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OPINIÓN - MIÉRCOLES 12 DE OCTUBRE DE 2005

 

OPINIÓN / EL OASIS

Pensar en grande
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Nunca fue España más España que cuando todos sus pueblos hicieron causa común con Castilla y las carabelas de Colón arribaron por casualidad a playas americanas. En la conquista intervinieron vascos, catalanes, aragoneses, castellanos, gallegos, andaluces, valencianos... Todos ellos estimulados por el pensamiento grande de un marino hicieron posible la formación de un Estado nacional entre hombres que no necesitaban argüir comunidad de sangre y de idioma como fuentes de pertenencia a una nación.

Aquella memorable empresa de hacerse a la mar, a la búsqueda de unas tierras desconocidas, puso de acuerdo a grupos humanos para ejecutar juntos hazañas que aún, por más que sigamos leyendo al respecto, nos parecen misiones imposibles. Y todo gracias a unos Reyes, Isabel y Fernando, que, a pesar de sus innumerables dudas en relación con la idea de Colón, se dieron cuenta de que estaban ante un proyecto que les proporcionaría la oportunidad de aunar voluntades entre pueblos distintos. Una virtud que Maquiavelo atribuyó más a la habilidad política de Fernando que a la fe de Isabel en un navegante ambicioso y tenaz.

Cuando Castilla, tras muchos años tirando del carro del estimulo nacional, cedió en su empuje, catalanes y vascos creyeron que había llegado la hora de ser ellos quienes proclamaran a los cuatro vientos sus valores indispensables, dentro de una España con la que ya no querían compartir nada. Miento: jamás han dejado de querer participar en todo lo que les produzca bienestar económico.

Y así hemos llegado, una vez más, a una situación en la cual Cataluña se ha emperrado en convertirse en nación. Alegando que tienen lengua propia, costumbres distintas, historia y cultura diferentes y... la biblia en verso. Semejante despropósito ha desembocado en la presentación de un Estatuto que produce vergüenza en cuanto uno se adentra en su lectura.

Un Estatuto alentado por ZP y que nunca pasará la prueba final. Aunque lo que sí ha conseguido es poner a los ciudadanos en pie de guerra contra los dirigentes catalanes. Hombres de mentes estrechas, y en algunos casos atiborrados de odio charnego contra el resto de españoles.

El caso de Carod-Rovira es tan sangrante como fiel reflejo de lo que suele suceder en Cataluña, mayoritariamente, con quienes llegan a ella de las más duras regiones. Y que a mí me fue posible comprobar cuando frecuentaba una tierra donde el emigrado o hijo de emigrado, se convertía casi siempre en un furibundo nacionalista y en alguien capaz de mirar por encima del hombro a cuantos estuviésemos de paso. Hasta el punto de que en ese querer ser más catalanes que los propios catalanes, para desterrar el complejo de sus orígenes, resultaban violentos e insoportables. Actitud que causaba, en bastantes ocasiones, el desprecio de los nativos con pedigrí.

“Durante mi vida -decía Floridablanca en sus postrimerías- yo no me he propuesto otra cosa que ensanchar el caletre de los españoles”. Lo cual debería ser un punto de obligada aprobación en el próximo Consejo de Ministros. Así tendríamos a María Teresa Fernández de la Vega, como portavoz del Gobierno, diciendo que hoy los ministros hemos tomado el acuerdo por unanimidad de pensar en grande. De manera que abortaremos, inmediatamente, cualquier intento de destrozar la unidad de España. Y, desde luego, debo anunciar que el primero que dará ejemplo es el presidente del Gobierno, reconociendo que jamás volverá a enmudecer cuando le pregunten por la españolidad de Melilla y de Ceuta.

De esa manera, bien podría celebrarse, a bombo y platillo, el Dia de la Hispanidad.

 

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