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OPINIÓN - VIERNES 6 DE ENERO DE 2006

 

OPINIÓN / EL OASIS

Regalo de los Reyes Magos
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

José Antonio Rodríguez es viceconsejero de Turismo en una ciudad donde algunos comerciantes, los más destacados, son muy exigentes con él. No ha mucho le pidieron, más o menos, que trajera turistas con la cartera repleta de billetes a fin de que los comercios hicieran buenas cajas. Lo que no le impusieron aún, todo se andará, es los sitios donde esos dineros han de quedarse.

Dichos comerciantes, algunos de los más florecientes, no gustaban de la llegada de esos visitantes, mayormente andaluces, que arribaban a la ciudad para conocerla, por primera vez, en muchísimos casos. E hicieron todo lo posible porque se suspendiera la labor que estaba haciendo el viceconsejero. Lo cual fue un golpe bajo para alguien que había depositado muchas esperanzas en que Ceuta fuera conocida por cuantas más personas mejor.

Los visitantes del sombrerito, conocidos así porque lucían uno como distintivo, fueron siempre mirados con indiferencia por quienes piensan que esta ciudad ofrece motivos suficientes para que lleguen a ella ricos turistas, procedentes de todos los rincones del mundo. Y están en su perfecto derecho de imaginarse esa posibilidad. Faltaría más. Pero también han debido pensar que José Antonio Rodríguez no ejerce todavía como taumaturgo. Vamos, que el hacer milagros es algo que lo tiene él por muy complicado y, por tanto, sigue, con muy buen criterio, desechando afrontar semejante posibilidad.

Cierto que el viceconsejero, nadie es perfecto, empezó su tarea de manera total y absolutamente contraria a ciertos antecesores suyos en el cargo: es decir, desestimó viajar a las Américas para cantar por allí las excelencias de esta tierra y las ventajas que ofrecía para quienes viniesen a comprar.

Así, José Antonio pecó de cortedad de miras. Con lo fácil que le hubiera sido regalarse, verbigracia, un viaje por tierras del Méjico lindo y señorial. Parece mentira semejante desatino; sobre todo teniendo tan a mano a Fernando Jover, quien no hubiera dudado lo más mínimo en ofrecerse como cicerone. Pues no olviden que el director de la UNED es todo un personaje por aquellos pagos.

En cambio, a José Antonio Rodríguez se le ocurrió la idea de viajar por todos los pueblos blancos de Andalucía para explicarles a sus alcaldes que influyeran en los ciudadanos para que vinieran a Ceuta por un precio módico. Y allá que los ciudadanos empezaron a llegar y pusieron la nota de color en las calles.

El sentido común me dice que tales personas no traían la faltriquera llena, y, por tanto, sus gastos serían los mínimos. Si bien creo que produjeron otros beneficios que debieron ser valorados por quienes le dijeron a Juan Vivas que ese no era el camino que debía seguir la viceconsejería de Turismo. Y, zas, un informe de la Cámara de Comercio echó por tierra el trajinar constante del hombre que no quiso, desde el primer momento que tomó posesión de su cargo, dar muestras de aires de grandeza.

A partir de ahí, me consta que José Antonio Rodríguez pasó por momentos donde le pudo cierto desánimo y se le veía hasta con los andares cambiados. No lucía esa alegría permanente que todos le conocemos. Pero ese estado de desánimo le duró bien poco: ya que como hombre baqueteado en la calle volvió a las andadas; que es ir haciendo proselitismo de su ciudad por todos los rincones de la sierra gaditana, de la Costa de la Luz y, por supuesto, desde el primer pueblo al último de una Andalucía que está tan cerca de nosotros, pero tan lejos a veces.

Todo ello viene a cuento, porque he leído las cifras de turistas que nos han visitado, según lo declarado por el viceconsejero. Un buen regalo de los Reyes Magos, merecido, para él.
 

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