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sociedad - DOMINGO, 15 DE JUNIO DE 2014


miembros de eurosur. EP.

reportaje / inmigracion
 

Eurosur, un paso europeo para
el gran desafío migratorio

La UE ha creado una plataforma tecnológica para el intercambio de información con el fin de mejorar la gestión de las fronteras exteriores, combatir la criminalidad transfronteriza y salvar a los “irregulares”en alta mar; aunque se revela insuficiente para cubrir la gran tarea pendiente de la Unión: la falta de una política migratoria común
 

CEUTA
J.V.

ceuta
@elpueblodeceuta.com

Desde Beni Ensar, el municipio marroquí adyacente a la frontera con Melilla, Europa tiene menos de esa región de prosperidad y solidaridad que dicen los tratados y los fervientes defensores de la UE, y más del fortín que ven no solo los que intentan llegar desde distintos lugares del planeta, sino también los más críticos con la marcha de la Unión. De camino a la frontera, entre aglomeraciones de mujeres que cargan con enormes bultos sobre sus espaldas, con mercancías para comerciar en ambos lados, y algún turista despistado, el territorio Europeo aparece blindado detrás de las enormes vallas, las puntiagudas alambradas que desgarran los plásticos que flotan en el caluroso aire africano, y mirada de las dos docenas de agentes de la Guardia Civil y la Policía Nacional.

Ceuta, Melilla y Lampedusa

Ceuta u Melilla, y también la isla italiana de Lampedusa, se han convertido en la cara negativa de la falta de una política migratoria común en la UE. Es bien sabido que Europa avanza a golpe de crisis. La implosión financiera y la “Gran Recesión” han servido para reforzar la gobernanza económica y supervisión financiera. La actual crisis en Ucrania, y las tensiones con Rusia, han vuelto a poner sobre la mesa la urgencia de una política energética común. Sin embargo, la tragedia que ocurrió frente a la costa italiana el pasado octubre, en la que murieron al menos 366personas, no ha terminado por impulsar los ánimos hacia una política migratoria realmente europea, la otra gran asignatura pendiente.

Tras la tragedia de Lampedusa, los líderes europeos siguieron su respuesta de manual: crear un grupo de trabajo para discutir posibles opciones, y posponer decisiones más sustanciales. Sin embargo, para fortuna del sanedrín europeo, contaban con una solución en la recámara. El desastre frente a las costas italianas coincidió con la puesta en marcha de Eurosur, la nueva herramienta para mejorar la vigilancia de las fronteras de la Unión, previamente acordada entre las instituciones comunitarias y los Estados miembros.

Eurosur es una plataforma tecnológica para el intercambio de información entre los socios de Schengen para saber qué está sucediendo en tiempo real en las fronteras marítimas, terrestres y aéreas europeas. Nació con la idea de satisfacer tres objetivos: reducir la llegada de inmigrantes irregulares no detectados a Europa; aumentar la seguridad al contribuir a la lucha contra el crimen transfronterizo; y reducir la muerte de inmigrantes en las rutas marítimas de acceso a Europa. Tras el naufragio de Lampedusa, esta prioridad no solo se convirtió en la más destacada por los responsables políticos, sino también en la que ayudó a dar relevancia a lo que de otra manera hubiera pasado como una herramienta para expertos.

Para la comisaria de Interior, Cecilia Malmström, el rescate de aquellos que fracasan en su intento por llegar a Europa era el principal objetivo desde los orígenes del programa, según explican desde su equipo. “Las pequeñas embarcaciones, inadaptadas para las travesías en el mar, son de hecho muy difíciles de localizar, lo que se traduce en la muerte de los inmigrantes”, señaló Malmström cuando finalmente se aprobó el paquete.

Con la nueva herramienta, “la infor- mación sobre incidentes será inmediatamente compartida entre los Estados miembros y Frontex, lo que aumentará las posibilidades no solo de detectar a las pequeñas embarcaciones, sino también de prevenir la criminalidad transfronteriza”, dijo la sueca.

¿Cómo funciona?

Como toda plataforma, la fortaleza y oportunidades de Eurosur, y también sus debilidades, dependen de la involucración y el exitoso ensamblaje de los diferentes nodos de la red, es decir, Frontex, la agencia europea para el control de las fronteras, y los 29 Estados miembros de Schengen. Para su puesta en marcha, estos países han creado los llamados Centros de Coordinación Nacional, que se encargan de recolectar toda la información dentro de las fronteras nacionales, para luego compartirla con el resto de miembros. Si los países se ocupan de elaborar la “imagen situacional nacional”, Frontex se encarga de agregar estas para crear la “imagen situacional europea”. Así, la agencia comunitaria juega un papel destacado al agregar la información, que también realiza al crear la llamada “imagen situacional pre-fronteriza”, en la que se incluye la interpretación y el análisis de la información de lo que sucede más allá de las fronteras para estar prevenidos frente a la inmigración ilegal y el crimen transfronterizo.

Ya sea nacional o europea, estas imágenes situacionales contienen información de tres tipos (eventos, operaciones, análisis) que los participantes deben cargar en la red, es decir, no es un sistema de vigilancia simultáneo de visualización. Los eventos hacen referencia a incidentes concretos en la frontera o pasos fronterizos, como rechazos en las llegadas, detección de vehículos o pasaportes robados, tráfico de personas o mercancías, o la detección de embarcaciones con inmigrantes.

