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OPINIÓN - DOMINGO 9 DE ABRIL DE 2006

 

OPINIÓN / EL OASIS

José María Gutiérrez, Guti
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Luis Aragonés ha decidido que Guti no vaya al Mundial de Alemania. Y la prensa de Madrid empieza a mover los hilos contra lo que consideran una injusticia. Con lo cual no me extrañaría que el seleccionador pudiera cambiar de opinión si acaso le ponen por delante la justificación correspondiente para que pueda rectificar en el último momento. Y es que los intereses comerciales y las amistades poderosas son capaces de obrar el milagro correspondiente.

La culpa de que José María Gutiérrez, Guti, no sea un jugador indiscutible en su equipo y en la selección la tienen quienes han insistido en que éste debe ser alineado en cualquier sitio, con tal de que no sea suplente. Grave error. Y, claro, han conseguido que al futbolista, por más que traten de cantar sus excelencias, se le hayan ido viendo unas deficiencias que siguen acrecentándose a medida que juega más y en posición equivocada.

Fue Vicente del Bosque, por pura necesidad, quien colocó a Guti en una zona donde ni su lentitud, ni su indolencia a veces, ni su lado ciego, ni sus regates innecesarios, ni, por supuesto, su falta de capacidad para el marcaje y la anticipación, fueran trabas para el equipo. Y, desde luego, para que el público del Bernabéu no lo tratara despectivamente y en ocasiones de manera injusta. Algo que estaba ocurriendo y que amenazaba el crecimiento deportivo de un jugador en quien el club había depositado mucha confianza.

Esa zona estaba por detrás del delantero más avanzado. Y en ella, cualquier perdida de balón no suponía peligro para el conjunto. Amén de que las exigencias defensivas eran menos. Desde esa media punta, un término futbolístico, los pases de Guti hacían mucho daño y qué decir de sus llegadas desde atrás. Y, por supuesto, su tiro desde la media distancia. Ah, tampoco podemos olvidar que esa situación le permitía controlar la salida de cualquier zaguero contrario.

Jugando así, los goles de Guti iban llegando y, aunque me toque redoblar el tambor, sus pases causaban estragos entre los defensores. De esa manera estaba jugando cuando a Ronaldo lo fichó el Madrid y presenció su primer partido desde el palco del Bernabéu. De ahí que nadie pueda extrañarse que el brasileño se confiese rendido admirador de uno de los jugadores a quien, entonces, se le discutía todo. Y es que el delantero pensó, rápidamente, que el juego de aquel compañero era el más apropiado para ponerle el balón en los espacios libres y... zas: gol.

Mas el hombre propone y los intereses disponen. Y ese lugar en el campo estaba destinado para otros jugadores. Es cuando la suplencia de Guti se empieza a cuestionar, después de haberlo visto hacer goles y jugar muy bien en posiciones avanzadas; incluso como delantero flotante. Y se pide encarecidamente, por parte de los periodistas deportivos, que se le haga un hueco en la zona vital del medio terreno. Y presionando a los entrenadores para que lo usaran como volante para todo, lo que hicieron fue obligarle a actuar en espacios tan grandes que se pierde y comete desatinos defensivos e interviene muy poco en el juego.

Y cuando lo hace es practicando un fútbol de pases cortos y horizontales, que suponen problemas para su equipo. Y es que el ritmo cansino que impone Guti en la medular es una rémora para un equipo que no puede estar siempre esperando sus dos o tres pases excelentes entre los defensores. Sería injusto olvidar que el jugador viene poniendo todo su empeño para salir airoso en la misión que le encomiendan. Pero carece de aptitudes para tal menester. Aun así, Guti podría haber tenido un sitio en la selección. Jugando o esperando su oportunidad, como media punta. Pero tal vez no le caiga muy bien a quien decide.
 

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