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CULTURA - LUNES, 10 DE JULIO DE 2006


alicia rodríguez. reduan.

instituciones penitenciarias / reportaje
 

Hundir el ‘guetto’

La segunda edición del curso de verano de ‘Los Rosales’ acoge a 23 alumnos. Alrededor de 1050 internos se han matriculado en la Uned para el próximo curso n Las diplomaturas en Empresas y Turismo, principales opciones
 

CEUTA
Elsa Cabria
elsacabria@elpueblodeceuta.com

Estocolmo está conquistando Varsovia. Esta es la sensación que desprende la directora de los cursos de verano que la Universidad Nacional a Distancia lleva a cabo, por segundo año consecutivo, en la prisión de ‘Los Rosales’. El trabajo de Alicia Rodríguez como profesora de Derecho Penal le ha dado las armas precisas para creer que la reinserción social de los internos es posible. El síndrome contra el ‘guetto’ porque “todo el que está dentro tiene que salir irremediablemente”. Un experimento integrador en lucha permanente contra el estigma social que implica haber pasado por la cárcel.

‘Salud mental, habilidades sociales y reinserción en el medio penitenciario’ es el título del seminario elegido por los 23 alumnos -8 mujeres- que han vuelto a coger los libros durante la temporada estival en Ceuta. De ellos, 5 son ‘reincidentes’. “Repiten porque el año pasado salió todo perfecto”. Un médico y una psicóloga abren las puertas de su percepción para que puedan mirarse por dentro. “Es básico que sepan enfrentarse y soportar el rechazo inicial de la sociedad”, explica Rodríguez. Un carácter participativo, dialogante y entusiasta es la condición que se repite en cada uno de los estudiantes que conforman este proyecto que, a nivel nacional, alcanza ya su tercera edición en seis centros del país. “Que puedan mantener la cabeza ocupada es fundamental”, señala.

Y ¿qué sucede cuando llega septiembre?, “muchos internos que tienen el título de Bachillerato se matriculan en la universidad”. Aproximadamente 900 en 2005 y para el próximo año se han inscrito 1050 a través de cuatro convenios con la Generalitat de Cataluña, el ministerio de Defensa, la Uned y el ministerio de Asuntos Exteriores. El último caso es el más llamativo: españoles en prisiones extranjeras (Estados Unidos, Francia, Japón o Australia, entre otros) que quieren estudiar. “Son pocos cada año, pero su presencia es significativa; es una demostración de que no hay lugar ni momento para aprender”, reflexiona Rodríguez.

De todos ellos, alrededor de 600 reciben una subvención que cubre la matrícula y los libros a cambio de un correcto rendimiento académico (4 asignaturas troncales u 8 cuatrimestrales aprobadas en 2 años).

El 'boom' turístico

En la cárcel es “lo mismo que en la calle”. A la hora de elegir carrera no hay diferencias. Derecho va a la baja mientras que Informática, Administración y Dirección de Empresas a la alza. Actualmente, las diplomaturas son un éxito y, en concreto, “Turismo está siendo un 'boom'”, apunta Rodríguez. Tres años de estudios a distancia en los que los exámenes no son una excepción ni en fondo ni en forma. En junio y septiembre un juez se traslada a cada centro -salvo Soto del Real que necesita cinco por su elevado número de alumnos- a realizar las pruebas. Después, en sobre precintado se envía a la central. ¿Los baremos? “Son los mismos que en el resto de universidades, totalmente implacables”. Y es que todos los alumnos son desconocidos y las garantías “deben” ser igualitarias, explica Rodríguez.

En la calle

El índice de aprobados es alto. En 2005, Instituciones Penitenciarias realizó un estudio numérico y sólo unas décimas distaban del número de diplomados de las universitarios externos. En el título que expide la Universidad a Distancia no se hace referencia a su período en prisión. “Es una extensión universitaria, nuestros alumnos son iguales que el resto”, insiste Rodríguez.

Teoría que en la práctica social no se cumple. Una vez en la calle es donde llega el problema. “La inmensa mayoría aspira a tener una vida normal, lejos de la delincuencia”. Las posibilidades de encontrar trabajo no son altas porque el grado de desconfianza prima. “Hay asesinos en serie y, a partir de ahí, a cualquiera se nos puede cruzar un cable”. A lo que añade, “Y luego están todos los que roban por necesidad, porque no tienen nada que comer; eso si es un drama”, lamenta.

La etiqueta de haber pasado por prisión deja marca, pero hay empresas que creen en la reinserción laboral de los internos y lo demuestran contratándolos. Rodríguez conoce un buen número de casos que han encontrado trabajo en libertad condicional. Incluso en tercer grado. Ejemplifica: un chico, licenciado en informática en ‘Soto del Real’ tenía una entrevista de trabajo y los contratistas no sabían nada de su singularidad. “Yo no les puedo engañar”-decía- “imagina que no consigo que me den el tercer grado”. Cargo de conciencia elevado a la enésima potencia. A esta gran preocupación Rodríguez le respondió: “y si un tren pasa por tu puerta, ¿lo vas a dejar marchar?”. Una de tantas personas que no cogió el expreso de medianoche, que huyo del ‘guetto’ de Varsovia. Con casos así, “¿cómo no voy a tener síndrome de Estocolmo?”. Una complejo trabajo para hundir la flota de la desconfianza social.
 


La ‘resocialización’: concepto clave en el futuro de los internos

La tendencia actual se dirige a montar, dentro de las instituciones penitenciarias, todo el circuito educativo del sistema de enseñanza español. En paralelo, y enfocado a un público adulto, se entablan convenios con institutos de cada zona. De esta forma, personas que comienzan con la alfabetización básica, “consiguen llegar al nivel universitario”, explica Rodríguez.

Una elevación del proceso de “instrucción” que se ve fuertemente representado en la etapa intermedia: los talleres productivos que tienen las prisiones. Con una perspectiva “resocializadora” del individuo, los internos realizan un trabajo ‘tipo fábrica’ con el que les da de alta en la Seguridad Social y cobran un salario simbólico que suelen enviar a sus familias. Cableado de lavadoras, calzado deportivo, ropa, pelotas de ‘pelotaris’, mil y un opciones curiosas en las que los internos invierten tiempo, sudor y energía con una finalidad: que las horas pasen más rápido.

A nivel internacional, Alemania, Francia, Lituania, Rumanía y España están preparando un proyecto de investigación estadístico, que se concluirá en 2007, en el que se comparará la calidad educativa de las instituciones penitenciarias de cada país y se pondrá sobre la mesa todo lo mejorable.
 


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