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OPINIÓN - LUNES, 11 DE DICIEMBRE DE 2006

 

OPINIÓN / PERSONAL Y TRANSFERIBLE

Renovarse o morir
 


Domingo Ramos
domingoramos@elpueblodeceuta.com

 

Se acercan las Navidades y los partidos políticos de corte europeo, o mejor dicho, no islámicos, se preparan para empezar la campaña electoral con el “vino de navidad” que organizan en el que suelen intervenir el secretario general de la entidad, el presidente y, por último, el candidato designado (y decimos “designado” ya que sepamos, en la mayoría de los casos, no interviene ningún afiliado de base para la nominación del aludido candidato ni, por supuesto, para la composición del resto de la candidatura), que aprovechan el momento para aparecer en los medios de comunicación, prensa, radio y televisión y largar el conocido “espiche” de felicitación, realizaciones y futuros proyectos para el mejoramiento de vida de los ciudadanos.

Y no se dan cuenta de que los afiliados y simpatizantes se cansan de ver siempre y en los mismos sitios a las mismas personas (excepción hecha de Juan Vivas que logra el consenso no solo de sus partidarios sino de la mayoría del electorado) o sea: los que han hecho de la actividad política, que debe ser digna de reconocimiento por parte de la ciudadanía hacia quienes la ejercen, una ocupación profesional además de muy bien retribuida que aprovechan para favorecer intereses particulares, familiares o de empresas. Son personas que han escalado a cargos públicos apoyados por otros compañeros de la misma clase o calaña a base de adulación y siempre con un interés desmedido y única intención de lograr sus ambiciones. A estos últimos va dirigida la recomendación de que se deben modificar las relaciones de candidatos pues llegará el momento en que por parte del electorado (aunque mientras siga en vigor al actual Ley Electoral que obliga la emisión del voto a través de listas cerradas no podrá lograrse) se pueda girar al “gremio de los pasotas”, es decir, “ahí os quedáis que yo, aunque con ideales de ese partido, no voto y me paso a la abstención”. Todo ello, ante la falta de perfil (palabra que ahora se utiliza mucho para describir el conjunto de rasgos peculiares que caracterizan a las personas) de algunos de los designados y las otras “lindeces” enumeradas, produce el rechazo y hace que se estime la remoción de quienes legislatura tras legislatura, bien como parlamentarios nacionales o consejeros locales, vienen ocupando lugares de relevancia en las listas de sus partidos y, consiguientemente, alcanzando un puesto que aunque a veces se “acepta de forma testimonial por ayudar a la entidad”, de ninguno de estos conocemos que entregue la consignación que mensualmente percibe a causas benéficas o al mismo Partido (ya pueden ir tomando ejemplo de Aznar, de Bono de Ibarra, etc.).

Hace falta, pues, un cambio de personas de esas que no cumplen los requisitos mínimos, que se han pasado de rosca, en definitiva, que ya están muy vistas e inyectar sabia nueva a la composición de los equipos de futuros dirigentes que vayan a presentarse a las elecciones. Sin que nos valga tampoco aquello de, por ejemplo,” te quito de diputado o senador y te pongo con un número de los de arriba para que aproveches tu jubilación (por cierto muy bien dotada económicamente) y percibas los emolumentos que te correspondan, que si te asignan una Consejería pueden llegar a mas de 6.000 ¤ mensuales, o sea, un milloncejo de nada. Estas artimañas y la de los posibles pactos que se suelen formalizar después de las elecciones, obligando a seguir líneas de conducta y programas con los que el electorado no comulga (véanse si no las elecciones catalanas) hacen sembrar el descontento y, para evitarlo, vienen a exigir aquello que aconseja la conocida frase de “renovarse o morir”.
 

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