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SOCIEDAD - LUNES, 08 DE MAYO DE 2006


interior de la guardería. e.p.

reportaje / centro de menores del príncipe
 

Guardería del Príncipe: una
isla en medio de la barriada

La guardería acoge a 9 menores a los que ofrece asistencia social y humana.
Una queja: el muro se ha quedado bajo
 

CEUTA
Mada M.
madamartinez@elpueblodeceuta.com

Nueve niños acoge actualmente la guardería que se ubicada en el Príncipe Alfonso, una pequeña isla en medio de la barriada. Su capacidad máxima, para diez menores, puede prestar asistencia también a dos ‘casos de urgencia’: niños que pueden llegar en medio de la noche de manos de la Policía. La realidad actual se aleja de los veinte niños y niñas (bebés entre ellos) que han llegado a residir en el centro, tutelado por la Dirección General de Menores, y dependiente a su vez de la Consejería de Presidencia. Tiempos difíciles, recuerda Araceli Espejo, directora de la guardería, que por suerte han quedado atrás. Ahora, con menor presión, los profesionales trabajan con más holgura: elaboran una ficha completa sobre cada menor que ingresa; realizan un seguimiento integral de su salud y progresos escolares (vacunas, antecedentes, etc.) y se responsabilizan de su escolarización y socialización, muy importante en los primeros años de vida. Y también ‘se encargan’ de algunos padres, a los que preparan -en cuestiones básicas- para cuando vuelvan a cuidar de sus hijos.

Un juez o la Policía puede remitir a un menor al centro por razones obvias: riesgo de exclusión social o un ambiente familiar poco adecuado para un crecimiento sano y libre. A partir de ese momento se desarrolla un protocolo sanitario y asistencial de gran calado. Una vez hecho esto, se prima la escolarización y el trabajo ‘día a día’. A las siete y media de la mañana, todos los chavales están en pie para desayunar e ir al colegio. Un vehículo común los traslada. A la hora de la comida, regresan a la guardería y realizan todo tipo de actividades supervisadas por educadores y monitores. Eventualmente se realizan salidas al exterior: una sesión de cine, el cuentacuentos o una visita al parque despejan las mentes infantiles. Algo más le cuesta despejarse a la directora, que lleva el cargo en la cabeza toda la jornada. Araceli recuerda algún caso que le “ha llegado al alma”, como cuando una madre entregó en el centro a sus hijos porque era consciente de que, con un problema de adicción a las drogas, no podía hacerse cargo de ellos. “Ves cosas impresionantes”, señala Araceli visiblemente emocionada. Las instalaciones destilan cariño y están cuidadas al detalle. En ellas se aprecia el toque humano que pone el equipo profesional de este centro de menores.

Una queja: el muro anexo

La dirección se queja de que tras la construcción de un parking anexo, se ha elevado la altura del suelo, lo que permite que la gente se asome y vea todas las instalaciones, rompiendo la privacidad e integridad de los chavales, algo que Araceli quiere preservar a toda costa. Esa es la razón por la que también las visitas de los padres se supervisan en un salón habilitado para ello. Si se percibe buen trato y receptividad por parte del menor, la presencia de los profesionales se hace de forma intermitente. “Lo esencial es el bienestar del menor”, explica Araceli, que desde hace 16 años se dedica a su atención. La recompensa viene cuando una familia de acogida se responsabiliza de uno de los chavales. “Aunque lo intentemos no podemos ser su familia”, señala la directora, “así que nos alegra cuando podemos encontrar a una de verdad”.
 


Araceli Espejo: “El centro necesita contratar más personal”

Educadores, cuidadores, monitores, personal de limpieza y de cocina componen el equipo profesional de la guardería. Pero la dirección considera que es necesario ampliar la plantilla, para atender cualquier emergencia con deshago. Nunca hay menos de dos personas al cargo de los menores, pero la indisposición de uno de ellos implicaría una salida al exterior. Ese es el punto que preocupa a Araceli, que demanda la contratación de cuidadores y monitores, para no dejar a una sola persona al cargo. Anteriormente, un sereno colaboraba por las noches con el personal del centro, pero, desde que falleció, echan en falta su apoyo. Además, sólo disponen de vehículo comunitario por las mañanas, así que todas las salidas imprevistas que se produzcan después, se realizan en taxi. “El centro necesita contratar a más persona”, indica Araceli.
 

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