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OPINIÓN - JUEVES, 30 DE OCTUBRE DE 2014

 
OPINIÓN / COLABORACION

Inmigración ilegal, en permanente actualidad

Por Antonio Gil


Volver a opinar sobre un asunto tan controvertido, tan complicado y de tan difícil solución como la inmigración ilegal, te puede llevar a un enfrentamiento, sin querer, con quienes no comparten tu mismo punto de vista. Te pueden tachar de hipócrita o irresponsable.

¿Por qué se produce esto? Porque es así, una gran mayoría de las veces las opiniones que se vierten están dentro de un contexto político, en un marco donde lo que importa es la defensa de las siglas del partido. De una u otra parte, se inducen a algunos ciudadanos a asumir una de las tesis. Al final, no quedan convencidos del todo.

Ingenuidad o temeridad, ¿dónde debería uno estar más cerca? Ante este dilema cabe decir que las personas, por naturaleza, huyen de complicaciones, de problemas de conciencia y, por principios, sin pretender hacer daño a nadie, se posicionan según el mensaje recibido.

¿Qué hacer entonces ante un problemón como el de la inmigración ilegal? No nos vendría mal observar, coger la distancia necesaria y actuar en conciencia, sin permitir una sola ambigüedad, ingenuidad o temeridad y menos si tiene tufillo a siglas.

Para entendernos, empezaríamos de la misma manera que cuando se utiliza un ejemplo muy común al comparar asuntos macroeconómicos de nuestro país con la economía doméstica. Así podríamos decir también que: “Si algún desconocido pretende instalarse en tu propia casa y vivir en ella sin nuestro permiso ¿lo aceptaríamos?”

Las vallas ya son antitrepa, los diques más largos, las plantillas de agentes se incrementan, los acuerdos económicos con los vecinos para que impidan la entrada se aumentan, el nivel de exigencia de la UE para que las fronteras no se vulneren sube de tono, la amenaza terrorista es una realidad, todas las medidas, en general, se implementan.

Ante esta visión, está cada día más claro que ni la ingenuidad ni la temeridad, ni siquiera la compasión es la solución. Mirar para otro lado tampoco.

Tal vez, la solidaridad entre los pueblos y la intervención de las Naciones Unidas, basada en ese principio, eviten este fenómeno sin que se tenga que pasar por aceptar ser invadidos.
 

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