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cultura - MARTES, 16 DE SEPTIEMBRE DE 2014


mercedes moya. reduan.

ENTREVISTA / MERCEDES MOYA - UGR
 

«En España hemos tenido la capacidad de reconocer el derecho a la Sanidad y la Educación»

Mercedes Moya, del departamento de Derecho
Internacional Privado de la UGR, fue la primera ponente del curso de verano sobre extranjería, pero antes habló con EL PUEBLO sobre los derechos y dificultades de los inmigrantes
 

CEUTA
V.S.C.

ceuta
@elpueblodeceuta.com

Mercedes Moya Escudero es Directora del Master propio en Derecho de Extranjería de la Universidad de Granada y ha sido la ponente estrella del curso de verano de esta universidad en Ceuta sobre Extranjería e Inmigración. En la jornada de ayer habló a los estudiantes sobre los casos que aborda el Derecho Internacional, pero antes recibió a EL PUEBLO en una entrevista en la que habló sobre los derechos de los extranjeros cuando traspasan la frontera de forma ilegal, pero también señaló que son muchos los inmigrantes que terminan siendo repatriados. Y es que, conseguir un permiso de trabajo y, más tarde, la nacionalidad, es un camino lleno de obstáculos que muchos son incapaces de salvar.

Inmigración en Ceuta se ha convertido en sinónimo de subsahariano que llega en patera o salta la frontera en busca de la promesa de vida europea, pero la inmigración es mucho más. El inmigrante también es aquel profesional altamente cualificado que llega a España para trabajar, los estudiantes de otros países que abundan en las universidades, los residentes de larga duración que proceden de otros estados europeos como Inglaterra o los que llegan a través de una avión y dejan caducar su visado de turista, y así lo recalca la doctora Mercedes Moya, del departamento de Derecho Internacional Privado de la Universidad de Granada, que ayer inauguró el curso de verano sobre Inmigración y Extranjería que se imparte en el Campus Universitario.

Esta ponente excepcional, que a su espalda cuenta con 38 años de experiencia docente, habló ayer a los alumnos sobre los aspectos de la inmigración que pasan más desapercibidos como las inversiones de extranjeros en España, las adopciones internacionales o los secuestros de menores por parte de uno de los progenitores. Horas antes, Mercedes Moya recibió a EL PUEBLO en el Hotel Tryp, para una entrevista en la que, nada más empezar, esta doctora señalaba que no le gusta la palabra inmigrante por su sentido “despectivo”. “Al hablar de inmigrante se relaciona con una persona negra o subsahariano, que es otro término despectivo porque demuestra que no nos preocupamos por saber los países que hay en África”, explicaba Moya para señalar que prefiere hablar de extranjero.

Un periplo con pocas garantías

Los derechos que tienen los extranjeros cuando traspasan las fronteras de España de forma ilegal no son muchos y no incluyen el derecho a trabajar ni a residir en el país, pero aún así Moya explicaba que la ley de Extranjería española es “la más generosa de toda Europa”. “Hemos tenido la capacidad, que muchos critican, de reconocer derechos fundamentales como la educación o la sanidad a personas que no tienen su documentación”, recordaba para advertir que son muchos los extranjeros irregulares que son repatriados. Y es que, no todo es cruzar la frontera. “Cuando los vemos en televisión están muy contentos, piensan que les arreglarán la vida, pero si se averigua de que país proceden, se les repatría”, explicaba. No obstante, para los que no vuelven a su país, el camino tampoco es fácil.

Conseguir un permiso de trabajo requiere llevar, al menos, tres años en España y poder demostrarlo. Además, el solicitante tiene que presentar un contrato, como mínimo, de un año y no tener antecedentes penales. Si cumple los requisitos se le concede una autorización de residencia por circunstancias excepcionales por razones de arraigo social. “Todo un periplo para tener la hipotética opción de trabajar”, contaba ayer Moya. La residencia, es otra odisea. Para poder solicitarla, se necesita diez años de residencia legal en España si se trata de un ciudadano marroquí, dos si se trata de un iberoamericano, pero diez años de residencia legal desde el primer día que tiene documentación, más un año para que le concedan la nacionalidad. En total, catorce años para poder legalizar una situación. “Cuando explico esto, termino diciendo a las personas que me escuchan que se fijen en la diferencia del concepto que tienen, al periplo tan largo para obtener la residencia en el que, a los extranjeros, como están en situación irregular, se les puede expulsar del territorio”. ¿Y por qué no se les expulsa durante ese tiempo? ¿Hay un control efectivo sobre los extranjeros que están en España de forma irregular? Las referencias que le llegan a Moya y que ella trasladaba ayer es que sí se tiene cierto control sobre los inmigrantes que, a veces, se complica porque se van moviendo dentro del territorio español.

Por otro lado, Moya también quiso derribar el mito de que quien nace en territorio español es español. No es así y esta doctora explicaba que el niño se nacionaliza como ciudadano del país de origen de su madre. Si esta no da a conocer su nacionalidad, el nacimiento se anota en el Registro Civil, pero el bebé está en situación irregular, al igual que su progenitora.

Estas situaciones de ilegalidad también dan pie al pillaje y es campo de cultivo para los estafadores. Así, Moya compartía casos como el de un hombre que llegó hasta ella para consultarle sobre su situación. “Me dijo que tenía papeles, que se lo había dicho su abogado, y lo que tenía era una orden de expulsión”, contaba para advertir que en este mundo se dan contratos falsos por los que se cobran hasta mil euros, que luego no sirven de nada, o engaños a empresarios. “Hay mucho movimiento porque en la pobreza siempre hay enriquecimiento de otros”, recordaba Moya para reconocer que la inmigración irregular es un tema que le apasiona, pero que en el derecho internacional también se abarcan muchos otros tipos de casos como los matrimonios que se registran en un país y no tienen validez en otro, la homologación de títulos para poder ejercer una profesión o el comercio exterior. Y es que, cada estado es un mundo, y cuando confluyen dos, siempre hay choques que, desde el Derecho Internacional, se intentan solucionar. La inmigración, es uno de ellos, y uno de los grandes retos.
 

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