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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 1 DE JULIO DE 2015

 
OPINIÓN / EDITORIAL

Nadie debería quedarse en la calle

Uno de los principales problemas de España es, sin lugar a dudas, el de los desahucios; un problema más bien humanitario que hipotecario. Nadie con un poco de formación económica defiende que no se paguen las deudas que un ciudadano contrae, una de las bases para que en un país tenga la estabilidad económica imprescindible para su buena marcha; sin embargo, muchas veces se envía a familias a la calle que no es que no quieran pagar, sino que les es totalmente imposible hacerlo. Nadie, en la España del siglo XXI, debería quedarse en la calle como consecuencia de los efectos de la crisis económica. Ese es un axioma que debería cumplirse a rajatabla. Tener un lugar para vivir es una cuestión que afecta a la dignidad de las personas y a su desarrollo social, personal, familiar o afectivo. Cuando un derecho, recogido por la Constitución (art. 47), se deja en manos de la economía especulativa, se está poniendo en peligro el acceso libre de la población a este derecho fundamental.

El Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía (MDyC) ha anunciado este martes que va a instar al Gobierno de Vivas a que ejecute y desarrolle de manera inmediata “un plan de emergencia real e inmediato que ponga fin a la carencia y debilidad de recursos de alojamiento existentes en la actualidad”. Una buena iniciativa. La acción en defensa de los desahucios debe ser mucho más eficaz y comprometer a todos en un plan coordinado de ayuda a los afectados. La escalada de desahucios, aparte de los problemas personales que provoca, y que en algunos casos han llevado al suicidio, está creando una auténtica alarma social y un evidente riesgo de exclusión para muchos ciudadanos.
 

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