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OPINIÓN - JUEVES, 22 DE JUNIO DE 2006

 

OPINIÓN / EL OASIS

La peña del ladrillo
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Cualquiera que haya leído algo sobre conductas sociales de vinculación, sabrá que buscamos la compañía, la presencia, los comportamientos concretos de aquellos con quienes nos sentimos vinculados, es decir, aquellos que suscitan en nosotros emociones placenteras. Las gratificaciones eficaces varían, en parte, con la edad.

Uno, desde hace varios meses, asiste tres o cuatro días a la semana a una peña que está a punto de cumplir su primer año de existencia. La bautizaron con el nombre de la Peña del ladrillo e hicieron presidenta a Elena Sánchez, nuestra siempre recordada señora aragonesa. Los cimientos de esta tertulia pertenecen al mundo de la construcción: en ella se dan cita arquitectos, aparejadores, ingenieros técnicos, etc. Pero las puertas pronto se abrieron para quienes comprobamos que en ella se puede hablar de todo y nadie se siente coartado a la hora de expresar sus opiniones.

Lo cual no quiere decir que los contertulios repartamos amenes a discreción. En absoluto. Si hay que tocarle un aviso a alguien se le toca y si hay que sacarle de dudas se le saca y si cabe replicarle no a su discurso se hace con la mayor naturalidad. Pero siempre presidido todo por el buen ambiente y el convencimiento de que quienes frecuentamos La Tasca de Pedro -donde se asienta la peña-, pasada ya la hora vaga de mediodía y la abandonamos cuando la tarde empieza a ser adulta, no asistimos a la reunión para sonsacar pareceres que puedan ser tergiversados al contarse en sitio donde el poder asienta sus reales y desea tenor ojos y oídos, en cuantos más lugares mejor.

De no ser así, uno no hablaría, por ejemplo, de las anécdotas que ha vivido junto a Juan Vivas y otros personajes de la ciudad. O tampoco se atrevería a contar hechos que, pasado el tiempo, han perdido ya su vigencia de desencuentros y están revestidos de una pátina de humor que invita a relatarlos con su cuota de exageración, para que el personal ría a tumba abierta, si así se tercia.

En la Peña del ladrillo, por si no lo saben, solemos intercambiar cromos. En ocasiones, varios de los repetidos son canjeados por uno de mediana importancia y con ese ejercicio ponemos a funcionar el caletre con una tarea distinta a la que cada cual desempeña habitualmente. Una actividad de enorme utilidad en todos los aspectos, pero de valor incalculable en cuanto a tener un concepto claro de cómo marchan las cosas en una ciudad cada día más hermosa y donde la calidad de vida es superior a muchas otras.

No hace falta decir que las conversaciones, en estos días, priman sobre el Mundial. Y, desde luego, en este aspecto no les quepa la menor duda de que quien imparte lecciones es el menda. Aunque mis lecciones van siempre muy explicadas y acompañadas de diagramas aparecidos en servilletas que debieran ser guardadas para la posteridad. Lo digo, porque en esta tertulia tengo bula para hablar de fútbol cada vez que a mí se me antoje. Y los contertulios se han ganado mi aprecio, de manera rotunda, por el sacrificio que hacen aguantándome Cierto que, de vez en cuando, los pongo a prueba y los dejo de visitar durante varios días. Algo que sucede de muy tarde en tarde, pero que me suele confirmar lo bien que me han aceptado. Puesto que nada más reincorporarme me reciben con muestras evidentes de haberme echado de menos. En lo tocante a pagar, en la peña cada cual aporta la misma cantidad de euros; sin atenerse a lo consumido individualmente. Pronto se va a celebrar su primer aniversario. El deseo general de los peñistas es invitar al presidente de la Ciudad a una comida. Yo lo espero, impaciente, para contarle esa retahíla de desencuentros que hemos tenido. ¿Será posible?
 

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