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OPINIÓN - DOMINGO, 11 DE JUNIO DE 2006

 
OPINIÓN / EDITORIAL

¡Hasta cuartos, oé, hasta cuartos, oé!

No se puede decir que la selección española no acerca el sentimiento ciudadano. La mejor prueba es la expectativa que ha despertado el conjunto que Luis Aragonés se ha llevado al Mundial de Alemania. Tras varias ediciones mordiéndose las uñas ante el televisor, después de renquear hasta la tercera eliminatoria definitiva; de la orden de búsqueda y captura ordenada por los corazones futboleros contra Tassoti; de llorar desconsoladamente por el gol fantasma frente a los brasileños en los sesenta; o de jurar que nunca compraría tecnología coreana, el aficionado español, en esta ocasión, se abraza al resto de la marea rojigualda y entona el “hasta cuartos, oé, hasta cuartos, oé” con sentimiento, con pasión, convencido de que España jugará como nunca y perderá como siempre. El corazón no está para muchos trotes. No se puede llegar al Mundial con esas ganas de comerse a los Emiratos Árabes y luego tener que pedir la hora. El aficionado español, con la ayuda de himnos, campañas televisivas y alientos varios, se emociona, se compra la camiseta y coloca una fotografía de Manolo el del Bombo encima del televisor. Y antes de darse cuenta tiene que desmontar el chiringuito porque la selección ha vuelto a caer en cuartos, en un partido injustamente perdido, ante un equipo que no ha merecido ganar en los penaltis, y que encima no le ha echado sentimiento. Así que este año,ha reflexionado, y antes de tener que darle al prozac, ha decidido tomárselo con humor. Antes de ver un partido -aunque España juegue contra Papúa Nueva Guinea- se mentaliza y recuerda con nostalgia aquel mundial de Estados Unidos, cuando España aspiraba a quedarse con el trofeo dorado. ¡Ilusos! Se toma su cerveza y hace una quiniela racional: Alemania (una selección fuerte y, encima, la anfitriona), Brasil (una apuesta segura) o Inglaterra (qué les vamos a enseñar a estos). Y respira tranquilo. Así que, lo mismo este año, la selección de la que nadie espera nada va y gana.
 

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