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OPINIÓN - DOMINGO 16 DE OCTUBRE DE 2005

 

OPINIÓN / EL OASIS

María Antonia Palomo
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Ha dedicado 20 años de su vida al partido socialista de Ceuta. Por lo tanto, pudo ver cómo su partido gobernaba en la ciudad. Poco tiempo después, llegó la época de penurias y desafectos: la sede de la calle Daoíz sólo era visitada por los socialistas de verdad; es decir, por los que siempre han permanecido en el partido pasando por carros y carretas. Todos ellos dignos de admiración, aunque las vivencias de tan largos y malos momentos les haya dejado secuelas que se les nota muchísimo.

La crisis de los socialistas de Ceuta empieza en el año de 1991, pero la cosa venía de mucho más atrás; de cuando aquellos escándalos públicos ofrecidos por cargos que, habiendo disfrutado de una vida cómoda y faltos de actuaciones solidarias, se hicieron socialistas porque en vísperas de los años ochenta ser de derechas estaba etiquetado de abominable.

Todavía son recordadas las trifulcas entre Francisco Fráiz y Aurelio Puya o bien los lamentos de Alejandro Curiel por ser diputado. Uno vivió muy de cerca situaciones esperpénticas y pudo observar de qué manera los dirigentes se destrozaban entre ellos e iban arrastrando al partido al descrédito y, naturalmente, a la ruina. Todo propiciado por el egoísmo y porque, de la noche a la mañana, se vieron con mando y sacaron a relucir lo peor que llevaban en sus interiores.

Cierto día, mientras entrevistaba a María Antonia Palomo, salió a relucir esa época donde los plenos terminaban como el rosario de la aurora. Con lo cual se hacía necesaria la intervención de la Policía Local y también la de algún facultativo porque había concejales que terminaban m idiendo el suelo por mor de algún soponcio verídico o simulado. Que de todo había.

Burdas escenas que se hicieron frecuentes y acabaron por ser celebradas con gran regocijo por quienes contaban los días para asistir a a una nueva sesión plenaria con trazas de vodevil.

Pues bien, cuando parecía que aquellos desatres habían perdido actualidad, María Antonia Palomo se encontró con lo que jamás hubiera podido imaginar; con algo que ella calificó de vergüenza nacional: la traición protagonizada por Susana Bermúdez. Una tragicomedia que hundió a un partido que ya venía dando tumbos sin cesar, durante muchos años.

En aquella entrevista, 26 de octubre de 2003, la secretaria general de los socialistas estaba eufórica porque confiaba ciegamente en que José Luis Rodríguez Zapatero iba a ganar las elecciones. Y, por consiguiente, auguraba un despegue de su partido en todos los aspectos. Y sonó la flauta.: ZP se convirtió en el manda principal de España. Y María Antonia Palomo principió a soñar con ser presidenta de la Ciudad.

Legítimas aspiraciones, nunca fáciles de convertirse en realidad, y que ahora se han puesto imposibles para ella. Imposibles por culpa del tan cacareado fallo de ZP en Sevilla. Un desatino que aún sigue coleando y ¡lo que te rondaré, morena! Una nueva desgracia que ha puesto a los socialistas de Ceuta en el punto de mira de quienes los ven como personas poco interesadas por el devenir de Ceuta. Craso error y una injusticia en todos los sentidos.

Me consta que los socialistas de Ceuta, los de verdad, que los hay, están esperando que se haga realidad la visita de ZP y la del rey Juan Carlos a la ciudad. Y, en este caso, sin acordarse lo más mínimo de que ambos gestos puedan repercutirles favorablemente en las urnas. Sino que los desean para, como ceutíes que son, ser testigos de la reparación que está pidiendo a gritos el mal comportamiento del presidente. De todos modos, Toñi Palomo debe cambiar su discurso. Ya que defender lo indefendible es como echar más leña al fuego.
 

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