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OPINIÓN - DOMINGO, 1 DE JUNIO DE 2014

 
OPINIÓN / COLABORACION

Día Mundial sin Tabaco

Por Ana Belén Villazán Peñalosa*


La Unidad Especializada de Tabaquismo, dependiente de la Consejería de Sanidad y Consumo, anima a sus pacientes, una vez logrado el año de abstinencia, a poner por escrito sus impresiones. Con motivo del Día Mundial sin Tabaco, que se celebra cada 31 de mayo, el Plan Integral de Tabaquismo comparte uno de estos casos para animar a los fumadores a acercarse a su sede, en la Barriada de La Lealtad, en San Amaro, y formar parte de la campaña Me shumo a dejar de fumar en 2014.

Dentro de unas horas tendré un diploma que acredita y recuerda que llevo un año sin fumar. Nunca se me ha pasado por la cabeza enmarcar y colgar mi título universitario. Mañana mismo buscaré marco para el diploma del programa de deshabituación tabáquica, que colgaré orgullosa.

Gracias. Llevaba tantos años fumando como intentando dejarlo: más de 20. Ahora tengo 38 y lo he conseguido. Por eso respiro mejor, duermo más y mejor, resuelvo con mayor soltura los picos de trabajo, mi estómago me agradece a diario mis nuevos hábitos, mucho más saludables. ¡Qué decir de mi garganta y laringe! Con la de problemas que me han dado y ahora… Lo celebro cantando, porque desde que no fumo canto como duermo, más y mejor. Igual que huelo, tanto a mí como a los que me rodea (a veces para mi desgracia, pero también lo celebro).

Me veo más guapa y no es porque lo sea ni porque me haya cambiado la cara. No. Es porque mi piel está más limpia. Y también mi pelo, que ya no tengo que lavar a diario para borrar ese desagradable olor a humo.

Siempre he hecho deporte. La diferencia es que ahora no toso. Hay que ver, me he pasado media vida creyendo que toser era normal.

Siempre me ha gustado comer. Ahora me gusta igual pero todo me sabe más. Así que también esto he ganado.

No necesito echar a lavar la ropa después de cada uso porque sigue oliendo a limpio, no a tabaco. Y el tiempo me cunde más. Será porque no pierdo diez minutos de cada 60 echando un pito y porque estoy mucho menos cansada. En consecuencia, hago más cosas. He dejado de dormir la siesta y, a esa hora, estudio. Antes hubiera sido impensable porque después de comer entraba en un estado de sopor que me obligaba a tumbarme.

En casa hay, en general, mejor humor. Lo cierto es que me cuesta menos controlar mi pronto. Siempre tuve algo de mal genio y, aunque lo sigo teniendo, entre los años y el dejar ese excitante la cosa ha mejorado.

Disfruto más de mis sobrinas. Antes, cuando fumaba, me daba un poco de vergüenza que me vieran con el cigarro en la mano y pasaba ganas de achucharlas. Por lo de mi olor. Igual que cuando hablo con alguien. Ahora, mientras charlo, no estoy pensando que quizás mi aliento es insoportable.

Salgo poco, pero cuando lo hago y me tomo unos vinos o una copa, no me levanto tan mal al día siguiente. También de aquel mal estado tenía la culpa el tabaco.

Puede parecer una exageración. Sin embargo, no lo es. Cuando empecé a fumar me cambió la vida. Muchas cosas básicas, en principio poco trascendentales, cambiaron para mal. Cuando me di cuenta de lo que ocurría era ya una yonqui del tabaco. Muchas veces, cientos, y tampoco esto es una exageración, intenté volver atrás, a cuando no fumaba. Volví tantas veces como lo intenté. Dejarlo no era un problema. Lo que era complicado era no volver. De todos esos cientos de veces, esta ha sido la primera que lo he hecho con ayuda profesional. La diferencia ha sido abismal. Me he sentido motivada, entendida y apoyada. Ese apoyo me ha devuelto la confianza en que podía conseguirlo, porque, lo confieso, no tenía la más mínima esperanza de que así fuera. Y resulta que fue. Y hoy me dan mi diploma. Me siento tan bien.

Lo conseguí.

Muchas gracias, Araceli. Gracias también a ti, Chachi. Y gracias a la Ciudad Autónoma. Dudo que haya muchos ayuntamientos que tengan a disposición de los ciudadanos programas gratuitos de deshabituación tabáquica.

De corazón, ha sido un placer.

Nunca olvidaré este favor.

* Ex fumadora
 

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