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OPINIÓN - JUEVES, 21 DE MAYO DE 2015

 
OPINIÓN / COLABORACION

La Justicia

Por Antonio Gil


Yo también soy de los que piensan que la justicia no pasa por sus mejores momentos, así se recoge en las encuestas publicadas. Expresiones como: “La justicia española está hecha para robagallinas”, alimenta esta opinión, aunque éste tenga más razón que un santo, es verdad, al pan… pan y al vino… vino.

Pero ¿por qué nos pasa esto? Todo hace pensar que el legislador -volvemos a los políticos- está cómodo. Faltaría dotar a los jueces de más leyes e instrumentos que combatan con eficacia temas como la corrupción, eso es un sueño que tenemos los ciudadanos, es un lunar bastante negro en nuestra democracia. Esa deriva tiene que ser corregida lo antes posible y para ello tienen que darse dos elementos: voluntad y regeneración democrática. Yo soy de los que tienen la total confianza en que algún día llegarán quienes no tengan mochilas, cuentas pendientes… y se pondrán manos a la obra.

A esta justicia que nos ha tocado padecer, hay que darle un buen retoque, de abajo arriba, de derecha a izquierda. No podemos permitir sin inmutarnos que todo siga igual. Comencemos pues por denunciar, no seamos cómplices. En nuestro ordenamiento jurídico la Ley de Enjuiciamiento Criminal en sus artículos del 259 al 262 así lo determina. ¡Estamos obligados a denunciar!

A propósito ¿tienen nuestros políticos conocimiento de la existencia de estos artículos? Yo creo que no, resulta evidente. Cuando se encuentran con una denuncia, el denunciante pasa automáticamente a ser el enemigo número uno, de ahí aquello de “conmigo o contra mí”.

Pues por ahí precisamente tendríamos que empezar a hacer algo para librarnos de la sensación de que nuestro ordenamiento jurídico no es justo; aunque tengamos que seguir viendo sin llegar a entender, por qué hay jueces que están apartados de su profesión, mientras muchos conocidos delincuentes están en la calle beneficiándose de esa trama legal, argucias y plazos que los lleva hasta la impunidad en muchos casos.

Por otro lado, hasta que no se produzca ese deseado cambio en nuestro ordenamiento jurídico, admito ser uno de esos que observan con desigual gana y sin aceptar del todo esta situación y es que, por ejemplo, no puedo comprender sentencias que deslegitimen al denunciante ¿Qué pasa con el delito?

Tampoco puedo entender la falta de interés de algunos fiscales y jueces por llegar al fondo de los asuntos, cuando deberían actuar de oficio en presuntos delitos como el tráfico de influencias, la prevaricación, la malversación, etcétera; si es que el olor a podredumbre se percibe a kilómetros de distancia.

Aun así, llegará el día en que fiscales, jueces y políticos, sin ataduras ideológicas, se pongan manos a la obra y acabarán con esa manta negra llamada impunidad y nuestro país parecerá otro.
 

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