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OPINIÓN - FECHA DE MARZO DE 2006

 

OPINIÓN / ESPAÑA CAÑÍ

Fresas amargas
 


Nuria Van Den Berghe
nuriavandenberghe
@elpueblodeceuta.com
 

En mi anterior periódico, un diario controlado por ateos y ya se sabe que, los ateos practicantes suelen ser muy extremistas, porculeros e intransigentes ¿Qué eso no lo sabían ustedes? Bueno, ya les contaré en otra ocasión, pero a lo que iba, que en mi anterior empleo, a cambio de un mísero estipendio, yo ejercía de incómodo comodín y entre otros menesteres, cubría absolutamente todos los temas relativos a inmigración Claro, tenía que viajar y viajaba al centro de la noticia, hasta acabar aborreciendo muchas frutas, hortalizas y verduras y no porque sea una purista que me obstine en consumir los carísimos y para mi inaccesibles, alimentos ecológicos, no, es que eran demasiadas penas en las raíces de cada tomate, de cada brócoli, de cada olivo, demasiada amargura en cada fresa…

Recuerdo los campos de Huelva y me entra una especie de sentimiento de pesar profundo. Miles de inmigrantes al olor de la cosecha fragante, hombres cansados, jornaleros, mis paisanos, que paisanos míos son los campesinos, que no los moritos pijos que se mueven en Mercedes… Hombres agotados mendigando un contrato, un jornal, una esperanza. Porque les merecía la pena, aunque el alojamiento fueran unos plásticos, un cortijo abandonado o una nave sin cagadero, merecía la pena el jornal bien sudado y enviarlo a la familia por Western Union, pese a la carísima comisión, que hay mucho mamón encubierto bajo las siglas de agencias, sangrando a los inmigrantes.

Mis paisas los jornaleros, no son moros altivos y reivindicativos, ni ondean cuan estandarte su lista de agravios, son personas sencillas que no se hacen odiosas y no son marginales profesionales, sino sencillamente pobres. Me oigan, buena gente esos jornaleros que recorren España de cosecha en cosecha, sin dar por culo a nadie, sin integrismos ni hostias, sin ejercer de caricaturas étnicas, buena gente. Yo estaba allí y lo sentía, la bonhomía se palpa, estaba allí como periodista y ejerciendo de rifeña, que alguna ventaja tiene que tener el haber nacido en Nador, por más que en los controles de los aeropuertos me miren malamente y me registren a fondo, ejerciendo de rifeña y observando una realidad fluctuante : donde ayer trabajaban los moros hoy recogen la fresa lozanas polacas contratadas por los empresarios en origen.

Hay que comprenderlo, las lozanas son rubias y rosadas, con aspecto de acabar de salir de la ducha, discretas y católicas que no se pierden una misa. A mis paisas, a los mauritanos y a los negros, perdón, he querido decir “hombres de color” ¿Qué si son de color verde como los alienígenas? No, son de color negro y para ellos todos nosotros somos “los blancos” falso concepto porque, los hispanos somos entre color beige, morenos de verde luna y cetrinos, de blancos nada, monada, en fin, que a esos hombres cansados y polvorientos, les contratan o no les contratan, según les de el viento a los patrones… Dicen que son sucios, pero es que no tienen agua para lavarse, ni duchas, cocinan en infiernillos y subsisten con lo mínimo, como pueden, reuniéndose al alba en las plazas de los pueblos o en el arcén de la carretera, hasta que llega el patrón con la furgoneta “A ver ¿Tienes papeles? ¿No? Pues nada, tu si, tu no”. Dios ¿Cómo no van a amargar las fresas y los tomates si son recogidos por hombres de miradas tan desesperadas?. Para mi, después de haber visto lo que he visto, todas las fresas de nuestra España están amargas.

Y miro al colectivo islámico ceutí, que parece perpetuamente agraviado y enfadado, como si les debieran y no les pagaran, cuando lo tienen todo, les miro y no puedo menos que murmurar “¡Ay joíos!¡No sabeis la suerte que teneis!” Porque para ellos, no hay riesgo de desesperación ni de que los tomates amarguen.
 

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