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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 09 DE AGOSTO DE 2006

 

OPINIÓN / MIS COSAS

Mis cosas
 


ADE
ade
@elpueblodeceuta.com
 

Si hay algo que me encanta presenciar, desde la atalaya de privilegio que tengo, es el montar y desmotar de las atracciones instaladas en el recinto ferial. Todo un ritual que, jamás, me quiero perder.

Cada año, a la hora marcada, acudo a la cita para contemplar ese espectáculo único de aparecer y desaparecer, como por arte de magia, todos aquellos artefactos que, durante nueve días han formado parte, de alguna, forma de nuestras vidas.

Faltaban veinticuatro horas para el inicio de las fiestas patronales y no había instalada, al completo, ninguna atracción.Y, de pronto,cuando sólo faltaban unas horas, como si de un juego de magia se tratase, se encienden sus luces, suenan sus sirenas y todo está a punto para iniciar su andadura durante nueve días. ¡Que grandioso espectáculo!

De momento, esos nueve días, han pasado con la velocidad del rayo, y llega la hora de desmontar todo el tinglado. Las luces se han apagado, las sirenas anunciando la puesta en marcha de las atracciones han cesado, nos dicen adiós, hasta el próximo año.

Y en un abrir y cerrar de ojos, no queda nada, con la misma velocidad que surgieron han desaparecido no sin antes, un año más, dejar grabadas en mis retinas toda esa grandeza de ese espectáculo único, de montar y desmontar las atracciones del recinto ferial.

Espero y deseo estar, el próximo año, en mi privilegiada atalaya, para volver a contemplar ese único espectáculo que mañana, seguramente, se volverá a dar en otros lugares, en otros pueblos, e igual a otras personas, como a mi, les guste contemplar todo ello.

Ha sido una feria tranquila y divertida, que es como deben ser las fiestas patronales.Y parte de culpa, de que hayan sido así, la tiene la juventud sin distinción de credos o razas.

La juventud, cada día más preparada es la que, al final, impondrá su ley, desterrando esos tabú es arcaicos y trasnochados que algunos tratan de imponerles queriéndoles, como dicen ellos, comerles el “coco” basándose en idea de épocas ancestrales y que, ya, la juventud pasa olímpicamente de ellas porque, a mayor cultura, mayor dificultad para querer guiarlos como a borregos.

Y que conste, en acta, que al decir lo de la juventud, me estoy refiriendo a la juventud que forman las cuatro culturas del pueblo ceutí.

Han dado una, auténtica, lección de saber estar y demostrar que a la feria hay que ir a divertirse y a pasarlo bien, apartando, de su lado, a todos esos “metepatas” que sólo saben destrozar la diversión de los demás.

He visto cosas, en el recinto ferial que, hace años, eran imposibles ni siquiera imaginar que pudiesen suceder. Cosas que me han llenado de satisfacción al comprobar que, todas mis ilusiones y toda mi confianza depositada, en nuestra juventud sin distinción de credos o razas, no me ha decepcionado. Gracias, a toda esa juventud, por lo que habéis sabido aportarme.

La cultura es, sin duda alguna, la mejor arma para luchar contra las desigualdades y acabar, con todos aquellos a los que se les ha parado el reloj del tiempo en siglos pasados, y que no quieren, bajo ningún concepto, que avance para no perder todo el poder sobre los demás y seguir viviendo del cuento.

Cada año acuden muchos más jóvenes a las universidades, y que con la cultura adquirida, en las mismas, cuando regresan descubren que no pueden aceptar unas formas de vida que dictan mucho de ser, por la cultura adquirida, la que dirijan sus vidas.

Esa es la gran rebelión de la juventud y que nada, ni nadie, va a poder detener por mucho que quieran imponerles, todos aquellos, que saben que su mandato, sobre la juventud, está cimentado en mantener unas costumbres y unas leyes ancestrales que ven, con desesperación, como van perdiendo su poder, al mismo tiempo que la juventud adquiere mayor cultura.

Será una lucha larga la que tendrá que mantener la juventud hasta conseguir su objetivo. Una lucha titánica contra todos aquellos que saben que perder su dominio, sobre la juventud, es su total desaparición y el dejar de vivir de un cuento mantenido durante mucho tiempo, sólo en su propio beneficio.

La juventud hará que se acaben todos esos tiranos que, en estos momentos, incluso gobiernan sus vidas, teniéndolos sometidos a un sistema de vida de opresión y dictadura

Pero, al final, la juventud, mal que les pese a todos esos dictadores de las vidas ajenas, ganará la batalla e impondrá su ley. Una ley de libertades y sin estar sujetas a perjuicios algunos por la diferencia de sus razas o credos.

La cultura es el miedo de los dictadores. Por ello, cuando llegan al poder, se afanan en acabar con todos los intelectuales.

Cada día, hay más jóvenes adquiriendo una mayor cultura y, esa, será su mejor arma para la victoria final.

No sé cuándo se producirá pero sé, con toda certeza, que llegará.Y ese día, me gustaría poder contemplar, desde mi privilegiada atalaya, la gran victoria de la juventud.
 

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