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OPINIÓN - LUNES, 23 DE FEBRERO DE 2015

 
OPINIÓN / CARTAS AL DIRECTOR

Las trampas emocionales de la inmigración ilegal

Por Jesús González


Aestas alturas de la película cuesta trabajo comprender que aún haya que dar explicaciones sobre el peligro intrínseco de la inmigración ilegal sobre las sociedades abiertas y democráticas. Hasta tal punto esas sociedades se han vuelto hedonistas, cómodas e indolentes y han perdido el sentido del peligro que se han tomado la inmigración ilegal a título de inventario. De tal manera las sociedades europeas han aceptado a pie juntillas las supuestas bondades de la sociedad multicultural que no reaccionan ante la ‘caza’ del ciudadano europeo que se ha desatado en sus sociedades por parte de extracomunitarios asentados en su seno, e incluso por parte de nacidos en esos países europeos, pero que se sienten concernidos sobremanera por la cultura, por la etnia y por la religión de los países de origen de sus mayores inmigrados. Detrás de todo esto se halla la labor de los propios políticos europeos, que han instilado, lenta, pero eficazmente, el sentido de culpabilidad en los ciudadanos europeos respecto de esos asaltantes de nuestras fronteras, así como el amordazamiento de la ciudadanía vía código penal. A eso hay que añadir el chantaje que supone la acusación, aunque arbitraria, de racismo y/o de xenofobia, actividad en la que determinadas ONG funcionan como los más cualificados servidores del capitalismo feroz. Junto a ellos, jueces y alrededores que defienden con uñas y dientes que el derecho a entrar por la buenas o por las malas a través de las fronteras debe primar sobre el blindaje de las mismas, y, cómo no, cuentan con la inapreciable colaboración de los ‘mass media’. El triste corolario de todo esto es que cuando islamistas asesinan a europeos, en sus propios países, los prebostes de la Unión Europea llaman al cuerpo social a manifestarse masivamente contra… ¡la extrema derecha!

En los medios de comunicación de masas, al ciudadano le sirven diariamente la ración de la vida y milagros de los Tomás Gómez y sus ceses, de los Monedero y sus trapicheos con Hacienda, de la tal Tania y sus andanzas políticas, de los Bárcenas y sus idas y venidas, de los que dilapidaron 15 millones de euros a través de las llamadas tarjetas negras, del llamado “pequeño” Nicolás y sus turbios manejos, de los sindicalistas de Comisiones Obreras que se ‘pusieron las botas’ en los Consejos de Bankia, en fin, no es necesario continuar con la relación. Pero, eso sí, ni una sola palabra para valorar el asalto, y las futuras consecuencias para el tejido social, de centenares de africanos a la valla de Melilla. Asimismo, no se valora la llegada de miles de extranjeros a las costas de Italia, salvo cuando las embarcaciones zozobran y hay numerosos ahogados. Entonces todo son lamentaciones, golpes de pecho, búsqueda de posibles culpables (que suele ser, cómo no, la sociedad europea), y la exposición de los consabidos lugares comunes respecto de la inmigración, su utilidad, provecho y beneficio para las sociedades europeas. Y ahí queda todo dicho.

A lo que no le encuentro explicación es a la ceguera de ONG, políticos, juristas, periodistas, sindicalistas, etcétera, respecto de que entre los que saltan las vallas de Ceuta y Melilla, y, sobre todo, entre los miles que llegan en barcos desde Libia, pueden entrar en Europa islamistas con las intenciones que todos sabemos. Parece que no les importa que se cuelen terroristas islámicos dispuestos a llevar a cabo una matanza. Les es indiferente que Bernardino León, Representante Especial de Naciones Unidas para Libia, manifieste que “La situación económica (de Libia) está al límite, también lo está la seguridad (…), es un caos total”. Pues bien parece que a los citados más arriba les importa un rábano que los terroristas islamistas se puedan camuflar (como consecuencia de ese “caos”) entre los que, o bien saltan las vallas, o bien llegan en barcos a Italia. Es tal la caída en las trampas emocionales de la inmigración ilegal que el “no hay libertad sin garantías de seguridad” se lo pasan por el arco del triunfo.

Pareciera que detrás de toda esta estúpida tolerancia se hallase la oligarquía económico-político-financiera mundial defensora de la cultura de la culpa y del arrepentimiento, que tiene como objetivo hacer que los europeos renieguen de lo que les caracteriza, de su identidad, todo ello para tenerlos adormecidos y dominados para así manejarlos, previa conversión en una masa mestiza sin referentes y sin historia. A este respecto, es recomendable oír lo que dice el etólogo Irenäus Eibl-Eibesfeldt: “La cuestión clave para el futuro es el aumento de población. Si usted no quiere que la paz mundial sea perturbada, cada pueblo debe adaptar su población a la que puede mantener su país. En un mundo lleno de gente, el crecimiento demográfico no puede ser un argumento para traerlos a nuestra tierra. La disminución de la población, incluso en un país o grupo de países, no justifica moralmente y políticamente la inmigración. Y la tierra, el principio de territorialidad, es un elemento intangible de la soberanía del Estado. El respeto es un requisito previo para la paz”.

(PD/ Recuerde: faltan 26 semanas para el 6º Centenario de la conquista de Ceuta por los portugueses: el 21 de agosto de 2015)
 

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