Las operaciones incluyen información sobre acciones, ya sean nacionales, multinacionales o coordinadas por Frontex, el tipo y el número de fuerzas participantes, o los resultados periódicos. Por último, el nivel analítico incluye actualizaciones sobre rutas, información de inteligencia sobre redes de contrabandistas, y nuevos modos de operaciones, así como eventos clave en países terceros. En este caso, la imagen situacional europea resulta de especial valor añadido, aunque como advierte Frontex la calidad de esta foto en tiempo real depende de la calidad y la cantidad de la información aportada por los Estados miembros.

Eurosur entró en funcionamiento el pasado 2 de diciembre con una primera oleada de aquellos miembros que tienen frontera exterior (Bulgaria, Chipre, Croacia, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Francia, Finlandia, Grecia, Hungría, Italia, Letonia, Lituania, Malta, Polonia, Portugal, Rumanía, España y Noruega). Los doce restantes estados de Schengen entrarán a la red el 1 de diciembre de este año.

El presupuesto para la creación del softwarey los módems en los diferentes nodos fue de ocho millones de euros, una cantidad modesta, subrayan desde Frontex, más aún si se compara con los abultados presupuestos que maneja la UE. Dada su reciente creación, la plataforma se encuentra de momento en una fase de prueba, como reconoce una portavoz, con algunos aspectos que están siendo corregidos y mejorados.

Toma de decisiones

Aunque Frontex juega un papel destacado como agregador de la información, ni la agencia centraliza el funcionamiento de la plataforma ni tampoco tiene la responsabilidad ni la última palabra a la hora de intervenir en el caso de que una embarcación se hunda. Como explican, Frontex es un nodo más de la red, pero la responsabilidad para actuar está en manos de los Estados miembros.

Este fue de hecho uno de los aspectos polémicos durante la tramitación de Eurosur, ya que la creación de una red común de información obligaba a clarificar quién hacía qué en caso de que hubiera un problema, sobre todo en el caso de que una embarcación naufragara en alta mar. Francia, uno de los países reticentes a integrar el salva- mento marítimo en Eurosur por la confusión que podría crear, y la posible colisión de competencias entre las capitales, finalmente dio su brazo a torcer. A cambio, el Consejo de la UE (el brazo legislativo que representa a los Estados miembros de la UE), adjuntó una declaración a la legislación de Eurosur que estipula: “el Consejo recuerda que la búsqueda y el rescate en el mar es una competencia de los Estados miembros, que ejercitan en el marco de las convenciones internacionales”.

A partir del análisis de riesgos facilitado por Frontex, los miembros de Schengen dividen sus fronteras exteriores en zonas según tres niveles de impacto (bajo, medio y alto), en función de los riesgos para la seguridad por la presión de flujos migratorios irregulares o el crimen transfronterizo. Como en el caso del salvamento marítimo, la responsabilidad para reducir estas amena-zas reside en los Estados miembros. Sin embargo, en caso de que el nivel de impacto sea alto, los miembros pueden solicitar la intervención de Frontex a través de una operación conjunta o una intervención rápida.

El proceso de toma de decisiones no fue la única zona gris de Eurosur. Los eurodiputados y diversas ONG alzaron su voz contra una propuesta inicial que era percibida no como una herramienta para salvar la vida de los que se lanzaban al mar sin apenas recursos, sino más bien como otra barrera tecnológica para seguir blindando el fortín euro- peo, sin garantizar los derechos mínimos fundamentales de los inmigrantes o buscadores de asilo.

Tras intensas negociaciones entre la Comisión de Libertades Civiles del Parlamento Europeo y el Consejo, finalmente se llegó a un compromiso. Así, se incluyó en la regulación una batería de garantías fundamentales, incluidas la no devolución en caliente, la protección de datos o el respeto a la dignidad de las personas. Además, se estipula que Frontex y los Estados miembros están obligados a establecer procedimientos para vigilar que el sistema respete los derechos fundamentales de los inmigrantes.

Un debate abierto

La creación de Eurosur representa así simultánea mente esa bipolaridad entre la Europa que se quiere proteger de los que vienen de fuera, y a la vez salvar a los que naufragan al llegar. Su creación llega como un parche frente a la gran carencia que los principales partidos discuten de cara a las elecciones europeas del próximo 25 de mayo: la falta de una política migratoria europea común. Los candidatos que encabezan las listas de los partidos han dedicado parte importante de sus programas y de la campaña al tema migratorio. Las propuestas van desde aumentar el apoyo a los países que están en la primera línea de las llegadas de los flujos, como España, a la imitación de esquemas migratorios similares a los de Canadá o Australia.

El problema es que, como reconoce el presidente del Parlamento Europeo, y candidato socialista, Martin Schulz, “se lleva hablando dos décadas de lo mismo”. Es decir, Europa no avanza. Esa desconexión entre las palabras y los hechos en Bruselas terminan por provocar que en aquellos lugares donde el desafío es real y constante cada día, como en Melilla, las autoridades terminen por criticar la “nula implicación” de la Unión, mientras se alaba la ayuda de Marruecos, porque si no “el problema sería mucho más grave”, como dijo recientemente el portavoz del Gobierno de Melilla, Daniel Conesa.

La pregunta que unos y otros tie- nen en la ciudad autónoma y en la capital comunitaria es si el nuevo ciclo político traerá una política migratoria común que merezca tal nombre, o la Unión se conformará con parches tecnológicos para un problema político que, de momento, no se ha atrevido a encarar.
 

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