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OPINIÓN - JUEVES, 24 DE ABRIL DE 2014

 

OPINIÓN / EL OASIS

Hay gato encerrado
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

En 1983, durante un amanecer ventoso, yo estaba sentado en un banco de la estación marítima de Algeciras, dando cabezadas, cuando una mujer pronunció mi nombre para sacarme del estado semiinconsciente en el que me hallaba. Ella era nada más y nada menos que Lola Flores; que llegaba acompañada por Carmen, su hermana; y por Lolita, su hija.

Yo había conocido a Lola por medio de un gran amigo de ambos y me alegré muchísimo de tenerla como compañera de viaje en el primer barco que hacía la travesía Algeciras-Ceuta. La familia Flores estaba anunciada para una actuación y yo era entrenador de la Agrupación Deportiva Ceuta. Que venía de jugar de un sitio donde dicen que el viento de la vuelta. Es decir, lejísimos.

Tras los saludos de rigor, La Faraona no dudó en decirme que el transporte de viajeros Algeciras-Ceuta quitaba las ganas de conocerla a muchísima gente. Y me contó lo mucho que ella le hacía el artículo a la ciudad y que siempre le respondían lo mismo: “Ceuta está muy mal comunicada con la Península”.

Poco tiempo después, Juan Luis Bandrés Guerrero, consejero y director general de la Naviera Isleña de Navegación (ISNASA), arribó un día a Ceuta preguntando por mí. Ya que nuestra amistad venía de muy lejos. Debo decir que Bandrés acudía a Ceuta para entenderse con el delegado del Gobierno de la época.

Por medio de Bandrés tuve la oportunidad de conocer a Ignacio María Sayalero, copropietario de la naviera y socio de Juan Luis. Así que me fue posible enterarme de algunos de los entresijos relacionados con los acuerdos establecidos entre la naviera y el Gobierno. En una palabra: Bandrés me puso al tanto de que había muchas personas que ponían la mano con más empaque incluso que los ‘sobrecogedores’ en el mundo del toro. Circunstancia que impedía dar los servicios deseados. Debido a que había que repartir prebendas por doquier para hacerse con el servicio de la línea.

En cierta ocasión, en la década de los noventa, hube de embarcarme en un buque de carga, que había sido adaptado para pasajeros, con el fin de comprobar durante la travesía los deterioros que la nave presentaba. Hice la travesía con un fotógrafo y a punto estuvo el contramaestre y algunos marineros de lanzarme por la borda. Ya que alguien les había avisado de nuestra presencia y de nuestra misión. La cual era contar cómo los pasajeros viajaban como animales.

Muchas veces se me ha preguntado por qué no escribo de lo mal comunicada que está Ceuta por mar y por aire. Sobre todo en momentos de crisis. Como el que ahora se está viviendo. Y mi respuesta ha sido siempre la misma: no merece la pena. Puesto que todo lo que se diga al respecto se lo pasan por el forro en el Ministerio de Fomento.

Me quieren ustedes decir qué puede importarle al baranda principal de este asunto en el ministerio que los ceutíes pierdan el enlace con el primer tren que salga de Algeciras hacia Madrid. O que un empresario no pueda colocar su artículo al otro lado del Estrecho a prima mañana. Por decir algo al respecto.

Una ciudad mal comunicada pierde todo el interés que pueda tener para quienes desean visitarla. La mala comunicación de Ceuta con la Península entorpece su desarrollo. Más bien lo fulmina. En lo tocante a que Baleária haya sustituido al Passió per Formentera por El ‘Nissos Chios’ y que éste no vaya a madrugar para zarpar rumbo a Algeciras, me da a mí en las pituitarias que hay gato encerrado.
 

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