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OPINIÓN - LUNES, 23 DE FEBRERO DE 2015

 
OPINIÓN / COLABORACION

Caminamos con Cristo hacia la Pascua

Por Juan José Mateos Castro*


La Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma, un itinerario hacia la Cruz, un tiempo propicio para intensificar la oración y la penitencia, para abrir el corazón al Señor y acoger con docilidad su voluntad; un camino espiritual, una “peregrinación interior hacia Aquel que es la fuente de la misericordia.” (Benedicto XVI, mensaje de Cuaresma 2006). A través del desierto de nuestra pobreza espiritual y de nuestra miseria el Señor nos acompaña y nos prepara interiormente para revivir los misterios centrales de nuestra fe: la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.

En este tiempo de gracia se nos invita a confrontar nuestra vida con la Palabra de Dios, para que sea el Espíritu el que nos renueve y purifique. Nos acercamos a Cristo, fuente de la misericordia, para que Él sea el médico que sane nuestros corazones y cure nuestras almas. Es un tiempo favorable para la conversión, el encuentro sincero y en profundidad con el Señor, que nos ama y nos espera siempre en el camino de la vida. Dios quiere quitar de nuestras vidas todo lo que hay de pecado, de antievangelio, de muerte para que podamos seguir a Cristo hacia la Vida en plenitud.

El tentador nos mueve, a veces, a desesperarnos: no tenemos remedio, yo soy un desastre, nada puede cambiar en mi vida. O nos tienta con la vanidad y el orgullo, nos creemos los mejores, confiamos de manera ilusoria en las propias fuerzas. Dios es un estorbo, un aguafiestas, yo no necesito de Dios. Jesús nos recuerda que sin Él no podemos hacer nada. Necesitamos la ayuda de la gracia para vencer al maligno.

Dios pacientemente nos guía y nos conduce, es el Buen Pastor que nos conoce por nuestro nombre, nos cuida, nos busca cuando nos alejamos de él y nos lleva a las verdes praderas de su Reino. El Señor no tarda en cumplir su promesa, como creen algunos, sino que tiene mucha paciencia con nosotros, porque no quiere que nadie se pierda, sino que todos se conviertan (2Pe 3,9). El Señor es paciente, clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas (Sal 144,8-9)

En estos días la Iglesia nos invita a profundizar en el misterio de la Redención, a fijar nuestros ojos en Jesús, no nos cansemos de mirar a Cristo, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes (Is 53,5). En este tiempo de gracia mantengamos la mirada fija en la Cruz de Cristo, el árbol de la vida, porque en ella, el Señor se hace siervo hasta la entrega total de sí mismo.

Este tiempo de Cuaresma se nos invita también a vivir con mayor intensidad y compromiso el Bautismo, que nos hizo hijos de Dios y coherederos con Cristo de la gloria celestial.

Este es tiempo de gracia, tiempo de conversión al amor de Dios. Abre tu corazón a Dios, permite que el Señor te revista con su bondad y misericordia, deja que Cristo te revista con su amor, esto acontece cuando escuchamos la Palabra de Dios y cuando recibimos los Sacramentos. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor; no endurezcáis vuestro corazón (Sal 94)

El papa Francisco nos recuerda en su mensaje de Cuaresma de este año, “que cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás,(…) no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen” (Papa Francisco, mensaje para la Cuaresma 2015)

Este egoísmo, esta indiferencia ha alcanzado hoy una dimensión mundial, señala el papa, hay una globalización de la indiferencia. Tenemos la tentación de olvidarnos de Dios y del prójimo. La Cuaresma nos recuerda la centralidad del amor en nuestras vidas, amor a Dios y amor al prójimo. Necesitamos renovar nuestra fe para superar el egoísmo y la indiferencia. ¿Qué podemos hacer?

El papa Francisco nos señala tres cosas: la oración en comunión con la Iglesia, porque la oración tiene mucha fuerza, y nos propone, como el año pasado, la iniciativa de 24 horas para el Señor en los días 13 y 14 de marzo..

En segundo lugar, podemos ayudar con gestos concretos de caridad, llegando a personas cercanas o lejanas a través de tantas organizaciones de caridad de la Iglesia, que trabajan en favor de los demás: Caritas, Manos Unidas, ayuda a los misioneros…

En tercer lugar la conversión. La necesidad del prójimo me recuerda que soy frágil, que necesito de los demás, que yo dependo de Dios y de los hermanos. Así es posible resistir a la tentación de creer que nosotros solos con nuestras fuerzas podemos salvar al mundo y a nosotros mismos.

A María, nuestra Madre de África, que permaneció fiel al pie de la Cruz, le pedimos que nos lleve a su Hijo, que nos enseñe a tener un corazón fuerte y humilde, un corazón abierto a Dios y cerrado al tentador, un corazón misericordioso y dócil a la acción del Espíritu, que nos lleva por los caminos del amor a Dios y al prójimo. Amén

* Vicario General de Ceuta
 

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