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OPINIÓN - LUNES, 2 DE NOVIEMBRE DE 2015

 

OPINIÓN / LAS NOTAS DEL QUIM

Día de la Mochila en Alhaurín de la Torre
 


Quim Sarriá
opinion
@elpueblodeceuta.com
 

Alhaurín de la Torre es un pueblo situado entre la sierra de Mijas y la Hoya de Málaga, atravesado por el río Guadalhorce y fundado por los fenicios (procedentes de Libia).

Es un pueblo que tiene el aspecto de ser una enorme urbanización vacacional y en sus afueras está el Centro Penitenciario más conocido del país y que aloja inculpados del caso Malaya de especial repercusión social.

Pues bien, en éste pueblo, el segundo del área metropolitana malagueña más densamente poblado después de Antequera, se celebró el tradicional Día de la Mochila, organizado por la Casa de Ceuta en Alhaurín de la Torre.

Dirigida por el siempre dinámico Pedro Contreras Segura, su presidente, congregó a un numeroso grupo de ceutíes, con sus familiares y amigos, en el establecimiento de restauración llamado “Los Caballas”, donde habitualmente se reúnen.

Este establecimiento tiene un rótulo bastante peculiar “Los Caballa”, pudiendo entenderse que se referiría a una especia de grupo o asociación llamada “Caballa” o que el fuerte viento, que malbarataba cabelleras este día, se llevó la ‘S’ final… todo un misterio.

Conversaciones por doquier –que elevaron el índice de decibelios del local, batiendo el récord mundial por lo alto- , recuerdos a montones, encuentros con paisanos ‘milenarios’, fotos a mansalva y buen humor a raudales marcaron la tónica de este Día de la Mochila coronado con una excelente paella.

Pase más tiempo con mi amigo José Javier Rivera Ballestero, el de los patios de Ceuta, hablando de nuestros respectivos recuerdos y pensando en cuando visitaremos nuestra ciudad.

No es mucho lo que he de narrar porque todo se centró en el encuentro de ceutíes, aunque la verdad sea dicha ya vamos siendo menos…

A destacar el fuerte viento que reinó esas horas en que algunos, sempiternos fumadores, salíamos fuera del bar para ejercer nuestro derecho de matarnos lentamente con el humo de los cigarrillos.

Como colofón y dada la casualidad, ¿o no lo fue?, de que un vendedor de rosas pasaba por allí, algunas señoras se vieron gratamente sorprendidas con una flor que un anónimo les regaló.

En fin, la vida sigue y yo también, aunque pensando en el más allá de estas celebraciones de unos ceutíes alejados de su tierra pero unidos en el recuerdo y en la amistad.
 

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