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OPINIÓN - MARTES, 25 DE JULIO DE 2006

 

OPINIÓN / EL OASIS

Polideportivo de Zurrón
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

El polideportivo de Zurrón es un escenario que estoy obligado a ver cada día. Vivo frente a él y por cualquier balcón de mi vivienda que me asomo se pone ante mí. Pero hasta antier no caí en la cuenta de que lo han adecentado y que ha quedado la mar de bien. La verdad es que le hacía falta un lavado de cara.

Hubo un tiempo en el cual este polideportivo gozaba de un magnífico ambiente. Yo lo recuerdo repleto de aficionados que acudían a presenciar diferentes competiciones deportivas. A lo mejor es porque contaba con el mejor animador deportivo que ha dado Ceuta: Pepe Benítez. Sea como fuere, el domingo me pasó con el polideportivo como suele ocurrir cuando se está haciendo limpieza de cajones y se encuentra un papel que te introduce en el túnel del tiempo y ve una época de tu vida con total y absoluta nitidez.

Estaba comprobando esa especie de remozamiento que han dejado el escenario deportivo en perfecto estado de revista, cuando de la alacena de la memoria empezó a pedir paso un 18 de julio de 1982. Lo demás fue coser y cantar. Ese día arribé yo a Ceuta, contratado como entrenador, y lo primero que hizo mi acompañante, después de que dejara mis bártulos en el hotel La Muralla, es llevarme a ver un partido de fútbol sala al polideportivo de marras.

Ni que decir tiene que era un julio caluroso, no sé si más que el actual, pero lo que sí puedo asegurar es que a las doce de la mañana de aquel año, pocos sitios había en la barriada de Zurrón donde protegerse de la que estaba cayendo. Actualmente es bien distinto, pues se ha ido construyendo alrededor de la barriada primigenia y toda la zona presenta un aspecto de manzana importante. Si bien ya no se cuenta con los extraordinarios servicios de ese animador que tanto bien hacía a los jóvenes del lugar.

Pero metido ya en faena, sigo pensando que al día siguiente de ese 18 de julio del año 82, comencé yo la pretemporada al frente de la Agrupación Deportiva Ceuta. Y descubro que el Murube está recién sembrado y que no había campo donde entrenar. Nos cedieron, con limitación de hora, el José Benoliel. Un terreno de tierra, donde si alguien se caía era baja para una semana. En aquel equipo no había ni ayudante, ni preparador físico, ni entrenador de porteros, ni nadie que pudiera distraerme a mí en los momentos de aburrimiento. Bien es cierto que yo en Ceuta nunca me aburría. Lo mejor que tuve a mi vera, en aquella pretemporada, fue a Juan Barrientos, médico del club y persona que estuvo siempre atenta a darme su apoyo y puso sus conocimientos profesionales al servicio de la plantilla. También su hermano. Las pretemporadas nunca me gustaron. Aunque reconozco que son fundamentales. Y, sobre todo, es un período de tiempo en el cual los entrenadores, si no andan cortito de caletre, adquieren un conocimiento enorme del comportamiento humano. Los futbolistas pueden pasar de tener maneras almibaradas a convertirse en sujetos de pocas luces y formas poco recomendables para el juego de conjunto.

No cabe la menor duda de que los tiempos han cambiado, pero seguro que todavía habrá jugadores que los primeros días de entrenamientos saluden a todos los compañeros y al cuerpo técnico, como si fueran la alegría de la huerta. Los mismos que serán un coñazo, pidiendo explicaciones, en cuanto no se vean en las primeras alineaciones. Del fútbol, como entrenador, lo que más me gustaba a mí eran los días de partido: porque la mejor sensación está en el banquillo. Todo lo demás, incluido los viajes, es lo que acaba con la afición de los profesionales que sólo quieren probarse a la hora de la verdad: cuando se juegan los puntos y hay que improvisar... Lo más difícil, claro está.
 

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