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OPINIÓN - SÁBADO, 12 DE AGOSTO DE 2006

 
OPINIÓN / PERSONAL Y TRANSFERIBLE

Vocaciones políticas

Por Domingo Ramos


Según los cánones la vocación es una “inclinación” a cualquier estado, profesión o carrera. Luego se trata solo de una “inclinación” no de un deseo vehemente, no un interés desmesurado por alcanzar cierto estatus en la vida o adelantarse al destino que se nos tiene reservado en la sociedad, porque si nos ponemos a pensar y nos preguntamos: ¿si no conoces la medicina, la abogacía o la política como vas a tener inclinación vocacional para alguna de estas ramas profesionales?

Luego la vocación no existe. Todo sea que en la mente de algún que otro interesado se quiera demostrar, por ejemplo, que tiene vocación de político. Y el tal fulano se lo cree y se lo toma tan a pecho que se dedica a su “vocación de toda la vida” (Dios nos libre de los políticos vocacionales).

No se nace político, sino que éste se hace y así vemos que hay quienes han elegido esta situación por interés a fin de lograr una mejora en su situación económica y social. Aprovecharse de conocimientos, contactos o relaciones para que sus hijos alcancen siquiera sean los estudios primarios, la terminación de una carrera o el empleo que les sitúen profesionalmente en la vida y de camino liberarse del cumplimiento de unas labores por cuenta ajena, de horarios fijos o de jefes a quienes obedecer. Figurar en letras de molde de los medios de comunicación escritos, ocupar espacios en la ondas radiofónicas, en tribunas o en cámaras de televisión. O sea, toda una “vocación” de figurar y de aprovecharse de la situación creada. ¿A eso se le puede llamar vocación política?

Tambien puede ser que para alcanzar sus deseos y colmar sus ambiciones, hayan ido adquiriendo con su trato profesional, a través de los más diversos vericuetos, conocimientos de personas, acercamiento a políticos como asesores o colaboradores o desarrollando una estudiada labor de ayuda y prestación “desinteresada de servicios”, con exposición de ideas y puesta en practica de las mismas hasta alcanzar la total confianza de los mandamases de turno.

Y si hay que “tocar” otros puntos fuera de lo que normalmente consideramos políticos, o sea, miembros de los partidos, se hacen amigos de tal procurador o senador (que mantienen contacto con los Ministros y dirigentes del Partido al que ya se han afiliado), tratan con Secretarios de Estado Subsecretarios y, si es posible, con los mismos Ministros.

Acuden a conferencias, charlas o mítines en lugar visible y, por último, actúan de “teloneros” en cualquier acto electoral donde, con estudiados movimientos, léxico escogido, alabanzas a los dirigentes, a la ideas del partido y a la numerosa concurrencia empieza su periplo que, de seguro, no acabará hasta que, según piensan ellos, no alcancen las mas altas cotas de poder. A veces, claro está, falla y vemos como quienes han querido ser altas torres, cual castillo de naipes en la angosta vía del transitar político, se caen de golpe y se quedan solos, destrozados y repudiados sin llegar nunca a la meta que se habían propuesto conquistar.
 

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