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OPINIÓN - JUEVES, 06 DE JULIO DE 2006

 

OPINIÓN / EL OASIS

Aburrirse en Ceuta
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Soy de los que opinan que tiempos pasados nunca fueron mejores. De ahí que a nadie se le ocurra tacharme de misoneísta; es decir, de ser hostil a las novedades. Ahora bien, lo que sí es cierto que otrora ante la carencia de medios y adelantos, quienes ejercían cualquier oficio tenían que dar muestras de grandes conocimientos para salir airosos de las pruebas a las que se veían sometidos. Y, sobre todo, estaban obligados a mirar por un duro de la empresa, por razones obvias. Ejemplos hay muchos y podría ir enumerándolos, pero tampoco me son necesarios para contar lo siguiente.

Carlos Orúe es un entrenador muy valorado en la categoría donde suele entrenar. Porque cuenta en su haber con varios éxitos que avalan su trabajo. El último que ha realizado con la Asociación Deportiva Ceuta, debe catalogarse como extraordinario. Lo dice alguien que se especializó en tales tareas y conoce muy bien las dificultades que entraña sacar a un equipo del abismo a marcha forzada.

Ese buen hacer del técnico jerezano, con quien jamás he hablado ni poco ni mucho, no dudé en reconocerlo desde las páginas de este periódico. Y sigo pensando que su renovación ha sido un acierto de la actual directiva. Pues en este entrenador se dan varias cualidades que le permiten gozar de una condición magnífica para que el primer equipo de la ciudad camine con paso firme esta temporada.

Sin embargo, a uno que le pagan por opinar y que, por lo tanto, ha de estar pendiente de cuanto se cuece a su alrededor en lo tocante a las actividades públicas, le ha extrañado las declaraciones que Orúe hizo el lunes pasado, en este periódico, relacionadas con la necesidad que tiene de que le contraten los servicios de un ayudante. Es decir, de un segundo entrenador y a ser posible, lógicamente, que éste sea de su total y absoluta confianza.

En esas declaraciones, Orúe cuenta que ya tiene un preparador físico, un fisioterapeuta, un ATS, y, como estoy citando de memoria, no sé qué misión desempeña la cuarta persona que forma parte de su equipo. Me imagino que será un entrenador de porteros.

Todo un lujo, sin duda, si nos detenemos a pensar que Orúe es entrenador de un equipo de Segunda División B cuyo mayor interés radica, según quienes lo subvencionan, en no derrochar un dinero del que la Ciudad, desgraciadamente, está escaso. Ya que no corren buenos tiempos y son los socialistas quienes manejan las llaves de los caudales en Madrid. Con lo que ello significa.

Pero bueno, eso es harina de otro costal y no quiero desviarme de lo que considero más principal en estos momentos: los argumentos que ha esgrimido Orúe para informarnos de la necesidad que tiene de que le firmen un segundo entrenador.

Aclara el técnico que al no vivir en Ceuta con su familia le puede la soledad y el aburrimiento y está necesitado de una persona con la que hablar de fútbol todo el día. Una persona que, además, le permita a él encerrarse entre vídeos y preparar resúmenes con que instruir a los futbolistas sobre cómo juegan los rivales.

Y, créanme, leer lo relatado por el entrenador gaditano y entrarme unas ganas locas de pedir una cita para entrevistarme con quien confiesa algo así, para ver si, días después de lo dicho, todavía sigue pensando lo mismo, es mi mayor deseo. Porque de no retractarse de ello, yo le recomendaría que, en vez de un segundo entrenador, lo que más necesita es un jefe de relaciones públicas. Te pregunto, Carlos Orúe: ¿cuándo la soledad y el aburrimiento impuestos por intereses propios, debe ser motivo para que el club haga un gasto millonario? Te has equivocado en el planteamiento. Y, desde luego, en Ceuta se aburre quien ya de por sí es aburrido. No lo olvides...
 

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