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OPINIÓN - DOMINGO, 4 DE JUNIO DE 2006

 

OPINIÓN / MIS COSAS

Mis cosas
 


ADE
ade
@elpueblodeceuta.com
 

Cuando sonó el despertador a las ocho de la mañana, que es la hora en que, cada día me voy a andar mi esposa a la que tú tanto apreciabas, me ha dado la noticia: Andrés, Rocío ha muerto.

Una noticia que a pesar de ser esperada todos los que te queremos, ante tu estado de salud deteriorándose a cada momento, siempre, albergamos la esperanza, que es lo último que se pierde, de que nunca fuese noticia.

Tu corazón, de paloma brava, se resistía a pararse en una lucha a brazo partido con la muerte. Una lucha en la que pusiste todos tus esfuerzos por ganar, con esas fuerzas que tienen todas las mujeres bravas, de corazón indomable, que se aferran al hilo de la esperanza, aún sabiendo que en esa lucha se tiene, siempre, las de perder.

En silencio me he puesto a andar y en ese caminar, mientras dos lágrimas rebeldes rodaban por mis mejillas, mi pensamiento ha volado años atras recordando todas las vivencias que hemos tenido juntos y que hicieron que nuestra amistad, cada día, saliera más reforzada hasta convertirse como bien díjiste, aquel día en la Hipica, en algo fraternal.

Mis pensamientos se han ido, hacia aquel día en que por vez primera te conocí junto a tu madre en el hotel La Muralla. Aquella mujer, joven aún, que te acompañaba a todas partes cuidando los más mínimos detalles, en cada una de tus actuaciones.

Estabas empezando y, aunque tu nombre tenía cierta importancia, en el mundo del espectáculo, aún no habías conseguido la consagración definitiva que te llevaría, en el tiempo, a ser la mejor, la número uno.

Y recuerdo cuando ya eras una figura consagrada y volvías a Ceuta a cantar, como hablando en el camerino, donde tantas y tantas horas nos hemos pasado contándonos cosas, algunas muy íntimas, siempre me decías que querías a Ceuta con toda el alma porque, Ceuta, había sido para ti, ese trampolín que te había lanzado a la fama.

Podíamos contar mil y una anécdota, pero sólo vamos a recordar, la noche aquella en la caseta del Rebellín cuando ye empeñastes en que te buscara un clavel.

No había forma de encontrarlo ni salir a buscarlo porque la actuación se iba a iniciar. Lo que son las cosas, cuando habiamos decidido desistir del asunto, una chica, una buena amiga, Marisol, que hace años voló al cielo, donde seguro te la vas a encontrar, tenía un clavel en sus manos, rápido te dije, pídeselo y tú me preguntastes ¿me lo dejará?. Marisol te dejó el clavel y tú le dediscastes la canción, haciéndo cantar a ellas y su amiga

Terminada la canción, mientras te aplaudían, me acerqué a darte un pañuelo, y muy bajito me dijiste “¡Andrés, cómo canta la niña esa!”.

Podríamos contar muchas más anécdotas, de las que hemos compartidos, pero sería un constante hablar de la gran cantante Rocío Jurado, de la mejor, de las más grande.

Rocío, en cada una de sus actuaciones, nunca tenía medida del tiempo. A ella le daba igual que llegado el momento le “marcase tiempo”, que quiere decir que ha cumplido lo contratado y puede poner punto final a su actuación. Marcarle tiempo a Rocío, si se encontraba a gusto, era una perdida de tiempo, no te hacía el menor caso y seguía cantando una trás otra todas las canciones del repertorio y las que no estaban en el mismo. Y si el público quería más, Rocío, se ponía a cantar fandangos a capela.

Le daba igual el tiempo que tuvíese que estar en el escenario. Ella se entregaba al público dando todo lo que tenía, sin reservarse nada. Por eso, el público siempre le ha respondido con el cariño y la admiración de quien, por su total entrega a su arte, ha sido merecedera de las mayores ovaciones.

Pero, hoy, me apetece mucho más hablar de mi amiga, Rocío Mohedano Jurado, mi particular chipionera, no como cantante sino, simple y llanamente como persona.

Porque sí como cantante siempre serás a mejor, la única, la inigualable, capaz de tocar todos los palos además de la copla española, como persona eres mucho más grande que como artísta. Y mira que como artísta eres única y ante tu arte indiscutible hay que inclinarse y decir chapó

Mujer sencilla, amable y todo corazón. Un corazón tan grande que era imposible comprender cómo te cabía e el pecho.

Rocío, seguía siendo esa chipionera, que corría por las calles de su adorada Chipiona soñando, mientras cantaba a las flores y a los pajarillos, que un día sería artísta y volvería triunfante a recorrer las calles de tu Chipiona natal, volviéndole a cantar a las flores y a los pajarillos porque, en definitiva, Rocío, jamás fue otra cosa que una andaluza de Chipiona.

Juguemos, Rocío, con el tiempo como si fuese una ola que nos trae a la orilla de la vida cuando nacemos y que nos viene a recoger devolviéndonos al mar de los sueños.

Caseta del Rebellín. Nació en Chipiona, tierra con sabor a mar y runrrun de caracolas /..... Y hasta en el cielo un lucero se ha parado / Para escuchar de cantar a ¡¡Rocío Jurado!! .
 

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