estaba él esperando mi llegada con la ilusión reflejada en el rostro. Porque, al fin, había podido conseguir que Bea, extraordinario futbolista y hombre cabal, aceptara las condiciones para incorporarse al equipo. A partir de ahí muchas fueron las horas que compartimos de charla y muchos los viajes que hicimos juntos. Hubo momentos en los que arreciaron las críticas contra él y a mí me correspondió salir en su defensa. Tampoco él dejó de dar la cara por mí cuando la ocasión lo requería. Nuestra amistad, aun militando a veces en distintos frentes, nunca decayó. La noticia de su muerte, por más que estaba enterado de su enfermedad, me apena lo indecible. No en vano con él di los primeros pasos en una ciudad que logró conquistarme en un santiamén. De ello hace 32 años.

Viernes. 18

Yo no sé si cuando Pedro Gordillo dijo, en una emisora de radio, que se había olvidado de recoger en su despacho un documento comprometedor para alguien del Gobierno local, sabía que semejante denuncia iba a llamar la atención pública sobre un asunto que huele a chamusquina. Pero el caso es que, sabiéndolo o sin saberlo, lo del documento de marras ha hecho posible que José Antonio Carracao salga al escenario para pedir que el portavoz del Gobierno diga algo al respecto. Cosa que no se ha producido todavía. Pero hay más: una vez que Gordillo levantó la liebre del ya conocido como el documento de la jindama, lo más lógico era que Caballas hubiera salido a la palestra exigiendo respuesta a nuestro alcalde acerca de lo dicho por quien ha sido vicepresidente del Gobierno y presidente del PP. Pero Aróstegui, quizá porque estamos en Semana Santa, no ha querido decir nada que pueda zaherir a su amigo Vivas. Dicen que las palabras se las lleva al viento. Depende de qué palabras. En este caso, mucho me temo que las pronunciadas por Gordillo queden por mucho tiempo pendiendo de un hilo, a modo de espada, sobre la cabeza de ese alguien a quien Pedro ha puesto en la picota.

Sábado. 19

Tras varios días poniéndome hielo y echando mano de los analgésicos correspondientes, y dado que mi rodilla izquierda sigue inflamada y los dolores no cesan, decido presentarme en urgencias. Es la segunda vez que visito el Hospital Universitario. La primera fue cuando la selección española ganó el Mundial de Fútbol. Es lo que recuerdo de repente mientras espero que me llamen de recepción. Y hasta pienso que semejante casualidad podría ser motivo suficiente para creer que el éxito del equipo español podría repetirse. En recepción me encuentro con una mujer conocida, amable donde los haya, y me dice que debo pasar por la consulta número cuatro. Allí me recibe Juan Carlos Querol Fernández. Cuya magnífica atención debo destacar. Y cuya impresión clínica de urgencia es la de tendinitis. En fin, que tras recetarme, salgo del hospital convencido, una vez más, de que la felicidad es la ausencia de dolor.
 

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