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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 05 DE JULIO DE 2006

 

OPINIÓN / ESPAÑA CAÑÍ

Moralina de la fina
 


Nuria Van Den Berghe
nuriavandenberghe
@elpueblodeceuta.com
 

¿A que les cuento una cosa y alucinan? ¿Saben lo que dicen los cacereños de los de Badajoz? ¿Qué lo cuente de una vez? Pues no se, para el mísero estipendio que me tiene asignado mi editor, consistente en enviarme de cuando en cuando y por auténtica caridad la foto de un sabroso bocata de calamares por internet, ya con decir “buenos días” estoy cumplida, pero, en este caso, para evitarme una colleja del director les contaré que dicen “Badajoz, tierra de Dios, andan los carnudos de dos en dos”. ¿Qué si el articulejo va de Extremadura y de las buenas artes y ardiles de Rodríguez Ibarra?.No. Va de valores, de moral y de moralidad, algo con lo que puedo relacionar a Rodríguez Ibarra porque es un tipo que presenta el valor intrínseco de decir lo que piensa, sin doblegarse ante vasallajes impuestos desde la sede central de los sociatas en calle Ferraz. La autenticidad es un raro lujo en los tiempos de la moral babosa, que no se llama tal, sino que responde al más apropiado calificativo de “moralina” y si por medio hay algún onegetista o algún profesional de la buena conciencia se llama “moralina de la fina”.

En eso los neoconservadores somos muy mirados y tiramos de recanchondeíto , aunque, hasta ironizando y sacando aristas al tema, el onegetismo es la hipocresía en plural y tiene falsario y farisaico hasta la denominación de ONG, es decir Organización No Gubernamental, cuando todos esos inventos viven de chupar del Gobierno y de las Instituciones públicas, es decir que, por sus medios de financiación se tienen que llamar OSGs “Organizaciones Si Gubernamentales” porque chupan con avidez de la teta de las subvenciones y sus miembros suelen ponerse sueldecitos por hacer caridad profesional y por ahí los neocons no pasamos. Pasamos por organizaciones, asociaciones o como pollas en vinagre se denominen que practiquen caridades sin cobrar un céntimo, solo sustentándose con los dineros de sus socios o de sus colaboradores y donde nadie en absoluto pueda trincar jornal por ejercer de caritativo, al revés, los auténticos onegestitas son fontaneros, maestros, parados o profesionales de cualquier rama que arriman parte de sus ganancias a su organización para mantenerla, pero sin aceptar ni agua del Estado, porque si el Estado financia se pierde la independencia, si se mama del Gobierno se es osigé que no oenegé. Hablemos con propiedad y digamos la verdad, porque ser auténtico es una forma superior de moral y una demostración de poseer y funcionar en base a una auténtica escala de valores.

¿Qué cuales son los valores de los denominados “Profesionales de la buena conciencia”? Pues tener deben tener alguno, pero yo solo les aprecio el llamado “buenismo” es decir, la práctica profesional de la bondad, algo que suele ser bastante histriónico y tener una clara raíz de desequilibrio psíquico o alternativamente de contumaz cara dura. ¿Qué cual es su himno? Pues he buscado por internet y es el “Opá vi jasé una oenegé y me vi a forrá”. ¿Qué murmuran? ¿Qué pueden haber oenegetistas “auténticamente caritativos?.

Por supuesto, si no tienen sueldo ni se llevan un duro a cambio de ejercer de Damas de la Caridad les alabo el mérito y si encima no aceptan del Gobierno absolutamente nada sino que se autofinancian con sus trabajos y los donativos de los colaboradores demuestran altura moral que no moralina de la fina y son dignos de halago. Para ayudar, les garantizo, no hay que organizarse, ponerse siglas y montar un remedo de despacho con ordenador, eso que se llama “gastos de infraestructuras”, la logística se la monta cada cual según sus haberes. ¿O es que no se han fijado ustedes en las Hermanitas de los Pobres o en cualquiera de esas santas mujeres con hábito que ayudan a los más pobres, a los más ancianos, a los niños o a los enfermos? ¡Cuidado con esas lenguas! No me vengan con que el Estado financia a la Iglesia Católica, porque lo que hace el Estado es utilizar nuestros dineros, es decir, dineros cristianos en sostener malamente y en parte, racanamente y en mísero a “lo nuestro” y eso “nuestro” son nuestras raíces históricas, culturales, filosóficas, espirituales y patrimoniales, algo con cuyo sostenimiento estamos todos los católicos de acuerdo. ¿Qué que pasa con los ateos llamados eufemísticamente “laicos”? Pues a los ateos les aconsejo que se den una vuelta por Valencia, esa ciudad que palpita de felicidad ante la llegada del Sumo Pontífice y donde acudirán millones de criaturas para demostrar que quien nos llama “la muy católica España” no yerra en absoluto.

¿Otra vez mascullando? ¿Qué que pasa con los islámicos? Pues no pasa nada, pasa que la ciberderecha neocon exige que no suplica, reciprocidad absoluta: por cada mezquita en Occidente se levanta un templo cristiano en un país islámico, subvenciones y ayudas paritarias y libertad absoluta para ejercer apostolado y hacer conversiones, tanto del Islam en Occidente como de Occidente en el Islam .Nos crean, nos atiendan, para el respeto y el diálogo entre civilizaciones, por muy dispares que sean los siglos en los que viven y sus respectivos avances científicos y tecnológicos, la más estricta, absoluta y total reciprocidad es condición indispensable, si no hay trato igualitario hay mamonéo y tocacojonismo, es decir, existir de tocar las pelotas al contrario y ese fenómeno acaba siempre por estallar, por reventar, por joderse, por explotar y por acabar muy pero que muy malamente. O las relaciones son estrictamente paritarias o no pueden llamarse “relaciones” y eso es lo que no se atreven a entender los profesionales de la buena conciencia ni los de la moral onegetista subtitulada “moralina de la fina”. ¿El antídoto contra los eventuales ataques de la moralina? La autenticidad, la dignidad y la defensa de nuestras raíces y de nuestros valores. Porque los tenemos, porque son nuestros y porque son una pasada. Tíos, siendo occidentales nos ha tocado la lotería de la Historia, se lo juro, que no se lo prometo, para mi moral lo digno es jurar.
 

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