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OPINIÓN - MARTES 28 DE MARZO DE 2006

 

OPINIÓN / EL OASIS

Es lo que pienso
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

 Me llama un conocido de Cádiz, que ha leído este fin de semana, es la ventaja que tiene la Internet, lo que escribí acerca de Teófila Martínez, cuando ésta vino a Ceuta para hermanarla con la capital gaditana. Tras los saludos al uso y después de ponerme al tanto del nombre de la persona que le ha facilitado el número de mi teléfono, va al grano: “¿Es verdad todo lo bueno que se dice del presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta?”.

Antes de continuar, debo decir que mi conocido, político curtido en diversos cargos, lo que se dice todo un profesional de la cosa, deja entrever un interés especial en oírme lo que pienso de Juan Vivas. Pues alguien debe haberle contado que yo, sin deberle nada, nada en absoluto, tengo un buen concepto de él. Si bien ello no me impide reconocer, y airear cuando creo que procede, que le cuesta lo indecible el tomar decisiones necesarias y con la rapidez que sería conveniente.

Uno entiende que la prudencia en la política, o en cualquier otra faceta de la vida, es de un valor incalculable. Y que las decisiones de quienes mandan han de ir revestidas de sensatez y moderación, a fin de evitar daños innecesarios. No obstante, cuando la prudencia traspasa límites y se convierte en falta de atrevimiento, más que bien lo que causa es perjuicio. Como todo exceso.

Se puede ser prudente por condición, pero jamás por prejuicios. Sobre todo en quienes ocupan cargos. Porque si los prudentes llevaran siempre razón, a buen seguro que ninguna verdad, tenida por locura, hubiera podido salir adelante en un mundo donde hay que reprobar no el sentido común, sino el deseo de que todo salga bien por arte de birlibirloque.

Juan Vivas lleva muchos años sin perder un ápice del prestigio que comenzó a fraguarse desde el primer día que entró a formar parte de la Administración Local. No sólo por su hacer profesional, sino también por su manera de comportarse. Negarle ambas cualidades a Vivas sería además de una injusticia un error que, indudablemente, repercutiría en contra de quienes no lo entendieran así.

C uestión distinta es, desde luego, que se niegue que en su caminar no haya tenido comportamientos tan absurdos como lamentables. Yo mismo podría enumerar algunos. De lo contrario, estaríamos hablando de un ser superior. Y ni siquiera Florentino Pérez, en versión Butragueño, ha podido sobrellevar tan pesada carga.

Por lo tanto, conviene aclarar que Vivas es un señor bajito, cuya simpatía, forzada o no, ha calado hondo entre unos ciudadanos que, casi mayoritariamente, han asumido que es la persona más cualificada para regir los destinos de la ciudad. Una verdad incuestionable y que tuvo su manifestación en las urnas.

Y aunque gobernar lleva consigo el lógico desgaste, en el caso que nos ocupa no se está produciendo tal circunstancia. Ya que el presidente, máxime si nos atenemos a la última encuesta del CIS, sigue siendo el político más valorado en todos los aspectos. Una situación que celebran en su partido y que permite proclamar a sus dirigentes que ello demuestra que se está gobernando como los ciudadanos desean.

Lo cual no es cierto. Aunque parezca una contradicción. Y no lo es, porque si bien al Partido Popular le basta y le sobra con el reclamo de Vivas para volver a ganar holgadamente las próximas elecciones, los ciudadanos no se pueden permitir el lujo de ver cómo un señor que goza de tan grande beneplácito, y en el que se han depositado tantas esperanzas, muchas veces se la coge con un papel de fumar.

Hay una ventaja en ser presidente: nadie te dice dónde te tienes que sentar. Lo dijo Dwight D. Eisenhower. A ver si el presidente toma nota.
 

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