PortadaCorreoForoChatMultimediaServiciosBuscarCeuta



PORTADA DE HOY

Actualidad
Política
Sucesos
Economia
Sociedad
Cultura


Opinión
Archivo
Especiales  

 

 

OPINIÓN - DOMINGO, 23 DE JULIO DE 2006

 

OPINIÓN / ESPAÑA CAÑÍ

Un hombre de honor
 


Nuria Van Den Berghe
nuriavandenberghe
@elpueblodeceuta.com
 

Existen unos versos clásicos que he utilizado en numerosas ocasiones y hecho míos a lo largo de mi existencia, ustedes los conocen: “Al Rey, la hacienda y la vida se han de dar, pero el honor, es patrimonio del alma y el alma solo es de Dios”.

Que extraño, cuan hermoso don es el honor. Un gran desconocido para muchos, un valor anacrónico para algún que otro chupichanga, una referencia hermosa para cualquier persona digna y para cualquier hombre que se vista por los pies. Y hoy, precisamente quiero escribir estas letras en homenaje a Youssef N. de Tetuán, cuya historia ha aparecido en los tabloides malagueños para emocionarnos y para hacernos reflexionar sobre la solidez de los valores del ser humano, valores que no entienden de razas ni de religiones y que son universalmente aceptados. Después de leer el relato de las vivencias del tetuaní, me siento un mucho más orgullosa de haber nacido en las tierras áridas y bellas del Rif y poder llamarle “paisa” sin equivocarme, deseando llamarle “paisa”, conocerle y estrecharle la mano.

Youssef llegó en una patera, con sus veinte años cargados de ilusiones y un sinfín de proyectos en el alma: conseguir un precontrato de un buen patrón, arreglar los papeles, hacer esa llamada de teléfono especialmente mágica en la que se dice “Madre, ya tengo trabajo” que es una frase codiciada por todos mis paisanos, aunque el trabajo sea ahogarse bajo los plásticos de los cultivos prefabricados y penar a cincuenta grados envenenándose con los pesticidas. Los moros tienen aguante y tienen cojones para trabajar en lo que, los españoles rechazan por incómodo e insalubre. Mis paisanos tienen una bien merecida fama de currantes fiables en la agricultura, en la construcción y en la hostelería : si encuentras en un restaurante a un camarero moro no lo fallas: habla al menos tres idiomas y parece recién salido de una alta escuela de hostelería. Y las mujeres son las mejores cocineras de la tierra, fe puedo dar de ello. Pero Youssef no pudo hacer esa llamada fundamental en la vida de un hombre que tiene que dejar su tierra para buscarse la vida y luego regresar. Porque ¡es tan bello el regreso cuando se ha conseguido llegar y estar!. Pese a los agobios del Paso del Estrecho, pese a los cientos de kilómetros gastando lo mínimo y cargados hasta los topes, fatigados y ansiosos por ver el panel anunciador de Algeciras. Incluso el monarca Mohamed VI ha recibido en Tánger en alguna ocasión a los marroquíes residentes en el extranjero, esos que envían toneladas de divisas desde países sombríos en los que, malamente, se ve el sol . A Youssef no le hubiera importado acabar en uno de esos climas fríos e inhóspitos, o en una infravivienda de la banlieu francesa con la sola esperanza de ese mes encantado bajo los cielos profundos del verano marroquí, el mes de vacaciones de los inmigrantes.

Mala suerte. Le falló la baraka. Se le quebró la vida cuando tuvo que acudir a la puerta de la policía municipal de Marbella, desfallecido de hambre y de sed, zarrapastroso y desesperado a pedir ayuda “Soy marroquí, no tengo trabajo ni papeles y quiero volver a mi tierra porque no sirvo para robar”. Y esos policías que casi no le entendían y que tuvieron que pedir ayuda para enterarse de la tragedia personal del morito hambriento que no consentía en “buscarse la vida” delinquiendo o pegando tirones por las calles españolas, o acudiendo a un barrio marginal en busca de camellos que le hicieran confianza dejándole alguna china para vender. Porque hay solidaridad entre los maleantes de una misma nacionalidad, la misma que entre los currantes.

Youssef no llegó un poco más al Este, al poniente almeriense, donde, tal vez hubiera encontrado acomodo entre las ruinas de alguna cortijada y a algún paisano que le ayudara, porque la miseria hace a los hombres generosos y he visto a los temporeros, compartir lo poco que tienen con el recién llegado y repartir el pan y la sal con el que nada posee. Pero llegó a Marbella y allí no hay nada que hacer y menos que rascar para un moro ilegal y pobre ¿Qué por que no acudió a la gran mezquita? No lo sé, tal vez demasiado lujo, demasiado boato y demasiada realeza ¿Y el consulado? El más próximo en Algeciras.

Cuentan los policías que le dieron un botellín de agua y un bocadillo y contaron su historia a los compañeros “Este, antes que ponerse a robar prefiere que le expulsen ¡Que tío tan honrado!” Y los compañeros se lo contaron a los mandos “¡Ejemplo deberían tomar todos de este muchacho!” Y los mandos hicieron una nota de prensa y dicen que, los municipales que le llevaron en el coche a la comisaría para entregarle al grupo de extranjería, tenían los ojos húmedos y le despidieron con un fuerte apretón de manos :”Que la próxima vez tengas más suerte, Youssef”. Y los que le incoaron el expediente de expulsión hablaron de la dignidad, de la humildad y de la educación de ese muchacho marroquí que no asociaba el “buscarse la vida” con hacer algo malo o incorrecto.

Ayer apareció en el periódico la historia. Y me gustaría localizar a mi paisa, para saludarle, para tener el privilegio de estrechar la mano de un hombre de honor. Pienso en algunos “elementos” del barrio del Príncipe, de los “descontrolados” del pan pringáo, que tienen toda la suerte y todas las posibilidades del mundo, que pueden acceder a la educación , a la sanidad, a trabajar en cualquier punto de España y opino que, el sistema es muy injusto porque no permite cambiar a uno de esos mierdas por el admirable tetouaní Youssef ¡Que mierda de vida! Unos tienen todas las oportunidades y las desaprovechan y, los válidos, los buenos, los que se lo merecen, acaban pidiendo auxilio en la puerta de una comisaría, muertitos de hambre, estragaítos de sed… Coincidirán conmigo en que algo chirría en el engranaje y algo falla estrepitosamente. Pero me siento feliz y conmovida por haber contado esta historia, la historia de Youssef. Un hombre de honor.
 

Imprimir noticia 

Volver
 

 

Portada | Mapa del web | Redacción | Publicidad | Contacto