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ACTUALIDAD - MARTES 6 DE SEPTIEMBRE DE 2005

 


Un perro huele un alcantarillado. EL PUEBLO.
 

MEDIO AMBIENTE / ENVENANAMIENTOS
 

Denuncian la existencia de venenos letales en varias zonas de la urbe

Desde mayo se ha registrado el envenenamiento de más de una docena de perros, de los que la mayoría ha muerto
 

 
 


S.L.O.

sledesma
@elpueblodeceuta.com
 

El afán por controlar las plagas de animales que se reproducen masivamente en la Ciudad Autónoma (roedores y felinos, principalmente) ha llevado a que se utilicen venenos de tercera generación en exceso. Así, desde el pasado mes de mayo han sido más de una docena los perros que se han convertido en víctimas de esta actividad. Pero el problema no sólo radica en que cerca de una decena de esos canes haya fallecido, sino en que aún se desconoce quién es el artífice de la utilización de estas sustancias mortíferas para animales y nocivas para las personas. Por eso, un grupo de veterinarios de Ceuta ha emprendido su particular cruzada para desenmarañar lo que empezó “como un simple envenenamiento”.

Los profesionales que han hecho saltar la voz de alarma ya han comenzado a realizar una campaña de recogida de firmas con el objetivo de propiciar una investigación por parte de la Ciudad Autónoma que dé como resultado el responsable de la colocación del veneno; una iniciativa a la que tiene intención de sumarse a la Sociedad Protectora de Animales y Plantas de Ceuta, según manifestó ayer la vicepresidenta de la entidad, Patricia Laguillo. “Tenemos conocimiento de los envenenamientos de perros y nos gustaría sumarnos a la propuesta para que se investigue”, dijo Laguillo, quien se mostró compungida por estas acciones que “no sólo afectan a los perros, sino que una niña ha acabado en el hospital por encontrar veneno y llevárselo a la boca”, puntualizó la vicepresidenta de la entidad.

La Ciudad exime su culpa

Así las cosas, la aplicación descontrolada de venenos en varias zonas de la ciudad también podría desencadenar tragedias personales. “En la Consejería de Sanidad nos dijeron que los envenenamientos no se han podido producir por los raticidas que ellos emplean, pues nos aseguraron que para que un perro muera por esos venenos tendría que comer cubos de ellos”, manifestaron los veterinarios. Y así se reiteró ayer desde el Servicio de Control de Plagas, dependiente de la Consejería de Sanidad. “Nosotros utilizamos raticidas de primera generación (cumatetralilo), que son anticoagulantes de uso ambiental y doméstico que exclusivamente utilizamos en exteriores, concretamente, en alcantarillados y vertederos”, se indicó desde el departamento.

El Servicio de Control de Plagas “cuenta con personal con formación específica para aplicar estos productos” que son “de difícil acceso porque se introducen con una varilla por las alcantarillas”, se puntualizó desde la Consejería. Además, desde el departamento se considera que estos raticidas “no son atractivos para los perros porque uno de ellos está inmerso en una sustancia parafinada y otro es una especie de cereal sólo atractiva para roedores”. La vocalía del servicio hizo hincapié en que “los roedores tienen que comer varias veces de esa sustancia para empezar a notar los efectos, por lo que un animal más grande tendría que comer cantidades enormes para tener algún tipo de reacción”.

Un veneno letal

Los veterinarios han encontrado tres tipos diferentes de posibles venenos, por lo que las opciones se abren a productos de tercera generación. Una de las posibilidades más catastróficas que maneja el colectivo es el de que las muertes se hayan provocado “por un veneno que se trae de Marruecos del que apenas se sabe algo”, nada más que es de última generación. La ausencia de logotipos y de cualquier tipo de grafía hace que la búsqueda de sus componentes sea un rompecabezas y que el colectivo se tema lo peor. “Si es el veneno de Marruecos estamos perdidos”, aseguraron, puesto que se ha llegado a barajar la posibilidad de que los animales tan sólo con haberlo pisado y lamido sus patas después, se hayan envenenado.

Análisis

Sin embargo, el colectivo de veterinarios que se encuentra luchando para saber qué tipo de veneno ha sido el causante de las muertes de los animales no descarta ninguna posibilidad. Por eso, desde que se registraron los primeros casos decidieron indagar más allá de las meras confirmaciones de la Ciudad. “Tenemos varios hígados y heces de perros que han muerto por este veneno; los dueños nos han dado permiso para que, a partir de estas muestras, podamos llegar a saber qué tipo de veneno se ha utilizado”, informaron los profesionales. Así, estos restos han sido enviados a un laboratorio de Barcelona para ser analizados, aunque los resultado aún se demorarán un tiempo, puesto que “hay más de 230.000 raticidas y nosotros intentamos dar unas pautas para que se comparen con los que tendrían más posibilidades, porque conocemos que se utilizan”.

Los análisis, de cuyo costo se está haciendo cargo el colectivo de veterinarios, ofrecerán un eficaz resultado de quién es el responsables de estas actividades. La Ciudad, por el momento, queda eximida de culpa si sus productos de desratización, en realidad, no son tan tóxicos y accesibles para los animales y las personas.
 

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