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OPINIÓN - VIERNES, 30 DE JUNIO DE 2006

 

OPINIÓN / MIS COSAS

Mis cosas
 


ADE
ade
@elpueblodeceuta.com
 

Una de las cosas que más me gustan, en esta vida, son las anécdotas contadas por aquellos que las vivieron y que, en la mayoría de los casos, valen para alegrarte la vida. Una anécdota bien contada es una auténtica gozada.

La vida sin humor es una .... Pena me dan todos esos que van, por la vida, como decía la sabia de mí abuela, oliendo a cagajones. Tela marinera, lo de oler a cagajones, con lo mal que huelen.

Las anécdotas bien contadas ,y para contarlas bien hay que vivirlas siendo participes de ellas, te alegran la vida haciéndote pasar un rato inolvidable.

Son raras las reuniones en las que, algunos de los componentes de las mismas, no cuentan una o varias anécdotas de las que ha sido participe, para regocijo de los que les escuchan.

Servidor, que tiene la suerte de ser enormemente rico en paisajes y paisanajes, tiene mil y una anécdota que ha vivido a lo largo de toda mi vida, y no sólo del mundo del espectáculo que, de vez en cuando, suelo contar en algunas de las tertulias con mis amigos quienes, a su vez, tiran de la suyas y te cuentan la tira de anécdotas que también han vivido.

No pretendo, con ello, ser gracioso pero me encanta hacerles pasar un buen rato a mis amigos. Por lo único que no paso es porque, algunos tienen el convencimiento de porque me gusta el humor, tengo que ir, todos los días por la calle, contando chistes a todo el que me encuentre. Están en un tremendo error quienes así puedan pensar.

Esas reuniones entre amigos contando anécdotas, se vuelven amenas y divertidas que nos hacen pasar un rato de aquí te quiero ver. Lo cual evita, en la mayoría de las ocasiones, el tener que hablar de política que es de lo que todo el mundo habla en este fermoso país, aún llamado España.

Porque si hay algo que, desde la llegada de la democracia a España está más que comprobado es que, todos los españoles, pero todos incluidos los niños de chupetes, sabemos una jartá de política y ni te cuento, serrana del alma, lo que sabemos de democracia.

No hay una sola reunión, que se precie de serlo, en las que los componentes de las mismas no hablen de política encontrando soluciones a todos los problemas que se pueda plantear o que, en estos momentos, se le están planteando a España. ¡Somos la releches en bicicleta!.

Con la llegada de la democracia, todo hay que reconocerlo, en cada español hay un político con capacidad suficiente para encontrar la solución a cualquier problema, de igual forma, que con su llegada, nacieron todos esos politiquillos del tres al cuarto que sin tener ni p..idea de política encontraron su lugar, en la misma, pasando a ocupar un puestecito de mando que ni a soñar que se hubiesen echado lo podrían haber conseguido en toda su vida.

La mayoría de ellos, sobre todo en los pueblos, en el nuestro también , eran gentes analfabetas, vendedores de humo, charlatanes de esos que venden peines sin puas para que se peinen los calvos y que, encontraron, en esos pueblos sin preparación e ignorantes totales de lo que era la democracia, la semilla perfecta para conseguir su objetivo.

Y de esa forma no era de extrañar, que ese pueblo de ignorantes, democráticamente hablando, votase a quienes le hacían algún regalo, bien un paraguas o bien una sartén.

Hoy día, el personal está mejor informado, y eso de darle un voto a quienes le regalan una sartén o un paraguas está pasado de moda por lo que, naturalmente, no deja de ser una mera anécdota que al recordarla me da la risa.

Este pueblo nuestro tiene una jartá de gracia. En él hay gente con arte para dar y repartir.

Recuerdo que en un encuentro que disputaba el AT. de Ceuta, hace muchos años, un aficionado enojado con la actuación arbitral, desde el Gol que daba a los antigüos vestuarios, a voz en grito le dijo al colegiado: “Arbitro no te digo quien es tu padre para no darte una pista”. La frase, entre risas, fue ovacionado por todos los que estaban alrededor.

Pero lo mejor de todo, fue cuando el colegiado que, al parecer, le había escuchado lo dicho por el aficionado, se dirigió al gol y le saludó. Ovación al colegiado y, por supuesto, una anécdota curiosa y divertida.

Las anécdotas, se quiera o no, guste o deje de gustar que se recuerden a los autores de la misma, son divertida.

Por eso, hoy día, al recordar a aquellos que votaron, según lo que le regalaban, ha quedado en mera anécdota que nos sirve, a todos nosotros, para darnos cuenta de el gran desconocimiento que, en aquellos momentos, había de lo que era vivir en democracia y nos permite ver como el pueblo ha ido avanzando en conocimientos sobre la nueva forma de vida que nos dimos los españoles habiendo relegado, a todos aquellos politiquillos del tres al cuarto a ser, simple y llanamente, meras anécdotas que ocurrieron en nuestro pueblo a igual que en muchos pueblos de España.

Aún, hoy día, quedan algunos de esos politiquillos de medio. En nada serán anécdotas.
 

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